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Seguridad Industrial y Prevención de Riesgos Laborales.

 

Revista de Prensa: Artículos

viernes, 19 de diciembre de 2014

“Evaluación de riesgos emocional”

Martin Silva
Gerente de Konturatu S.L.


Considero que uno de los grandes errores de la evaluación de riesgos es no tener en cuenta que para cada persona es variable porque depende de su percepción , y esta es pura emoción.

Durante mucho tiempo he creído que los riesgos se evaluaban mediante métodos que hacían que la valoración se convirtiese en algo bastante consistente y confiable. No totalmente objetivo, ya que siempre hay elementos que hacen que la elección del nivel de los parámetros de valoración utilizados, algo en cierta medida subjetivo. Ya sea el mayor o menor daño que pueda darse, o cualquier otro parámetro. Al final hemos de trasladar la situación concreta y específica de riesgo, a una escala de valoración que no puede tener en cuenta todos los matices.

También he creído que la evaluación de riesgos debe ser algo vivo, que va cambiando según se van tomando medidas de control, según se van modificando los procesos, etc. Por eso se ha de revisar y actualizar periódicamente.

Lo que nunca me había planteado es que la evaluación de riesgos varía a una velocidad de vértigo, tanto como cambian las personas. Me he dado cuenta que es un error considerar la evaluación de riesgos como una serie de factores externos a las personas, ya que son las personas las que en cada momento la modifican. Si fuese un factor externo, ¿qué sencillo sería? . Con eliminar, reducir y controlar estos factores, ya estaríamos seguros y saludables.

Sin embargo la experiencia me está demostrando que es la valoración de los riesgos, lo que las personas modifican con rapidez, fundamentalmente según su estado. Es un error pensar que solo existe una valoración de los riesgos y que esta responde a métodos supuestamente objetivos. La valoración de los riesgos responde más a “las tripas” que a la “lógica”. La valoración de los riesgos “en cada momento”, responde a la percepción. Y esta es absolutamente personal y cambiante.

La línea que separa los riesgos que una persona asume o no en un momento determinado, no es fija, y como digo no obedece a parámetros técnicos, sino a pura percepción. Esta línea se mueve, y puede hacerlo con una rapidez difícil de seguir y de controlar. Se mueve según el estado emocional. Y el estado emocional puede cambiar en cuestión de segundos. En cualquier caso, suele ser bastante cambiante.

En según que estado, interno, emocional ó de ánimo, como lo queráis llamar, y casi de forma inconsciente, es bastante normal que una persona asuma más riesgos , que en otro estado, y esto pueda ser perjudicial , en un contexto de trabajo, para su seguridad y salud. Por ejemplo estados de frustración, preocupación, estrés, miedo, impotencia, desmotivación, desinterés, enfado, enojo, prisa, presión, euforia, fatiga, etc.

Este movimiento que tiene la percepción y por tanto valoración de los riesgos, es algo que nos ocurre a los seres humanos, con nuestras humanos comportamientos incongruentes y su carga emocional. No creo que se escape nadie, a no ser que sea una persona que ha aprendido a gestionar eficazmente sus emociones, y ha controlar el impacto que tienen sobre su percepción.

He llegado a la conclusión que siendo tan variable la percepción que cada uno tiene de los riesgos a los que se enfrenta cada día, y no dependiendo tanto de lo que diga la evaluación de riesgos, lo que se necesita ante todo es conocer y aprender a gestionar nuestra propia percepción de los riesgos, que es la que está operando las 24 horas, y la llevamos “puesta”.

Como dijo alguien “ no es lo que pasa a tu alrededor, es como tú te lo tomas”. Y como tú te lo tomas afecta a tu línea mágica de la percepción.

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