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Revista de Prensa: Artículos

martes, 5 de marzo de 2019

África 2019: la expansión de la amenaza yihadista y la urgencia de ponderar la respuesta

Jesús Díez Alcalde
Teniente Coronel. Analista IEEE


 

Artículo cedido por:


Resumen:

«En el inmediato sur de Europa, el extremismo violento a favor de una pretendida yihad continúa su alarmante expansión, lejos de la atención mediática que merece. En los últimos años, el derrocamiento de Gadafi y el declive de Dáesh en Oriente Medio han sido determinantes para convertir el norte y la franja saheliana de África en santuario de grupos extremistas empeñados en dinamitar toda esperanza de futuro para millones de africanos y en desestabilizar el orden internacional. Más allá de sus terribles cifras de víctimas mortales –43.000 entre 2009 y 2017, según Naciones Unidas–, esta lacra violenta está reventando cualquier atisbo de seguridad y desarrollo; a pesar del incontestable –pero no suficiente– apoyo internacional desplegado en el continente vecino».

África: escenario preferente para la yihad global

En África, fundamentalmente en el norte y la franja saheliana, el radicalismo violento ligado a la causa yihadista se sigue expandiendo, y esta amenazante realidad apenas suscita una escasa atención mediática y una limitada preocupación fuera de las fronteras africanas, a pesar de tratarse de una amenaza global. Según el índice Fund for Peace2, esta inmensa región africana es la zona que enfrenta más riesgos y la más inestable del mundo, y de ella forman parte los países más frágiles y vulnerables a la violencia. En este contexto, no es casual que en todos ellos se concreten los condicionantes que incitan a la conflictividad: Estados débiles y corruptos, pobreza y subdesarrollo endémicos, así como sociedades divididas por ancestrales reivindicaciones o por cuestiones étnicas, religiosas o geográficas.

Así, cuando se examinan los parámetros que sustentan y alientan el terrorismo, además de la imposición virulenta de una pretendida yihad, la violencia o la exclusión política de los gobiernos hacia sus poblaciones cobra más fuerza como pretexto de la gran mayoría de los extremistas, que –muchas veces, por mero pragmatismo– han abrazado el terrorismo yihadista como táctica contra regímenes políticos represivos o incapaces de atender las demandas de sus sociedades. Incluso, las poblaciones locales lo han convertido en un modo de subsistencia o supervivencia, hastiadas de vivir en la frustración, la injusticia y la falta de expectativas vitales. Y, envolviendo este escenario, la relación entre el crimen organizado y el terrorismo se hace cada vez más estrecha: una circunstancia que, además de permitir la financiación de su sinrazón violenta, está debilitando cada vez más la estatalidad, sustenta la captación de afiliados a la causa –y su consiguiente radicalización–, y se convierte en el mejor «avalista» de la persistencia y la resiliencia del creciente extremismo en África.

Con estos parámetros –en el excelente caldo de cultivo que suponen los espacios vacíos de poder y de justicia, y plagados de corrupción y desigualdad social–, las dos principales redes yihadistas del mundo –fundamentalmente Al Qaeda, y en mucho menor medida Dáesh– han extendido sus tentáculos y sus ataques sobre el continente africano, y cada vez enfrentan su rivalidad estratégica en más países para conseguir el objetivo que pretenden sus dirigentes: la imposición del rigorismo salafista. Si en la década de los noventa el germen de la yihad en África se gestó en Argelia, la presión militar de sus fuerzas de seguridad provocó que los yihadistas huyeran al norte de Mali, donde fundaron Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) en 2007. Años después, a partir de 2011, las mal llamadas Primaveras Árabes en el norte africano y el saqueo de las armas de los arsenales libios tras el derrocamiento del régimen de Gadafi fueron la espita final que provocó la propagación y el fortalecimiento del yihadismo al sur del Magreb, y generó así un inmenso frente de inestabilidad política y de violencia terrorista que se ha convertido en una dramática realidad en el África subsahariana.

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Fuente: Instituto Español de Estudios Estratégicos
Fecha: 23/02/19

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