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Revista de Prensa: Artículos

sábado, 21 de noviembre de 2015

La propaganda del DAESH también es cosa de mujeres. De Umm Sumayyah Al-Muhajirah en Dabiq al manifiesto de la brigada Al-Khansaa en internet

Olga Torres Díaz
Graduada Estudios Árabes e Islámicos. Especialista Análisis Terrorismo Yihadista, Insurgencia, Movimientos Radicales


 

 

Artículo cedido por:


 

RESUMEN

El análisis de la participación de la mujer en la elaboración y difusión del constructo ideológico del Daesh que pretende este trabajo parte de la diferenciación entre herramientas oficiales y oficiosas para, a continuación, examinar los artículos de Umm Sumayyah al-Muhajirah en el órgano de propaganda y comunicación oficial, la revista Dabiq, el semioficial Manifiesto de la Brigada al-Khansaa y, finalmente, las manifestaciones a través de las redes sociales emitidas tanto desde el interior como desde el interior del territorio ocupado.

INTRODUCCIÓN

El aparato propagandístico del Daesh1 inició su andadura de forma casi simultánea a la proclamación del califato en junio de 2014, a través de diferentes medios y soportes, con unos resultados en apariencia más exitosos que los obtenidos hasta entonces por otros grupos ideológicamente similares. Desde el principio, su estrategia se ha dirigido no sólo al consumo interno sino, y fundamentalmente, a alcanzar al público occidental apelando para ello a unos recursos técnicos y estilísticos muy elaborados en cualquiera de sus formatos. Al-Hayat Media Center2, por ejemplo, establecida en mayo de 2014 según el MEMRI3, aglutina algunas de las lujosas herramientas mediáticas en línea de la organización. Bajo su marca engloba la producción de vídeos, la distribución de artículos, informes y material yihadista traducidos a diversas lenguas y la edición de la revista oficial Dabiq, que se publica en inglés y se configura como el altavoz autorizado de su doctrina y propaganda ideológica. Esta revista, la de más largo recorrido –su primer número se publicó en julio de 2014– y a la que se acude en Occidente para analizar la evolución del grupo, no es sin embargo la única; siguiendo su estela, han ido apareciendo otras en diversas lenguas. A fecha de redacción de este artículo (octubre de 2015) Dar al-Islam, en francés, ha alcanzado ya 6 números; Istok, en ruso, empezó a publicarse el pasado mayo y lleva 2, y Konstantiniyye, en turco, apareció en junio y ha difundido 3. Todas ellas tienen en principio en Inspire, la revista en línea de Al-Qaeda, su precedente y modelo más inmediato desde el punto de vista formal y de presentación de sus contenidos, aunque con llamativas diferencias en sus formulaciones y planteamientos ideológicos.

El conglomerado mediático del Daesh está destinado a multiplicar la propaganda de la organización a través de la reiteración de su sesgada y supuesta ortodoxia islámica, la exaltación de sus logros, la amplificación de sus acciones –tanto más publicitadas cuanto más escandalosas puedan resultar en Occidente–, la diseminación del constructo mítico de la utópica vida en el califato y el efecto de llamada que el conjunto de todo ello pueda ejercer en potenciales interesados en unirse a sus filas desde el exterior. Todo lo publicado por Al-Hayat Media Center, originado inicial y oficialmente dentro de la organización, es replicado y propagado posteriormente, de nuevo a través de la red, mediante una multitud de adeptos o simpatizantes que utiliza sus cuentas de Facebook, Twitter, Instagram, YouTube o Ask.fm de forma incontrolable tanto por su volumen como por la rapidez con que se reproduce. El hecho de que cualquiera de estas plataformas bloquee esas cuentas supone solamente un obstáculo efímero, ya que de manera casi instantánea se crean otras por parte de los mismos individuos u otros.

Una de las señas de identidad de la organización desde su irrupción en el panorama internacional de los grupos yihadistas e insurgentes ha sido el uso intensivo de la necropolítica, una acuñación del filósofo camerunés Mbembe4 que ha sido aplicada por diversos analistas al empleo de esta herramienta por parte del Daesh. Garduño5 por ejemplo, la recupera al definirla como "un tipo de relaciones internacionales gore donde, siguiendo a Mbembe, la necropolítica sería el uso de la muerte o la amenaza de muerte, gráfica y explícita, para mantener o aumentar un poder multidimensional y repartido entre actores institucionalizados y aquellos que no lo son". Soyinka-Airewele6 la ha identificado también en Nigeria –donde está activo Boko Haram–, un escenario distante aunque con no pocas similitudes, al referirse a otra de las dimensiones en las que opera y que es perfectamente trasladable al Daesh: "asienta su poder y la base de sus recursos utilizando formas legalistas, religiosas u otras constitutivas de la autoridad para definir y afianzar la base económica de los espacios que controla". El establecimiento de dicha seña de identidad, reconocible y brutal, no hubiera sido posible sin la contribución del eficaz aparato mediático de la organización, que hizo de su difusión una de sus temáticas fundamentales. Pese a configurarse como una de sus marcas específicas, esta propaganda intensiva de la brutalidad para consumo y provocación occidental parece haberse atenuado un tanto a la vez que viraba hacia el mercado interno, dirigiéndose ahora prioritariamente a intimidar a la población y desincentivar cualquier disensión y rebeldía; o en ese sentido parecen apuntar al menos las conclusiones de Winter7, de la Quilliam Foundation. No ha ocurrido así, sino antes al contrario, en cuanto al otro eje temático básico de la propaganda del grupo: la difusión de la utopía califal y la específica narrativa mítica de la vida cotidiana de pureza islámica en el seno del Daesh, a cuyo apuntalamiento ideológico colaboran individuos de muy distintos perfiles de manera continua.

Toda revolución o proto-Estado precisa en los estadios iniciales de su establecimiento de tres figuras fundamentales que no han de corresponderse necesariamente con individuos únicos o concretos: el ideólogo, el caudillo y el bardo. Es decir, la elaboración teórica –con bases que han de ser reconocibles por sus destinatarios–, la expansión territorial y política del corpus doctrinal y el afianzamiento del mismo a través de la divulgación hiperbólica de su narrativa, logros y beneficios para atraer nuevos adeptos para su sostén.

A esto último se consagran los medios de propaganda del Daesh de la mano de los nuevos bardos del siglo XXI, que trabajan con una herramienta de la que obtienen un llamativo rendimiento: Internet. Y en ese esfuerzo mediático han empezado a colaborar también, de forma progresivamente notoria, algunas mujeres.

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Fuente: Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE)
Fecha: 09/11/15

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