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Revista de Prensa: Artículos

lunes, 11 de abril de 2016

Los nuevos yihadistas: antes radicales y criminales que religiosos

Fareed Zakaria
Analista en temas de política internacional. Tiene su propio programa en la CNN y trabaja como editor de la revista TIME


 

Foto: Militantes del Estado Islámico en una captura de pantalla de un video de propaganda
Militantes del Estado Islámico en una captura de pantalla de un video de propaganda

Los atentados de Bruselas, que suceden a los de París y San Bernardino, han avivado un debate ya muy caliente sobre el terrorismo islámico en EEUU. Muchos en Occidente, incluyendo a los dos favoritos republicanos, Donald Trump y Ted Cruz, llaman a una campaña dirigida más directamente contra las comunidades musulmanas, en busca de aquellos que puedan ser proclives al extremismo religioso y por tanto al terrorismo.

Pero los últimos atentados en Europa han sido perpetrados por una nueva generación de terroristas que están cambiando radicalmente nuestra comprensión previa de lo que les motiva y cómo encontrarles y detenerles. Por decirlo de forma simple, los terroristas de hoy no son extremistas religiosos que se convierten en radicales sino más bien radicales que se convierten en extremistas religiosos. La diferencia es crucial.

Veamos los dos hermanos que planearon y ejecutarlos los atentados de Bruselas, Ibrahim y Khalid El Bakraoui. Nacidos en una familia inmigrante de clase trabajadora (de Marruecos), no eran particularmente religiosos y muy pronto eligieron una vida criminal. En la veintena, los dos habían participado en robos de coches y asaltos armados. Ibrahim fue sentenciado a nueve años de cárcel por intento de asesinato; su hermano, a cinco años por robo a mano armada. Y entonces, al parecer, en la cárcel o después, empezó su viaje a la yihad.

Su historia es sorprendentemente similar a la de muchos de los demás terroristas de Bélgica y Francia. Pocos eran musulmanes devotos. Abdelhamid Abaaoud, el jefe de la célula de los atentados de París, tomaba drogas y bebía alcohol regularmente, igual que muchos de sus compañeros de armas. En agosto de 2014, la revista “New Statesman” informó sobre dos yihadistas británicos, ambos de 22 años, que, antes de salir de Birmingham camino de Siria, compraron ejemplares de “Islam para Dummies” y “El Corán para Dummies”.

Un estudio especialmente riguroso del académico Rik Coolsaet para el Instituto Egmont de Bélgica intenta encontrar sentido a esta nueva oleada de yihadistas, y los diferencia de los anteriores, como aquellos que se unieron a Al Qaeda antes del 11-S. La edad media de un yihadista europeo entre 2001 y 2009 era de 27 años. Hoy está cerca a los 20. Entonces llevaba años de adoctrinamiento religioso convertir a la gente en yihadistas. Hoy, la decisión de unirse al Estado Islámico es a menudo repentina e impulsiva.

Las cámaras de seguridad del aeropuerto de Zaventem muestran a los responsables del atentado del 22 de marzo de 2016 (Reuters)
Las cámaras de seguridad del aeropuerto de Zaventem muestran a los responsables del atentado
del 22 de marzo de 2016

Desempleados, inadaptados, rebeldes

Consideremos una diferencia reveladora: Al Qaeda y sus fatuas envueltas de seda, con argumentos detallados y demandas político-religiosas. ¿Cuáles son las demandas detrás de los atentados de París y Bruselas? Escribiendo sobre estos jóvenes yihadistas franceses, el gran estudioso francés del islam, Olivier Roy, señala que casi ninguno tiene un pasado en activismo político (digamos, a favor de Palestina), islam fundamentalista o conservadurismo social. “Su radicalización se edifica alrededor de la fantasía del heroísmo, la violencia y la muerte, no de la 'sharía' y la utopía”, escribe. El Estado Islámico es la banda criminal definitiva, que celebra la violencia porque sí.

Estos jóvenes hombres -y algunas mujeres- son a menudo europeos de segunda generación. De hecho, Roy señala que muchas veces se están rebelando contra unos padres más tradicionales y devotos. Esta gente está insegura acerca de su identidad, sin raíces ni en el viejo país ni en el nuevo. Se enfrentan a discriminación y exclusión. Y en este contexto, eligen una vida de rebelión, crimen y, entonces, la aventura prohibida definitiva, la yihad.

Estas circunstancias explicarían por qué los musulmanes belgas suponen una parte desproporcionada de los voluntarios del Estado Islámico, lo de que otro modo es un enigma. El estudio de Egmont indica que la brecha en educación y desempleo entre nativos e inmigrantes es mayor en Bélgica que en ninguna otra parte de Europa. El 15% de belgas nativos viven bajo el umbral de la pobreza, comparado con un impactante 50% de belgas de origen marroquí. Además, Bélgica tiene un expediente de asimilación especialmente pobre, porque tiene su propia crisis de identidad, dividida entre dos culturas, flamenca y valona.

¿Por qué son tan importantes estos hallazgos? Porque pintan un panorama de un nuevo tipo de terrorista, arrastrado al terrorismo no tanto a través de la religión sino como alguien que ha elegido ese camino como el acto final de rebelión contra el mundo moderno, y que así encuentra una ideología que pueda justificar sus deseos. El islam radical proporciona esta ideología a medida, fácilmente disponible a través de internet y las redes sociales. Pero es el final de la cadena, no el principio.

Esto aún significa que los musulmanes tienen que luchar y erradicar el cáncer en su seno que es el islam radical. Pero sugiere que para los servicios de seguridad occidentales, poner micros en las mezquitas, patrullar los centros comunitarios musulmanes e incluso luchar contra los fundamentalistas musulmanes podría ser mirar en la dirección incorrecta, si el objetivo es encontrar terroristas. Esta gente podría en su lugar estar en bares, callejones de la droga, filas de desempleados y cárceles, radicalizándose antes de islamizarse.

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Fuente: El Confidencial
Fecha: 01/04/16

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