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Revista de Prensa: Artículos

viernes, 13 de enero de 2017

“Compos Sui”

Lorenzo Villalón del Fierro
General de Aviación. Jefe del Estado Mayor General, Fuerza Aérea de Chile


I. Dueño de sí mismo

Un lema es una frase que expresa una motivación o un ideal que debe regir la conducta de una persona o de una Institución. En la Fuerza Aérea de Chile, el lema de la Escuela de Aviación “Capitán Manuel Ávalos Prado”, donde formamos a nuestros oficiales, es “Compos sui”, que significa “dueño de sí mismo”. El ideal que postula es que ellos puedan enfrentar las diversas coyunturas de la carrera y de la propia vida, apoyados en una base valórica que les permita mantener sus convicciones, sin alterarlas por las circunstancias.

Estas convicciones se refieren a varios temas que explicaré más adelante y que son inherentes al quehacer de una Fuerza Aérea de hoy. Lo que deseo dejar planteado antes de ello, como eje de este texto, es la necesidad actual en nuestra profesión, de reforzar el cultivo y práctica de nuestros valores como aviadores militares, en condiciones que permitan a cada uno, ser siempre “dueño de sí mismo”. ¿Porqué reforzar ahora lo que debe ser permanente?

Porque así lo demanda -cada vez más- el tiempo que nos ha tocado vivir, caracterizado por cambios y factores sociales que son ampliamente conocidos; pero que en su conjunto plantean un dilema que el gran Albert Einstein resumió con precisión, diciendo: “Perfección de medios y confusión de fines, parecen ser la característica de nuestra época”.

Es un riesgo que afecta a muchas organizaciones pero que se hace particularmente sensible en una Fuerza Aérea moderna, en la cual se emplea y se dialoga con tecnologías avanzadas, algunas de las cuales en ocasiones están cercanas a la frontera del conocimiento. Son verdaderas maravillas tecnológicas, que además van evolucionando constantemente, pero que jamás deben minimizar el discernimiento y la creatividad del ser humano. El mayor computador inventado es todavía el cerebro humano. Las máquinas pueden ejecutar procesos y ejecutar acciones a veces mejor que el operador más avezado, pero ni siquiera la más perfecta es capaz de sentir patriotismo, lealtad, espíritu de sacrificio o valor.

Volvemos siempre pues, a las personas, a nuestro capital humano, el único que en último término, puede darles sentido y utilidad a las máquinas y sistemas. Más importante aún, las personas son precisa y únicamente las que representan, cultivan y proyectan en el tiempo lo que hemos llamado “el Alma de la Fuerza Aérea”, formada por el conocimiento, los valores y las tradiciones, que nos dan una fisonomía propia e inconfundible como Institución.

No obstante, es una realidad que ambientes sociológicamente turbulentos, como los que se han venido perfilando en las últimas décadas, con cierto nivel de relativización valórica, representan una prueba para nuestras convicciones, potenciada además por el libre y amplio acceso a la información, ya sea por la prensa, redes sociales o teléfonos, que le dan una notable penetración e inmediatez.

De allí entonces que junto con poner todo nuestro empeño en cumplir nuestras misiones y tareas cotidianas, debemos también hacer un esfuerzo de reflexión que sea también cotidiano, para volver a lo básico, a la esencia de nuestra profesión de aviadores militares, en otros términos, para vigorizar permanentemente “el Alma de la Fuerza Aérea” para no perder nunca nuestro compos sui.

En el 2030 cumpliremos nuestros primeros 100 años como arma aérea independiente y en estos escasos catorce años que restan, en esta “Ruta del Centenario”, tenemos la responsabilidad histórica como generación, de esforzarnos con gran decisión para llegar a ese hito con una Fuerza Aérea igual o mejor que la actual: sólida, profesional, cohesionada, ética y solidaria. Se lo debemos a todos los que nos antecedieron y la hicieron posible y se lo debemos también fundamentalmente, a nuestro país, a nuestros compatriotas, que nos han confiado su seguridad para poder desarrollarse y progresar en paz.

Planteado entonces nuestro desafío generacional, veremos a continuación algunas acciones que están a nuestro alcance, individual o colectivamente, para lograr éxito en nuestro empeño.

II. Volver a lo básico

A. Concepto

Volver a lo básico no significa retornar a algo que se había abandonado sino más bien, que ante problemas nuevos cuya toma de decisiones resulte compleja, hay que volver la mirada a lo básico para no descuidar lo esencial de nuestro quehacer.

Siempre, en todas las épocas, nuestros antecesores debieron enfrentar cambios de todo tipo, muchos de los cuales se presentaron además con la velocidad característica de nuestra arma aérea. Supieron salir adelante con éxito en todos ellos, como lo prueba el nivel de la Institución que tenemos y no hay duda que lo hicieron apoyados precisamente en lo básico, en el Alma de la Fuerza Aérea ya citada; en el conocimiento que nos da certeza en lo que hacemos; en los valores que nos dan fortaleza espiritual y en las tradiciones, que sustentan nuestra identidad.

Ahora bien, esta es tarea de uno y de todos. En todo lo que se refiere a la marcha, eficiencia, corrección e imagen que proyectemos hacia la ciudadanía, hay una responsabilidad individual y de conjunto.

Debe tenerse en cuenta que, mientras a nivel de conjunto, hay instancias y niveles que velan por estos aspectos; a nivel individual, cuando externamente se conoce un hecho que atañe a uno de nosotros, la tendencia del público es a identificarlo no por su nombre, sino como “alguien de la Fuerza Aérea”, vale decir, siempre repercute en el conjunto. En consecuencia, como esto funciona para bien o para mal, es entonces nuestra responsabilidad individual y colectiva, trabajar y actuar para que ojalá se produzca siempre en sentido positivo para todos nosotros.

B. Algunos elementos esenciales

Podemos visualizar varios elementos que, sin ser exhaustivos, permiten entregar una idea más completa de lo que debe ser materia infaltable de nuestro esfuerzo.

1. La Misión

Está por una parte, lo que en doctrina se establece como el principio de orientación a la misión, vale decir, que nuestras acciones y decisiones se correspondan primordialmente con la Misión de la Institución. El abanico de actividades internas es amplio y su misma variedad puede llevar en algún área o momento, a no diferenciar claramente lo esencial de lo accesorio o a generar, en algunos niveles, compartimentos estancos. Estamos preocupados y ocupados para que no pase esto, por lo cual hemos puesto mucho ahinco en transformar los formatos mantenidos por años para llegar a un Sistema de Gestión Integral, en que todas las áreas funcionales interactúen e intercambien información, para que la toma de decisiones se realice con una base sólida y completa.

Le asignamos la mayor importancia a lo anterior, porque para responder integralmente al país del cumplimiento de nuestra Misión, necesitamos gestión de calidad: a) en tiempo de paz,catástrofes o de guerra; b) que esta gestión abarque los tres niveles de conducción: estratégico, operativo o táctico y c) que sirva por igual en ambientes propios, conjuntos o combinados.

En este aspecto, como botón de muestra, estamos culminando lo que ha sido un verdadero punto de quiebre en la trayectoria de la gestión institucional, como es el reemplazo del anterior “Sistema 3000” por el Sistema Logístico Integrado “ODYSSEY”.

Este último opera llevando las transacciones logísticas bajo el diseño ILIAS, con todo lo relativo a operaciones, mantenimiento, inventario, adquisiciones y materiales, de los diversos sistemas de armas; en tanto que la plataforma DELTA administra y gestiona toda la data para la toma de decisiones, tales como indicadores de gestión, reportes, portales, estadísticas, etc.

Perfeccionar estos sistemas no es un fin en sí, sino que no tiene otra meta que facilitar el mejor cumplimiento de la Misión institucional.

2. Sentido de servicio

Otro elemento importante que debemos tener siempre presente es que la Fuerza Aérea es una Institución de servicio público.

Es cierto que la Misión nos determina que como arma aérea debemos mantener nuestra espada siempre bruñida y afilada, pero por otra parte, los requerimientos de nuestro entorno social nos indican que debemos también estar en condiciones de ganar la paz. Esto último no es incompatible con la naturaleza primaria de nuestra Misión, cual es la orientación a la defensa, porque la polivalencia de nuestros medios nos permite darle un uso dual a nuestras capacidades, para asegurar la paz que necesitan nuestros ciudadanos para alcanzar su realización personal.

Los bienes que posee la Fuerza Aérea, sus instalaciones, sus aviones y en general, sus capacidades, son patrimonio de todos los chilenos y nos han sido entregados a nuestra custodia para darles un fin útil, en beneficio de la comunidad. A nivel personal, lo material que poseemos para ejercer nuestras funciones, los uniformes, vivienda fiscal, vehículos, apoyo de servicios, no son beneficios personales sino que asignaciones temporales que el Estado otorga para –y solo para– el mejor cumplimiento de nuestro deber.

Si consideramos que nuestro deber en tiempo de paz está centrado en colaborar a preservar y potenciar la estructura territorial, social y económica de la Nación, apoyados en una capacidad de disuasión efectiva y creíble, podemos resumir nuestra Responsabilidad Social institucional en dos conceptos básicos: servir y proteger.

Nuestras alas deben desplegarse siempre con prontitud para ir en auxilio pronto de quienes nos requieren, para servirlos y protegerlos, con cuidado, con dedicación y con mucha humanidad. Ellos no han buscado estas situaciones de apremio; vivimos en un territorio que nos pone a prueba constantemente. Tan pronto se necesite, vayamos con prontitud, poniéndonos en el lugar del que sufre, empatizando con su situación, de manera que sienta, al ver nuestras alas, no importa donde se encuentre, que es la Patria que llega a socorrerlo en su necesidad.

Esto no se va a traducir en recompensas materiales que no buscamos; la mejor compensación a cualquier sacrificio que hagamos en este sentido, será la inmensa satisfacción de haber podido ayudar a otro ser humano, usando las capacidades que hemos adquirido en éste, nuestro segundo hogar, que es la Fuerza Aérea.

3. Disciplina y orgullo profesional

El árbol más imponente se sostiene en pié porque hay una savia que circula en su interior que lo mantiene vigoroso; cuando este líquido vital falta o escasea, el árbol se resiente y decae, proceso interno que además es apreciable a simple vista. En forma similar, para un cuerpo uniformado e Institución permanente de la República como es la Fuerza Aérea, esta savia es la disciplina, que es crucial para su accionar y su proyección al futuro, lo que nos impone cuidarla y cultivarla, como prenda de orgullo de nuestra profesión de aviadores militares.

¿Porqué es crucial, porqué debemos ser altamente disciplinados? Porque es un concepto que abarca muchísimo más que los aspectos meramente exteriores, como las formas militares o los desfiles, resultando imprescindible en muchos otros sentidos, algunos de los cuales citaré a modo de ejemplo.

Partiendo por nuestra esencia, el vuelo, no es concebible ni aceptable pensar en desarrollar nuestras actividades operativas sin una disciplina recta y conscientemente aplicada, en toda circunstancia, cuya transgresión se vaya a traducir en accidentes o incidentes, que pueden tener riesgo vital para las personas y daños al material que el Estado nos ha entregado. Es por esta razón que, cuando se comprueba una indisciplina de vuelo, los responsables reciben las sanciones más severas que contempla nuestro sistema.

Pensemos en otra dimension, la logística, que no tiene razón de ser por sí sola, sino en apoyar a un fin operativo. En este aspecto, debe obtener, mantener y suministrar, en cantidad y calidad, los elementos que el nivel operativo necesita, debiendo hacerlo en el lugar requerido y con oportunidad. Fácil decirlo, no tan fácil llevarlo a la práctica, con recursos acotados y en un territorio que abarca cerca de 5.000 kilómetros de longitud, que encierran además una notable variedad de climas.

Es un gran desafío por cierto, pero que podemos enfrentar –como lo hemos hecho- con disciplina, con imaginación y, de manera muy importante, con el compromiso de todos, no solo de los logísticos. Los usuarios tenemos una gran responsabilidad en esto, observando en nuestro ámbito una disciplina logística, respetando los procedimientos que se nos indican, anticipando nuestras necesidades mediante información precisa y oportuna, y cuidando los recursos materiales que se nos entregan para lograr su máxima vida útil.

Otro aspecto en el que también debe haber gran disciplina es en los procesos administrativos, a través de los cuales se traspasa la información entre los diferentes niveles, sobre las variadas áreas que mueven a la Institución, ya sean referidas a las personas o al material. Este tráfico de información cada vez tiende a ser más virtual, eliminando los documentos escritos, pero eso no atenúa la responsabilidad sobre sus contenidos.

Personas externas debidamente entrenadas pueden llegar a configurar un conjunto, a partir de detalles, por lo cual debemos estar siempre atentos y mantener la debida reserva de la documentación que procesamos, especialmente si son materias clasificadas, colaborando de esta forma, en lo que hacemos, a la seguridad nacional y al éxito de la misión.

Un ultimo ejemplo, que he reservado precisamente para darle el debido relieve, se refiere a la disciplina moral que debe tener cada persona en su interior, como salvaguarda ética contra conductas, relaciones o hechos impropios, que atenten contra las normas básicas de honestidad y comportamiento intachable, que debemos observar como integrantes de la Fuerza Aérea.

Esta disciplina moral debe estar siempre presente, cuando nos observan o cuando no nos ven, en Chile o en  el extranjero, en el Servicio o fuera de él, en otros terminos, debe llegar a ser parte de nuestra naturaleza íntima, de manera tal que cada uno sea apreciado como una persona de bien y valiosa para su entorno. A medida que pasa el tiempo y se asciende en nuestras escalas jerárquicas, esta disciplina se va haciendo más evidente sobre un mayor número de personas, los subordinados, quienes deben ver siempre en sus superiores una guía a seguir. No hay mejor voz de mando que el ejemplo personal.

Conclusión

Si pensamos que “el agradecimiento es la memoria del corazón”, entonces nuestra mejor forma de gratitud hacia todos quienes nos precedieron y que hicieron posible esta Fuerza Aérea de hoy, que es orgullo para Chile, es cultivar su herencia, su ejemplo y sus valores, y hacerlos una realidad vigente cada día, encarnados en cada uno de nosotros.

Este es un desafío personal, es el Compos Sui que debemos vigorizar con convicción y energía, para afrontar la delicada responsabilidad que significa integrar este gran equipo que es la Fuerza Aérea, donde nadie es tan bueno como todos nosotros juntos.

Es un reto de hoy y de futuro, frente al cual estoy seguro que sabremos estar a la altura, para llegar a nuestro Centenario con la Fuerza Aérea que todos anhelamos y que el país merece.

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