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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

Revista de Prensa: Artículos

miércoles, 21 de enero de 2015

La gestión del riesgo puede evitar las crisis

Kate Lander
Directora de Educación de CFA Institute, EE.UU.


Recientemente, el diario online The Huffington Post publicó: "En los últimos 15 años, en casi todas las grandes crisis encontramos una ausencia significativa de controles internos, de valores corporativos y de falta de liderazgo. Con frecuencia, la magnitud de la crisis -e incluso la propia crisis– hubiera sido evitable si los valores corporativos hubieran fomentado un enfoque proactivo de la crisis y de la gestión de riesgos".

El artículo del Huffington Post apunta a una serie de crisis recientes, como el estallido de la burbuja tecnológica en el inicio del 2000 y la posterior crisis financiera que amenazó al sistema bancario mundial en 2008. Se argumenta que las empresas podrían haber evitado la crisis mediante el control de riesgos dentro de sus propias organizaciones. Pero, ¿qué es exactamente el "riesgo" y cómo puede gestionarse?

El Programa del Certificado de Inversiones Claritas® de CFA Institute tiene la misión de aclarar y desmitificar el lenguaje de la industria de la inversión para los no especialistas, facilitando que las noticias financieras sean accesibles para todos. Así que vamos a utilizar algunos de los materiales de Claritas para entender en profundidad el concepto de riesgo y como las organizaciones pueden tratar de gestionar los distintos tipos de riesgo existentes.

Comencemos destacando que un cierto grado de riesgo es inevitable en todos los aspectos de la actividad humana. El riesgo es parte de la vida diaria, y a menudo actuamos como un gestor de riesgos. Antes de cruzar una carretera muy transitada, por ejemplo, primero se evalúa si es seguro hacerlo. Del mismo modo, si usted lleva a un niño a la piscina, se asegura de ponerle los flotadores antes de que se meta en el agua, y no le deja nunca desatendido. Así que en el curso de su vida usted está familiarizado con la identificación de riesgos, su evaluación y la selección de la respuesta adecuada. Este es el planteamiento básico que subyace en la gestión del riesgo, ya sea en casa o en el lugar de trabajo.

Para las organizaciones, el riesgo puede adoptar muchas formas diferentes. A continuación se presentan algunos ejemplos:

  • Riesgo de negocio: el riesgo de no ser capaz de operar de manera rentable en un entorno competitivo determinado, por lo general debido a un cambio en las condiciones del mercado.
  • Riesgo de crédito: el riesgo para un prestamista de que un prestatario incumpla el contrato y deje de pagar oportunamente los intereses y el principal del préstamo.
  • Riesgo operacional: el riesgo de pérdidas por fallos humanos, de sistema o de proceso, o por eventos que están fuera del control de la organización, pero que no obstante afectan a sus operaciones. Ejemplos típicos son los errores humanos, el fraude interno, mal funcionamiento del sistema, fallos tecnológicos y disputas contractuales.
  • Riesgo legal: el riesgo de que un tercero pueda presentar una demanda por incumplimiento de contrato, u otras irregularidades legales.
  • Riesgo político: esto es inherente a todos los mercados. Un cambio en el partido político en el poder de un país puede dar lugar a cambios en las políticas que puedan afectar a los impuestos, los tipos de interés, los incentivos a la inversión, las inversiones públicas y las tomas de participación privadas.

Entonces, ¿cómo deben las organizaciones hacer frente a los riesgos? No se pueden evitar, pero se pueden gestionar. Por ello es importante que las organizaciones desarrollen un proceso estructurado que ayude a reconocer y prepararse para manejar una amplia gama de riesgos. Este proceso se llama “el proceso de gestión de riesgos”.

Un proceso típico de gestión de riesgos estructurado podría incluir cinco pasos:

1. Establecer objetivos: por ejemplo, la identificación de la tolerancia al riesgo de la organización. Tolerancia al riesgo es el nivel de riesgo que la organización es capaz y está dispuesto a asumir. Su voluntad de asumir riesgos, que también se llama su apetito por el riesgo, depende de su actitud hacia el riesgo y de su cultura de riesgo.

2. Detectar e identificar eventos: el objetivo de la gestión del riesgo es tratar de registrar toda la gama de riesgos, incluyendo los ocultos o no detectados.

3. Evaluar y priorizar los riesgos: típicamente se consideran dos elementos, la frecuencia esperada del evento y la gravedad esperada de sus consecuencias.

4. Seleccionar una respuesta al riesgo: la formulación de respuestas para hacer frente a los riesgos identificados en el paso anterior. Para cada riesgo, los gestores deben seleccionar la respuesta apropiada y desarrollar acciones para alinear el perfil de riesgo de la empresa con su tolerancia al riesgo.

5. Control y Monitorización: las políticas y los procedimientos proporcionan un marco de actuación que ayuda a asegurar que las respuestas al riesgo se llevan a cabo con eficacia y se ejerce un control o monitorización de las mismas. La información pertinente debe ser identificada, registrada y comunicada de forma precisa para que las personas afectadas puedan cumplir con sus responsabilidades.

Aunque la gestión de riesgos a veces se considera como una función especializada, un proceso de gestión de riesgos bien establecido debe abarcar a toda la organización y filtrarse de arriba abajo, desde la alta dirección hacia todos los empleados, dándoles consignas para el desempeño de sus funciones.

Todos nosotros nos enfrentamos diariamente a riesgos en nuestro trabajo, ya sea de forma consciente o no. El proceso de gestión de riesgos nos ayuda a lidiar con la incertidumbre y a identificar los riesgos y oportunidades a los que se enfrenta la organización. Esto es fundamental para la protección de la reputación y el mantenimiento de la confianza entre los participantes del mercado. Un solo individuo puede dañar la reputación de una institución grande e incluso hacerla desaparecer.

Los mercados son cada vez más interdependientes, y los medios de comunicación e Internet y las redes sociales pueden difundir la noticia de un error o desastre a lo largo de todo el mundo en cuestión de minutos. Las reputaciones tardan años en construirse, pero pueden perderse en un instante.

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