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Revista de Prensa: Artículos

martes, 27 de septiembre de 2005

Articulo Ana María Ortiz. El Mundo. 18/09/05

Ana María Ortiz


¿TIENE UN hijo de 7 años en el colegio? Pues existe un 43% de posibilidades de que sea víctima de las vejaciones de sus compañeros, con consecuencias traumáticas. Es una de las conclusiones del primer macroinforme sobre 5.000 alumnos

Tres semanas antes de que el adolescente Jokin Ceberio se suicidara arrojándose al vacío desde la muralla de Hondarribia (21-09-04), la investigadora Araceli Oñate alertaba al Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid de la gravedad del acoso escolar: «De esto pueden llegar a morir chavales», advertía premonitoriamente. Ahora que tiene sobre la mesa los datos de la encuesta que ella y el psicólogo Iñaki Piñuel han realizado a 5.000 alumnos de entre 7 y 18 años -pertenecientes a 222 aulas de centros públicos privados y concertados de toda la comunidad de Madrid-, la primera conclusión de los dos expertos es que la dimensión del problema es aún mayor de lo esperado. Uno de cada cuatro escolares (el 24% concretamente) sufre acoso en las aulas. De ellos, uno de cada tres presenta síntomas de estrés postraumático (pesadillas, ansiedad, insomnio, ataques de pánico, flash backs...) y uno de cada 10 no se lo cuenta a nadie... Son sólo algunas de las conclusiones de un minucioso estudio monográfico sobre el acoso escolar -que CRONICA les adelanta en exclusiva-, realizado por Araceli Oñate e Iñaki Piñuel, miembros del Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo (www.acosoescolar.com) y pioneros en el estudio del mobbing en España y Europa. Es la primera vez que se mira con lupa un fenómeno que emergió con clave de alarma ante la opinión pública cuando Jokin se suicidó, pero que hasta ahora había sido objeto de investigaciones muy limitadas o sesgadas.

El macroestudio viene también a echar por tierra muchos de los mitos sobre el fenómeno asumidos hasta ahora como ciertos. Incluye además una valiosa herramienta para que padres y educadores puedan medir si sus hijos/alumnos sufren acoso: un cuestionario que podrá realizarle a sus hijos en casa, fácil de autocorregir, y que le facilitamos en la siguiente página.

Una de las primeras sorpresas del informe es que, en contra de lo que concluían investigaciones anteriores, la agresión física y los robos no son las modalidades de acoso que más daño psicológico producen. Que a un niño le pongan un mote -el gordito, el gafotas-, que lo insulten o que lo aíslen excluyéndolo de los juegos tiene efectos mucho más perniciosos sobre su mente que una patada.Un 14% de los encuestados señala que frecuentemente los «llaman por motes», y un 8,86% que se ríen de ellos cuando se equivocan, pero sólo un 4,26% dice ser víctima frecuente de «collejas, puñetazos o patadas». «Esto se explica», dice Oñate, «porque cuando hay una agresión física suele intervenir alguien y el niño se siente más protegido. Pero cuando la agresión es verbal, los adultos reaccionan con indiferencia: "Ah, que no te dejan participar o que te llaman tal... Eso no es nada, a mí también me pasaba".Esta trivialización de la violencia que padecen produce efectos muy graves hasta ahora no tenidos en cuenta».

Y son estas agresiones verbales, según Oñate y Piñuel, las responsables de los altos porcentajes de estrés postraumático que han detectado (un 35% de las víctimas lo sufren, es decir, nueve de cada 100 alumnos). Además, el 36% de las víctimas presenta un cuadro depresivo, el 37% ansiedad, el 40% flash backs y terror, el 25% introversión social, el 14% cuadros de somatización (vómitos, náuseas, dolor de barriga...), el 36% disminución de la autoestima, el 37% tiene una imagen negativa de sí mismo, un 15% de las víctimas presenta ideas autodestructivas y han llegado a pensar, incluso, en quitarse de en medio. «El estrés postraumático», advierte Oñate, «es un cuadro clínico muy rebelde y no se cura sólo con el paso del tiempo. Es el mismo que se produce en caso de grandes catástrofes o agresiones sexuales y exige terapia específica».

Tampoco esperaban los expertos encontrar que el acoso escolar se ceba especialmente con los más pequeños. Si en segundo de Bachillerato (17-18 años), el porcentaje de quienes los sufren es sólo del 6%, en Segundo de Primaria (7 años) la cifra asciende hasta el ¡43%! A medida que el niño crece, las posibilidades de ser víctima disminuyen casi progresivamente: 3º de Primaria, 44%; 4º de Primaria, 40%, 5ª de Primaria, 31%, 6º de Primaria, 31%, 1º de ESO, 28%... «En contra de la visión del fenómeno que teníamos hasta ahora -quizás influenciada por el caso Jokin- que hacía pensar que el mobbing escolar tenía especial incidencia en la adolescencia, encontramos que son los más pequeños los que más violencia sufren... ¡Claro que no hay niños de siete años que se suiciden! Porque a esa edad no tienen libertad de movimientos, nunca están solos, pero eso no quiere decir que la tendencia al auto-odio no esté presente», explica Piñuel.

De esta última estadística Oñate y Piñuel extraen un lado positivo («puesto que el acoso disminuye con la edad, parece que la escuela socializa») y una inquietante pregunta: ¿Si un 43% de los niños de siete años sufre acoso escolar qué pasará con los de cinco y seis?

Más mitos que se derrumban: la víctima no es alguien carente de habilidades sociales, falto de autoestima e introvertido.Oñate, especialista en Educación y Comunicación, lo resume diciendo que «cualquiera puede ser objeto de acoso escolar». Se puede elegir al gordito y al que lleva gafas o aparato dental pero también al que se incorpora una semana tarde al colegio, tiene buenas notas o es calificado de inteligente por el profesor.Cualquier rasgo diferenciador es susceptible de ser utilizado por quien acosa para convertir a otro niño en blanco de sus burlas.

El acosador, sin embargo, es un niño que no confía en sí mismo y es incapaz de digerir la gratificación («quiero esto y lo quiero ya»). Es alguien que probablemente ha vivido situaciones de maltrato en la primera infancia o en otra escuela y busca la aceptación y el reconocimiento que no tiene de sí mismo en el grupo. «Es otra víctima», explica Oñate, «concibe la relación social como ataque o defensa, por eso toma de antemano la posición de ataque». Un 42% de los escolares encuestados reconoce haber hostigado a otros. De ellos, la mitad son acosadores frecuentes o sistemáticos.

ACOSADO Y ACOSADOR

Muchos de los niños acosados intentan escapar de la situación acosando ellos también. De hecho, según el estudio, aproximadamente un 50% de las víctimas recibe y da. «El niño interioriza el siguiente razonamiento: para no ser víctima no hay como ser acosador y como resulta que nadie o casi nadie interviene se consagra el principio de impunidad», dice el psicólogo Piñuel. [A la pregunta «¿Quiénes paran las situaciones de acoso?» los encuestados contestan: «Algún profesor» (14%), «otros adultos» (8,7%), «algún compañero» (24,5%), «no lo sé» (17%)]. Un 40% de los escolares presencia las agresiones y aprende la lección siguiente: «Si los adultos, el colegio y los profesores no intervienen quiere decir que estamos solos ante el peligro y que cada uno tiene que sobrevivir por sus medios. Este mecanismo refuerza al acosador, que se encuentra con cierto éxito social y pone a su servicio al resto del grupo», explica Piñuel.

A la hora de buscar soluciones, lo primero en lo que inciden los especialistas es que, muchas veces, cuando se detecta un caso de acoso, el modo en que se actúa puede resultar contraproducente.«Desde los primeros incidentes», dice Oñate, « los padres o el psicólogo del centro suelen intervenir erróneamente sobre el acosado y no sobre el acosador. Al acosado se le saca del aula o no va al recreo porque tiene que hablar con el psicólogo...Es decir se le señala y estigmatiza. El psicólogo llama a los padres y les dice que su hijo tiene problemas, que carece de habilidades sociales y que necesita apoyo... En el fondo le están diciendo al niño que es responsable de lo que le pasa. Se trata de otra forma de victimización secundaria».

Oñate y Piñuel han puesto en marcha en algunos de los centros investigados protocolos de buen trato. Normas de comportamiento que elaboran los propios alumnos y que uno por uno suscriben y se comprometen a seguir. Algunos de los redactados por los más pequeños dicen, por ejemplo: «No se puede arrinconar, en la clase todos ayudamos, nadie se queda fuera...». La eficacia real de este método se conocerá a finales de curso, cuando vuelvan a medir el acoso escolar en las aulas.

Autotest Cisneros para medir el acoso escolar

Haga rellenar el cuestionario al niño, dándole tiempo suficiente, condiciones de tranquilidad y explicándole de qué se trata. El niño deberá marcar cada una de las 50 frases con "Nunca", "Pocas veces" o "Muchas veces". Cada respuesta "Nunca" suma un punto, "Pocas veces" dos y "Muchas veces" tres. Sumando la puntuación de los 50 enunciados podrá comprobar en la tabla de baremos el grado de acoso que el escolar sufre. Ejemplos:  52 puntos (casi bajo), 75 puntos (alto). Si quiere saber la intensidad del acoso, contabilice el número de preguntas en las que el escolar ha marcado 3 puntos y acuda a la tabla de baremos. El cuestionario sirve, además, para saber a qué modalidad de acoso físico o psicológico lo someten sus compañeros. Por ejemplo, si quiere saber si el niño está siendo "despreciado  y ridiculizado" deberá fijarse en las casillas en blanco de la columna A y sumar los puntos de las preguntas a las que corresponden. Es decic, en el caso del "desprecio y la ridiculización", sume los puntos de las preguntas 2,3,6,9,19,20,26,27,31,32,33,34,35,36,44,46 y 50. En el caso de la "coacción" (columna B), sume la puntuación de las preguntas 7,8,11,12,13,14,47 y 48. Compruebe los resultados en la tabla de baremos. Por ejemplo, un 10 en el caso de la "coacción" es una puntuación alta. Y así sucesivamente para todas las formas de acoso: restricción de la comunicación (columna C), agresiones (columna D)...

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