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Seguridad Industrial y Prevención de Riesgos Laborales.

 

Revista de Prensa: Artículos

jueves, 3 de marzo de 2016

¿La formación y la comunicación en PRL son una técnica?

Jaime Llacuna
Investigador SABENTIS


¿Podemos aprender a modificar actitudes y conductas hacia la “seguridad” integral?

Una de las primeras necesidades de un "blog" es hallar un título que, inicialmente, diga algo para el propio autor. Parece una incongruencia y deberíamos considerar el título el portal capaz de atraer al receptor. Y así es en pura mecánica publicitaria. Pero me parece que el título, como el  nombre propio de una persona es, ante todo, una referencia individual que te relaciona contigo mismo y evita que dejes de ser tú en todo momento, es la señal de identidad: el “sello”. Más si el "blog" que iniciamos tiene un objetivo claramente "personal", es decir: que afecta directamente a la persona y que pretende que cada uno de nosotros tomemos consideraciones que posibiliten, aunque sea lejanamente, un cambio en nuestras conductas. Es claramente pretencioso pero la pedagogía es pretenciosa en ella misma al intentar que los receptores/alumnos descubran algo y modifiquen su forma de pensar o de actuar.

En una palabra, tal vez muy desprestigiada, la pedagogía tiene un componente manipulador. Pero... ha de indicarse inmediatamente que tal manipulación debe considerarse como el deseo por parte de todos de penetrar en la realidad de manera que nos cambie a todos (no lo unos a los otros, esto ya fue explicado claramente por Paulo Freire al decir que la formación es siempre la modificación de todos los que intervenimos en ella).

Giordano Bruno fue un filósofo, pedagogo, descubridor de métodos docentes que siguen hoy en la más pura práctica, teólogo, poeta, etc. Es decir el íntegro intelectual renacentista. Lo que le llevó, como a otros, a ser sospechoso de herejía (además él era sacerdote dominico), y le llevó afrentosamente a morir en la hoguera acusado por la Inquisición. Fue quemado en el Campo de Fiori de Roma un 17 de febrero (Nola, Nápoles 1548, Roma 1600). Particularmente, siempre me ha parecido la muerte de Giordano Bruno un verdadero asesinato con la clara intención de callar el progreso, la ciencia, el deseo de mejora del ser humano, la tolerancia y la creencia de que el saber y la vida se aprenden sin prisa pero sin pausa a lo largo de toda la vida.

Los Treinta Sellos del nolano van abriéndose paulatinamente hasta llegar al Sello de los Sellos que es el saber en sí mismo, la cultura, el “gozo de vivir”, el “cuidado” de uno mismo (ya entramos en materia preventiva), la modificación de la conducta y, es curiosa la anticipación, la atención a las emociones como fuente de la propia actuación (a veces parece que leamos a Damasio y sus teorías actuales sobre el mundo de las emociones, actitudes y motivaciones cuando releemos a Giornano Bruno en sus escritos de hace más de cuatrocientos años).

Y… lo más curioso es que Giordano Bruno nos ofrece la posibilidad de aprender, y con ello de modificar nuestra forma de vida hacia una actuación menos “patológica” en todos los sentidos, a través de una serie de técnicas pedagógicas (entre las que destaca la mejora de la memoria para no caer siempre en los mimos errores). Quienes hemos dedicado nuestra vida profesional a la formación y comunicación en materia de PRL hemos repetido hasta la saciedad que formar es, fundamentalmente, el uso de unas técnicas concretas para la adquisición de destrezas, actitudes, conocimientos, etc. que deben llevarnos a vivir más plenamente. Es cierto que nos han hecho poco caso y que a la PRL le sigue faltando, en el campo formativo/comunicativo, el conjunto de técnicas que nos lleven, definitivamente, al cambio permanente de nuestras conductas (cultura y si queremos matizar cultura de prevención). La formación ha sido considerada una materia poco técnica, por utilizar una palabra clara pero poco oportuna, algo así como aquello de lo que se habla continuamente pero que nadie se atreve a hincarle el diente en serio buscando los métodos operativos que lleguen a objetivos concretos.

Y aquí llegamos al subtítulo del “blog”. La realidad y el deseo. Todos conocemos la obra así denominada de Luís Cernuda (Sevilla 1902, Ciudad de Méjico 1963). Creo que pocos títulos, en este caso de un libro de poesía, pueden reflejar más claramente lo que deseamos decir: la realidad, la cruel realidad en la que solemos estar inmersos, con sus problemas, sus accidentes, sus enfermedades, los desequilibrios psicopatológicos de la cotidianidad (no nos pongamos tremendistas del todo y aceptemos también la parte positiva del vivir, faltaría más) y el deseo, el esperado deseo que va a solucionar toda nuestra existencia. Me parece que era Julián Marías quien decía que la felicidad es la “espera” de la felicidad. De la misma manera que el trabajo es el deseo de un trabajo bien realizado, motivador, seguro, rentable y transformador.

Y ya tenemos los dos títulos. Ya tengo los dos títulos. Los que deben orientarme hacia lo que pretendo decir en el “blog” periódicamente para, con la más simple de las humildades, aportar las ideas de cuarenta años de formador. El objetivo sigue siendo el mismo de todos estos años: asegurar que existen técnicas concretas para aprender y modificar conductas (en este caso hacia la conducta “segura”) y, por otro lado, que la formación operativa puede ser un deseo de todos nosotros: aprender a aprender.

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