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Revista de Prensa: Artículos

viernes, 5 de julio de 2019

Los grupos talibán

Carlos Igualada Tolosa
Director del Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo (oiet)


 

Este quinto capítulo de la serie sobre organizaciones terroristas de carácter yihadista se centra en los talibán, un grupo muy heterogéneo que en la actualidad se encuentra en una posición ofensiva muy similar a la que le permitió conquistar Kabul en 1996 y ejercer su dominio por gran parte de Afganistán

INTRODUCCIÓN

La primera guerra de Afganistán supone el punto de inicio desde el que es preciso partir en este relato. La decisión de la Unión Soviética de intervenir militarmente durante los últimos días de 1979 con el deseo de sustituir a Hafizullah Amin, quien se había convertido en el nuevo líder tras la ejecución de su antecesor, Muhammad Taraki, supuso un punto de inflexión, ya que por primera vez la urss intervenía en una zona ajena a su área de influencia, lo que incrementó la preocupación occidental.

Poco tiempo después de esta ocupación de Afganistán comenzó a surgir en el seno de parte de la sociedad afgana un sentimiento antisoviético, descontento que fue aprovechado por Estados Unidos, Pakistán y Arabia Saudí para mostrar su apoyo al movimiento insurgente afgano contrario a la potencia comunista. Los intereses de estos países eran bien distintos, pero todos ellos estaban interesados en evitar a toda costa que se estableciese un gobierno prosoviético, por lo que no dudaron en suministrar todo tipo de armamento y preparación militar, así como financiación, a las distintas facciones de grupos rebeldes, entre los que muy pronto destacaron los muyahidines, los llamados combatientes de la yihad, que representaban a los grupos islamistas más radicales.

Es en este contexto cuando comienza a ser escuchado el llamamiento a la guerra santa por parte de miles de árabes musulmanes que decidieron marchar a Afganistán para hacer frente a una potencia mundial que amenazaba la supervivencia del islam, sumándose estos voluntarios a la yihad afgana y sembrando con ello la semilla del posterior nacimiento de Al Qaeda, como se ha visto en capítulos anteriores.

Resultado de imagen de Un grupo de muyahidines en la ciudad de Herat en 1980.
Un grupo de muyahidines en la ciudad de Herat en 1980.  En primer plano figura
un excapitán del ejército afgano que desertó para luchar contra los soviéticos

Finalmente, la incapacidad soviética de hacerse con el control del país obligó al presidente Gorbachov a retirar sus tropas en 1989. Apenas tres años más tarde, el nuevo régimen comunista implantado en Afganistán tras la marcha de los soviéticos se desvaneció y comenzó una guerra civil en la que se enfrentaron numerosos actores, entre los que de nuevo ejercieron un papel fundamental las múltiples facciones de los muyahidines, quienes se enfrentaron entre sí por el control de las regiones más importantes en el aspecto geoestratégico, tras lo cual quedó el dominio de estas bajo la autoridad de distintos señores de la guerra. Una de estas facciones sería la de los grupos talibán, la cual a la postre acabaría mostrándose como la más capaz de todas, tras hacerse, gracias a la ayuda de sus aliados, con la capital, Kabul, en septiembre de 1996, y conseguir instaurar por gran parte del país un gobierno fundamentalista regido por la ley islámica.

EL RÉGIMEN TALIBÁN EN AFGANISTÁN (1996-2001)

La llegada al poder de los grupos talibán supuso un retroceso enorme en distintos aspectos políticos y económicos para Afganistán. No obstante, el mayor cambio se mostró en el ámbito social, ya que la instauración de la sharía y la imposición de las tradicionales costumbres de la etnia pastún obligaron a abandonar todo tipo de actividades como el cine, la música o todo aquello que estuviese relacionado con la cultura occidental. Por otro lado, las mujeres fueron degradadas a un segundo plano; quedaron encerradas en sus hogares y se perdieron los avances adquiridos años atrás, cuando de forma paulatina habían ido incorporándose a determinadas actividades profesionales como la educación, todo ello acorde con la corriente de la escuela debonadí, la cual había asimilado gran parte de la alta jerarquía talibán durante sus años de exilio en las madrasas pakistaníes, donde precisamente adoptaron el nombre de talibanes (estudiantes). Asimismo la implantación de castigos físicos, como era el caso de cortar la mano a los ladrones, o incluso la lapidación hasta la muerte de aquellas personas acusadas de adulterio, fueron ejemplos de la extrema implantación de la ley islámica en gran parte del país, con excepción de las zonas más septentrionales, donde ejercía su dominio la denominada Alianza del Norte, enemiga del gobierno talibán.

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Fuente: Revista del Ejército de Tierra España
Fecha: Mayo 2019

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