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Revista de Prensa: Artículos

jueves, 1 de diciembre de 2016

Liderazgo controlador

Raúl Castro
RRHH, Desarrollo de Talento, Reclutamiento, Consultor, Profesor Escuelas de Negocios, Autor Libros Management


Salía publicada estos días una noticia sobre la posible delantera que le esté tomando Microsoft a Apple con motivo de algunos nuevos modelos que la primera ha sacado al mercado.

Ya hace bastante tiempo que se viene hablando de que la casa de la manzana ha dejado de ser puntera, innovadora, al menos como lo ha sido hasta ahora. Los últimos 4 años, casi coincidiendo con la desaparición de su líder impulsor, Steve Jobs, no se ha dado al mercado una señal de hacer algo alocadamente distinto, radicalmente diferente, como pudimos ver con los sucesivos nacimientos de las gamas iphone, ipod, ipad, Apple tv, etc…

Desaparece el líder, desaparece la motivación

¿No será que cuando los liderazgos son tan marcados pasa que con la desaparición del jefe desaparece la “motivación”? ¿No será que este tipo de liderazgos sólo funciona cuando está el que manda? ¿Puede ser que cuando alguien que tiene ese carácter tan fuerte, al que todos tienen que seguir, deja de estar, ya no hay a quien seguir y el modelo se agota?

Hay empresas que tienen líderes impulsores, líderes muy controladores que hacen que las cosas pasen, líderes que se ocupan mucho del micromanagement, líderes que están en la operación para que ésta se dé bien. Muchas de ellas tienen resultados exitosísimos en el corto plazo pero, ¿Qué pasará en el largo? ¿Son sostenibles estos modelos? ¿Por cuánto tiempo?

La realidad es que muchos liderazgos que se basan en tener el pie en la yugular de los colaboradores, dejan de producir resultados tan pronto el pie se levanta por el motivo que sea.

Cuestión de confianza

Yo creo que es una cuestión de confianza. Si no confías en la gente, la vigilas y la sometes a observación y aprobación diaria. Y si las personas se acostumbran a eso, más que disfrutar, padecen una tiranía profesional basada en la búsqueda de la aprobación permanente del líder. Si no confías, tiendes a controlar las horas de salida y llegada, las costumbres de las personas y te centras más en eso para obtener el resultado, que en el desarrollo del equipo. Lo que he podido ver estos años es que tan pronto este tipo de líderes se ausentan, la productividad cae, la gente se desquita y por fin respira aliviada. Y eso, al tiempo, es lo que refuerza al líder controlador para hacerse más imprescindible: “Cuando yo no estoy nada funciona igual”, “Sin mí esto no va bien”.

Si por el contrario confías en tu equipo, lo formas, tienes paciencia y sabes lograr su compromiso de forma voluntaria, la organización aprenderá a vivir por sí misma, las personas crecerán y pondrán su talento al servicio de los resultados. Y éstos siempre van a ser mejores.  El talento del grupo siempre está por encima de la “sabiduría” de una persona.

La complementariedad de un grupo siempre va a ser mejor que la brillantez de su líder, por mucho que de verdad lo sea. Un líder con equipo comprometido, a la larga, será siempre mejor que un líder con equipo sometido. Los segundos igual ganan algún partido, pero los primeros ganarán las grandes ligas.

Mandar sabe cualquiera, pero dirigir bien es un arte.

Buena semana!

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