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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Artículos

martes, 8 de enero de 2013

Articulo Jorge Ortega. Revista Atenea. 19/11/12

Jorge Ortega
General de División (R) y actualmente dirige el Área Editorial del Grupo ATENEA


Antes de que me caiga el chaparrón de críticas que posiblemente este artículo encienda, debo empezar señalando que el lector que me haya seguido hace un tiempo, ya sabe que he sido, y continúo siéndolo, muy crítico con esa parte de la Ley de Carrera Militar que ha variado la enseñanza militar superior de formación, introduciendo la necesidad de cursar, simultáneamente con la formación militar, una titulación superior civil. Lo expresé en los primeros momentos de la Ley en las páginas de ATENEA y sigo pensando que carece de sentido ligar la necesidad de disponer de un título civil a quien lo que desea es convertirse en oficial de los ejércitos de España. Siempre vislumbré, detrás de esa normativa, un cierto desprecio civil hacia los estudios militares, una incomprensible forma de desacreditar la anterior categoría del despacho de teniente o alférez de navío, de tal forma que parecía precisarse el marchamo de un título civil para que la titulación del oficial se situara en un nivel en el que, o así lo creo yo, ya por sí misma se encontraba.

Por otra parte, razonaba entonces, y sigo en mis trece, que la titulación civil obtenida no tendría valor alguno si, pasados los años, el referido oficial pretendiera apoyarse en ella para lograr un trabajo en el mundo civil. Posiblemente tenga, para la empresa civil, mucho más valor la experiencia adquirida en años de mando en unidades y en misiones en el exterior, que la presentación de un viejo título del que nunca se ha ejercido una práctica laboral.

Hecha esta aclaración, es preciso situarse ante una realidad legislativa que, además, no tiene ningún viso de que el actual Gobierno desee alterar. Así que "dura lex, sed lex". Y si alguien debe ser fiel a las leyes ese debe ser el militar. Y es, en esta situación legal, en la que los profesores de los distintos centros de enseñanza superior militar y los responsables máximos de dicha enseñanza en cada ejército, y en el propio Ministerio, están debiendo aplicar una legislación que, muy probablemente, tampoco a muchos de ellos les agrada, y están haciendo de la necesidad, virtud. He tenido la suerte, desde la puesta en marcha del nuevo sistema, de visitar, en diversas ocasiones, academias militares, especialmente la Academia General Militar de Zaragoza, y he tenido varios contactos con dichos profesores y responsables, encontrando siempre en ellos, una extraordinaria disposición para aprovechar cuantos resquicios deja abiertos la ley, para que el producto final a obtener, es decir, el oficial, mantenga con la mayor fidelidad posible, el estilo que nos ha ganado el respeto de los compañeros de armas extranjeros en nuestras misiones en el exterior y que forma parte del prestigio que los ejércitos tienen hoy a los ojos de nuestros compatriotas.

Y, por si tenía alguna duda de ello, he tenido ocasión recientemente, con motivo de la celebración de las bodas de oro de la Jura de Bandera de mi promoción (la XXI de la 3ª época de la AGM), de tener largas charlas con los caballeros y damas cadetes de la LXXI, que ya están viviendo en sus carnes el nuevo sistema. Y tengo que decir, con enorme satisfacción, que no he encontrado diferencias notables en su forma de pensar, de expresarse y de hablar del oficio, con la que, salvados los tiempos y las diferencias que conllevan, anidaba en nosotros hace cincuenta años. Por supuesto me han hablado con amargura de las largas horas de estudio que deben dedicar a la ingeniería, de las asignaturas que les quedan pendientes de cursos anteriores y que amenazan sus futuras estrellas, pero también he podido leer entre líneas en sus conversaciones (uno ya es muy viejo y distingue la ficticio de lo real) la ilusión por la primera estrella, su interés por todo lo relacionado con la milicia, sus ganas de terminar los estudios e incorporarse a ejercer su oficio (desde luego oficio de militar, que no de ingeniero) en Afganistán o en Líbano a pesar de todos los riesgos, los deseos de mandar sus propios hombres,. Vaya, lo mismo que pensábamos los de la XXI cuando teníamos su edad y condición.

Y ese estilo es, sin duda, fruto de la labor diaria de esos profesores que, desde dentro de un sistema que, como he señalado, tampoco agrada a muchos de ellos, están haciendo el máximo esfuerzo para que nuestros futuros oficiales mantengan el alto nivel que, hoy por hoy, tienen nuestros ejércitos en cuanto se refiere a espíritu militar, disciplina, subordinación, espíritu de sacrificio y de servicio a España. Tal vez, acaben los estudios y en su formación militar haya algunos "huecos" que quizás nosotros no teníamos. De todas formas, los viejos soldados sabemos que una buena parte de lo que hemos necesitado saber para desarrollar nuestro oficio lo aprendimos de nuestros primeros capitanes, de los tenientes antiguos y de nuestros buenos viejos suboficiales. También nosotros teníamos nuestros "huecos". A ellos les tocará eso mismo, posiblemente corregido y aumentado, pero en milicia es mucho más importante ese estilo que la Academia nos dio y que, aceptando que pueda estar equivocado, he creído detectar en los caballeros y damas cadetes de la LXXI. Por ello, enhorabuena a los futuros tenientes y "chapeau" a sus profesores. Seguramente, también ellos necesitan apoyarse, de vez en cuando, en aquello de "cuando el corazón en íntima rebeldía pugna por rebelarse contra lo que se nos manda".

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