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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Artículos

sábado, 27 de septiembre de 2014

Reflexiones y Debates sobre Violencia Organizada y Economía

Federico Aznar Fernández-Montesinos
Analista del IEEE


Artículo cedido por:


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Resumen:

Mucho se ha hablado de la naturaleza e implicaciones económicas de las guerras que son presentadas como una forma de comercio sangriento. Pero la violencia con no ser según se afirma inútil tampoco resulta plenamente racional, lo que hace que los conflictos sin dejar de tener razones económicas no obedezcan exclusivamente a ellas.

Palabras clave:

Guerra, economía, violencia, marxismo, capitalismo.

Escribía Shakespeare: “No hay peligro de que me brote del corazón una plegaria para desear la paz. Algunos dirían si me oyeran, tú ruegas por tú oficio, como la mujer del matarife aquél rogaba al cielo para que se incrementaran las ocupaciones de su marido. Y bien ¿Quién hay en este mundo que no desee por encima de todo su propio beneficio? Los pleitos dan vida a los abogados, las enfermedades a los médicos, ¿Y cuál es el médico, cual el abogado, que quiera ver sanos a todos los hombres, en paz a todas las familias? Si no hubiera guerra no habría comisarios de guerra, ¿Y quién, pudiendo acumular cien mil ducados en cuatro o cinco años de guerra, desearía la paz por caridad con sus prójimo? Claman contra la guerra quienes ven desolados sus campos, no los que venden a alto precio su trigo y su vino para abastecer al Ejército. Se lamentan de la guerra los mercaderes que sufren el daño del comercio interrumpido; no los que se sirven de la milicia y ganan sobre su género o sobre su dinero el 20 o el 30 por ciento. Lloran por la guerra las familias que tienen la desgracia de perder a un padre, a un hijo, a un pariente; no las que les ven regresar ricos de gloria y cargados de botín; se lamentan de la guerras a veces los soldados , e incluso los oficiales, cuando les falta lo más necesario; pero no se lamenta un comisario como yo, que nada en la abundancia que se lucra con las ventas y las provisiones, y que en el crisol de su cabeza, funde para su bolsillo el oro y la plata de un Ejército entero”.1


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