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Seguridad Industrial y Prevención de Riesgos Laborales.

 

Revista de Prensa: Artículos

martes, 3 de enero de 2006

Articulo Ana Alfageme. El País. 25/12/05

Ana Alfageme


A partir del 1 de enero desaparecerán los ceniceros de las mesas en oficinas, fábricas o talleres. Para alivio de los no fumadores (69% de la población adulta) y agobio de los empedernidos. La ley antitabaco, aprobada el 15 de diciembre por el Congreso, prohíbe incluso que haya salas para fumadores en los centros de trabajo. Desde el sindicato Comisiones Obreras, que abogó por permitir estas estancias, hasta una empresa de informática, una fábrica de camiones, una tabaquera, una peluquería o un Ayuntamiento, EL PAÍS ha visitado 11 centros de trabajo para ver cómo se enfrentan a la nueva ley. Algunos iniciaron hace tiempo el camino.

¿Dejarán de fumar realmente los españoles en su puesto de trabajo? El 77,2% apoya la ley antitabaco, según el último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) difundido al día siguiente de aprobarse ésta. Pero casi la misma proporción (69%) cree que "será difícil que la gente obedezca". La consulta, realizada a 1.500 personas mayores de 18 años, registra alguna contradicción. Por ejemplo, más de la mitad (53%) sostiene que fumar es un derecho y no hay por qué limitarlo. A continuación se narran situaciones y experiencias en varios centros de trabajo.

1 IBM: el rincón del pitillo verde. Edificio de IBM en Madrid. 1.500 trabajadores. Prohibido fumar desde hace cinco años,salvo en zonas señaladas.

Los únicos lugares donde los ceniceros no se han convertido en papeleras dentro de la multinacional son unos balcones en cada planta que dan al patio interior coronados por un gran cartel con un cigarrillo encendido, pintado de verde. Eso, y la mitad de la barra del bar. Hace cinco años se restringió fumar en el resto del coloso. La prohibición se cumple. El director de recursos humanos, Pablo Pastor, juega con un clip sobre el cenicero de vidrio sin mácula y asegura: "No sé si un fumador seguirá contento en marzo cuando haya tenido que salir a la calle en pleno invierno". Él redujo a la mitad el número de cigarrillos que consumía. Luego lo dejó. "No me tuve que acoger a ninguna de las medidas que tomamos". Hubo charlas, conferencias y soporte médico, pero menos del 10% de la plantilla fumadora solicitó las ayudas.

"En enero tendré que salir a la calle o meterme en el váter", dice Miguel Ángel con un tono de voz que justifica sus dos paquetes diarios de tabaco negro. "En el váter no se puede", advierte el encargado de prensa. "El modelo debería ser éste", dice señalando la balconada. Concha comparte un pitillo con dos colegas. "Lo nuestro ha sido una buena medida. Pero lo de enero va a ser muy molesto, ponerte el abrigo y salir a la calle... Esto no es propio de un Gobierno que presume de tolerante".

Encarna aprovecha para fumar antes de entrar en una reunión. "Alguna ya la hemos hecho aquí. Cogemos los papeles y nos venimos para acá. La ley es una buena excusa para dejar de fumar". Los directivos no se preocupan mucho de la incidencia del tabaco en la productividad. "El que quiere perder el tiempo, lo puede hacer delante del ordenador", dice Pastor. "Trabajamos por objetivos y parte de la plantilla tiene portátil y celular, puede trabajar donde quiera". Eso es justo lo que hace Paloma. Muchas tardes coge la computadora y se va a trabajar (y a fumar) a su casa. Se pregunta qué hará a partir de enero, porque es muy friolera. "Que no se fume en ningún sitio es excesivo, la verdad". Paloma y Enrique comparten un pequeño despacho con mucha luz. Él no fuma, pero cree que el sistema ideal es éste, el que desaparecerá en una semana.

2 Un centro comercial: humo en los pasillos. Centro comercial Alcalá Norte. Madrid. 150 tiendas. Área de ocio, cines y restaurantes. Se permite fumar.

"Es tremenda la falta de respeto que tienen los fumadores. Una vez, una señora estaba con el pitillo a mi lado en el andén del metro, echándome el humo. Yo me puse a toser y me lo reprochó. Le contesté: 'Si dejas de atufarme, yo dejaré de toser". Quien habla, a la puerta de su comercio de ropa de señoras, es Marisa, tan vehemente en su defensa de la ley antitabaco que Ana, la dependienta de la tienda de regalos vecina, que ha salido al pasillo a fumar, se aleja. Luego comenta: "A mí me molesta mucho el humo cuando no fumo yo, así que la ley me parece bien". En ese momento llega María José, que trabaja en un bar del centro y enciende un cigarro en las narices de su amiga Marisa y le espeta: "Que no se fume me parece muy injusto, porque el mismo derecho tienen los fumadores que los que no fuman". "Pues a mí me fastidia muchísimo", le replica Ana. Y María José la pincha: "Ésta es una ex fumadora y una intransigente".

Hay inmensos ceniceros negros a los lados del pasillo. Dentro de una semana sólo estarán en la entrada y en la terraza superior, dice el director del centro comercial, José Manuel Blanco, que piensa reunirse con los restauradores. "La mayoría optará por convertirse en espacios sin humo, porque sus mesas invaden nuestras zonas comunes. Si eligen cerrarlos, tendrán que quedarse con locales de 30 o 40 metros cuadrados, y eso no les compensará", explica.

Óscar, propietario de un amplio bar de tapas del piso superior, se pregunta: "¿Quién va a pagar la remodelación?". En una de sus mesas, cuatro amigas de mediana edad. Sólo una fuma. Una dice: "No le veo sentido a que, por un lado, vendan tabaco y, por otro, no dejen fumar". Otra, ex fumadora: "Yo no he tenido nunca una baja por bronquitis, y sí por estrés". Otra: "Que prohíban primero el trabajo. Los horarios de oficina son muy dañinos, y la contaminación de la ciudad. Yo soy conductora pasiva. El coche mata, ¿no?".

3 CC OO: sindicalistas ante la ley. Confederación Sindical de Comisiones Obreras. Madrid. 80 trabajadores. Permitido fumar.

También José María Fidalgo, secretario general de CC OO, tendrá que salir a la terraza para encender su pipa a partir del 1 de enero. En el centro neurálgico del sindicato que defiende que se creen espacios para fumadores en las empresas se acatará la ley, afirma Laura Luna, responsable de prevención, fumadora que no fuma en su puesto de trabajo, y baraja que en la sede se subvencione parte del tratamiento antitabaco.

En el edificio trabajan 80 personas, entre ellas Manuela y Pilar. La primera, no fumadora, tuvo una neumonía hace un año. La segunda consume dos paquetes de Ducados rubio al día. Se sientan casi mesa con mesa en el departamento de prensa. "Parece que ser sindicalista y no fumar es un sacrilegio", dice Manuela, que ha pegado al lado de su silla esta proclama: "Tabaco, producto que mata a sus mejores clientes. A partir de enero, si se tiene que denunciar a la empresa, se la denuncia". Desde la neumonía de Manuela, Pilar aprovecha para fumar cuando va a tomar café o a hacer fotocopias. ¿Qué va a hacer en enero?: "No sé, ir al médico y pedir una baja por depresión". Ambas conversan hasta llegar al asunto de quién debe pagar los tratamientos.

- Se deberían financiar otras prestaciones -dice Manuela.

- Tú fumas porque quieres.

- Fumo porque no puedo dejar de fumar.

- Los fumadores estamos hartos. Ha habido mucha intransigencia.

- Se debería haber abierto una sala. Esta ley va contra el individuo, no contra la Administración.

4 Sanitas: 5 años de experiencia. Sede central de Sanitas. 673 empleados. No se permite fumar. No hay carteles rojos con el cigarrillo tachado, ni ceniceros en los patios con plantas bañados de luz. La compañía de seguros médicos Sanitas cambió en 2000 sus oficinas en la calle de Serrano, en Madrid, por un edificio de 20.000 metros cuadrados a las afueras de la ciudad. Los directivos (fumadores incluidos) acordaron dar ejemplo y convertir la nueva sede en un entorno sin humo.

"Se dieron facilidades para dejarlo", recuerda la jefa de recursos humanos, Coral González. "Incluso uno de los directores lo hizo". Quince empleados se apuntaron a un programa de una empresa que sigue el método de Allen Carr, autor de Es fácil dejar de fumar. Hubo un éxito del 70%.

"Tampoco hubo consulta previa. En las sesiones de comunicación a la plantilla, los no fumadores preguntaban si ellos, que no saldrían a fumar a la calle, iban a acabar trabajando más. Pero es que casi todos tenemos que cumplir con una tarea en un plazo determinado. Si hay gente que se escaquea, se va a escaquear en cualquier caso. Y el que es responsable fuma responsablemente". Ella misma abandonó el hábito hace año y medio. "Me ha resultado muy fácil. En los años que llevo aquí, nadie me ha preguntado si puede fumar".

Sólo hay dos lugares con cenicero: una gran terraza en el ático con vistas a la M-40 en la que se instalan mesas en verano (y donde ahora cuatro fumadores dan saltitos para combatir el frío) y la puerta de entrada. En ella, Eva y María Antonia, telefonistas, comparten cigarrillo y rigores otoñales. ¿Cómo lo lleváis?: "En invierno, pasando frío, y en verano, calor". Pero no parecen muy molestas: "En la otra oficina era asqueroso. Fumábamos por fumar. Y esta prohibición te hace reducir".

Yolanda trabaja en compras y se enteró en la entrevista de trabajo de que Sanitas era un espacio sin humo. Se acoda en una de las mesas. "Te preguntas: '¿Cómo voy a llevar esto?'. Cuando ha pasado un mes te dices: 'Pues no es para tanto'. Es más la ansiedad al saber que no podrás fumar que el hecho en sí. Al principio sales cada dos horas, y luego, cada tres o cuatro".

En un rincón, seis empleados apuran los últimos momentos de la jornada con el abrigo en la mano. La más novata es una joven muy delgada. "Sí", dice Marta frente a sus compañeros, que la miran divertidos. "Soy fumadora compulsiva. Vengo de un banco donde encendía un pitillo detrás de otro. Aquí hay un ambiente más saludable". Susana y Nuria fuman la mitad, y se alegran. Y David, un tipo joven, alto y encorbatado, no fumador, está ansioso por la llegada de la ley. "Hemos tenido mucha paciencia con los fumadores. Yo estoy harto".

5 Una peluquería: con rulos a la calle. Alte Peluqueros. Madrid. Cinco trabajadores. Se permite fumar a los clientes. A los empleados, en una sala.

"El 1 de enero tiraré los ceniceros y pondré el cartel", dice Tere Medrano, dueña de esta peluquería de la zona de Arturo Soria. "Y saldré a la calle a fumar. Yo veo más problema en las clientas. No se puede entrar con perros y los meten". "Hay algunas que lo van a pasar mal", protesta Laura, la otra fumadora. "Preguntan: '¿Cómo voy a salir a la calle con el tinte y todo?'. A mí no me gusta la ley". "Pues tampoco es justo que vengas a lavarte el pelo y salgas oliendo a tabaco", replica Pilar, una clienta a quien Laura aplica el tinte. "¿Tú no te planteas que es malo para la salud?".

Cerca, Jesús alisa el pelo a una señora. "Las he amenazado con denunciarlas si fuman", dice. "Bueno, tanto no, pero es que los fumadores son muy mal educados. No preguntan". ¿Y si una clienta lo hace? "Pues le diré que no se puede".

6 Altadis: pitillos en bandeja. Sede central de Altadis. Madrid. 500 empleados. Se permite fumar.

En algunas zonas de recepción de la sede central de la compañía tabaquera que comercializa Fortuna, Ducados y Ducados Rubio (nueva marca barata) hay bandejas con cigarrillos para que empleados y visitas puedan fumar cuando y donde deseen. ¿Qué ocurrirá dentro de una semana? "¿Usted que cree?", responde un portavoz. "Pues que se acatará la ley, ¿no?". Ningún patio evitará que los empleados acaben saliendo a la calle a fumar. El portavoz no autoriza que se fotografíe las oficinas de la empresa o que se converse con los empleados.

7 Local de banquetes: ¿bodas sin puros? Gran Hotel Velázquez. Madrid. Cuatro estrellas. 140 habitaciones.

"Por edad y estatus, muchos de nuestros clientes son fumadores de puros, y eso complica las cosas", dice Manuel Enríquez, el director financiero de Corporación Hispano Hotelera, la propietaria de este hotel con solera, ubicado en el barrio de Salamanca, en Madrid, y de otros tres más en la capital, que suman 548 habitaciones. "Si un señor nos alquila una habitación y quiere fumar en ella, es como si lo hiciera en su casa, tiene ese derecho, según la jurisprudencia previa". El hotel, que ya tiene habitaciones para no fumadores, cumplirá la ley (reservar el 30% de los cuartos para quienes fumen), y además, los empleados ya no fuman en su lugar de trabajo. En general, dice, la ley es una limitación más que complica la gestión. "Estamos haciendo un gran esfuerzo de imaginación para adaptar los restaurantes y la cafetería. Pero el gran problema de la hostelería son los banquetes, y nosotros servimos muchos. No podemos dividir a la gente". Enríquez se hace algunas preguntas: "¿Ponemos a los fumadores en una habitación y a los no fumadores en otra? ¿Qué ocurrirá con la tradición de que el padrino invita a puros? ¿Y en los bautizos y comuniones? ¿Sentamos a los niños en un salón y a los padres en otro?".

8 Bar Evaristo: un referéndum para decidir. Chez Evaristo. Pamplona. Se permite fumar.

José Luis Biurrún, el propietario de un bar que está, dice, en la calle más famosa del mundo (la de la Estafeta, por donde corren los mozos delante de los toros cada año por los sanfermines), presume de tener más de 200 pinchos diferentes en la barra. También está orgulloso de haber plantado una urna para que sus clientes voten si en su establecimiento, menor de 100 metros cuadrados, se va a poder fumar o no. "He preferido que mis amigos y clientes lo decidan", explica. "Entre todos los que participen sortearemos un jamón, pero la gente viene sobre todo para votar. Ya vamos por la quinta urna, 8.000 votos. Mucho me temo, en contra de mi criterio, porque me encanta que haya niños, que ganarán los fumadores".

En una consulta a 10 bares y restaurantes de Madrid elegidos al azar, y de diferentes tamaños, ganó la opción fumadores (9). "Los clientes me preguntan y yo les contesto: estará permitido fumar, drogarse y tomar pastillas, pero nada de sexo, que tengo muchas cristaleras". Lorenzo, el encargado de una cervecería en la calle de Espronceda, nunca ha fumado: "Yo creo que los bares pequeños (los de menos de 100 metros cuadrados) van a ser de fumadores”. Y se queja: “esto es una tapadera de los grandes problemas, como son las drogas, el botellón, qu4 es ilegal pero se permite, en fin…”. A dos pasos de allí, Jesús, el encargado de un asador, agita con una cucharilla un café con leche. “Si encima de trabajar poco nos tocan las narices… nos tendrían que dejar decidir a nosotros”.

Su solución: hay dos comedores. En uno se podrá fumar, y en otro, no. Si el de fumadores tiene más del 30% de la superficie total, da igual. “Y el humo de los chuletones, ¿dónde lo vamos a meter?”, ironiza. “Pues que dejen de vender coches, ¿no?”. Mientras, la encargada de un restaurante chino señala la esquina donde va a poner la zona de fumadores: “Yo no entiendo, por que nadie se queja del humo, todos fuman”.

“Ya lo tengo decidido, los fumadores son mejores clientes, consumen más”, dice Emilio, propietario de un pequeño bar de la calle de Zurbano. “La ley es de fariseos; si quieres que la gente no fume, no vendas tabaco. Es una política ñoña. Cada uno tiene que vivir como quiera. Y nada, que Zapatero va a perder las elecciones. Los fumadores no le van a votar, y yo el primero”.

Cerca de allí, en un restaurante cafetería que supera los 100 metros cuadrados, Mauricio, el encargado, explica por qué va a ser local para no fumadores: “Pensábamos dedicar la parte que da a la calle, que tiene extractores, pero no nos valen. Tendríamos que hacer una obra que los vecinos no nos autorizan. Fuman un 50% así que algunos no van a venir y a otros los tendré que echar. Además, éste es un restaurante de menú, comen en media hora y se van”. De los 13 trabajadores, 9, incluido él, fuman.

9 Periodistas: la sala solitaria. Agencia Efe. 600 empleados. Desde marzo de 2005 se recomienda fumar en un cuarto especial, pero apenas se usa.

En las sillas tapizadas de azul, como de sala de espera, no se sienta nadie. En los ceniceros hay a media tarde 19 colillas. Cuatro pisos más abajo, en la redacción, estancia diáfana donde trabajan por turnos  227 periodistas, Sixto Martínez apaga los restos de un cigarrillo sin filtro en el cenicero de su mesa. “La prohibición puede ser positiva, y tampoco voy a pedir la dimisión”, dice. Él es uno de los redactores jefes de Internacional, 49 años, y jamás ha usado la narcosala. “Te marchas cinco minutos y cuando vuelves, tienes kilómetros de papel….”, se excusa con una mirada al teletipo.

“Pues yo nunca he fumado”, asegura Félix Ropero, de 52 años. “He soportado estoicamente el humo y noto sus efectos desde hace mucho tiempo. La ley me parece un poco violenta, pero por las buenas no conseguimos nada. No se dan cuenta del daño que hacen.

- Aquí viene la parte talibana- apunta Sixto.

- Nunca te he dicho que apagues el cigarro, no soy un talibán- replica Félix-. Tengo un cuñado en el hospital, con cáncer de pulmón. Sé perfectamente el daño que hace el tabaco.

La polémica empezó en junio de 2004, cuando más de mitad de la plantilla (377 empleados) firmó una carta en la que pedían que se dejase de fumar en los puestos de trabajo. Tres meses después rogaron, también por escrito, que se fumase en el pasillo, en una habitación especial o en la calle.

La sala, que ahora tendrá que clausurarse, se abrió por fin en marzo de 2005. “Fuman en su sitio”, dice Pedro Pérez, responsable de recursos humanos de la agencia, “y hemos tenido incidentes”. Se está estudiando establecer ayudas para abandonar el hábito.
“¿La sala? Está  en la quinta planta, creo”. Una periodista del área de Sociedad fuma mientras teclea en su ordenador. “Es muy difícil usarla con este ritmo de trabajo. Fumaré menos y saldré a la calle, como cuando voy al Congreso”.

Luego opina sobre la ley a punto de entrar en vigor: “Es hipócrita, porque nadie se atreve a prohibirlo, por las presiones de las compañías. Además está comprobado que uno de los mejores métodos para dejar de fumar es subir el precio del tabaco. Y el Gobierno no se atreve a actuar con medidas efectivas”.

A su espalda, un folio con letras del cuerpo 60: “Quedan 19 días”. Cerca, una ex adicta se lamenta: “El único espacio libre de humos de toda la agencia es la sala de fumadores”. Llega olor a puro de una esquina. “¿Lo notas? Es horrible”.

En Sogecable, la operadora de televisión propietaria del canal de televisión Cuatro y del Digital +, se ha llegado a una solución intermedia. En el edificio de la compañía, en Tres Cantos (Madrid), donde trabajan unas 1.100 personas, “no se fuma en la redacción, sino junto a las máquinas de café”, explica una portavoz de la empresa, participada por PRISA, la empresa editora de EL PAÍS. “Éste es un edificio muy amplio, y los fumadores se acercan a las máquinas de café y refrescos para fumar. Lo llamamos narcosalas, pero desaparecerán el 1 de enero”, añade.

10 Pegaso Iveco: camiones con menos humos. Pegaso Iveco 2.000 trabajadores. Se fuma pese a estar prohibido desde abril.

Dos carteles en cada puerta de la gigantesca factoría de ensamblaje de camiones de Pegaso Iveco –donde hace años, cuando se fabricaba hasta el último tornillo de los tráilers, trabajaban 12.000 personas- recuerdan que no se puede fumar, pero el obrero especializado Francisco Moreno, miembro del comité de empresa, de 53 años, acaba de extinguir su pitillo en la sede del sindicato Comisiones Obreras.

“Esto es secreto”, se excusa. “En mi puesto de trabajo me reprimo, porque no me queda más remedio que da ejemplo”. La empresa, de acuerdo con el comité de empresa, acordó prohibir fumar en todos los recintos cerrados de la fábrica a partir del 1 de abril, algo que se extendió a todos los centros de Europa, siguiendo las restricciones italianas (Iveco pertenece a Fiat).

Ese día también desaparecieron las máquinas de vender tabaco. “Ahora, la verdad es que hay manga ancha. Casi todos incumplen o salen de la cadena de ensamblaje y cruzan la línea amarilla, a lo que llamamos el pasillo, y fuman allí. Pero la empresa ya ha comunicado a los trabajadores que a partir de enero la cosa va en serio”. Él iba a aprovechar las vacaciones de Navidad para dejarlo.

Poco antes de la prohibición de abril se repartió un tríptico informativo con la nómina del mes y se remitía a los trabajadores a acudir a su centro de salud para tratar de la forma de dejar la adicción al tabaco.

Juanjo Álvarez, de 59 años, compañero de Francisco en el comité de empresa, señala que durante este años se ha reducido mucho el número de fumadores y que, simultáneamente, “ha ido creciendo el respeto hacia los no fumadores”. Y añade: “Lo que hemos hecho ha sido adelantarnos a algo que iba a acabar ocurriendo. Pero también pienso que hay qu3e ser duraos, pero inflexibles, y yo estoy notando también que existe intolerancia hacia quienes fuman”. Una portavoz de la empresa ha confirmado que existe cierta “flexibilidad” con la prohibición de fumar, pero que en enero, la nueva ley deberá cumplirse.

A partir de entonces, quizá la imagen de decenas de trabajadores tomando el bocadillo fuera de la fábrica, a eso de las diez de la mañana, se haga más numerosa. Si quieren fumar, tendrán que hacerlo allí.

11 Ayuntamiento de Murcia: programa ejemplar. Para los funcionarios del Ayuntamiento de Murcia, el hecho de trabajar sin humos no va a resultar una novedad, ya que, desde el año 1996, el área de salud del Consistorio puso en marcha un programa para ayudar a sus trabajadores a dejar de fumar, al mismo tiempo que se prohibía encender los cigarrillos, conforme al real decreto de 1988, que definía el tabaquismo como un problema de salud.

Esta iniciativa, encabezada por el coordinador del Plan Municipal de Drogas, Antonio Domínguez, y por el jefe del servicio municipal de Salud, Eduardo González Martínez-Lacuesta, tiene ya un largo recorrido: En los casi 10 años de aplicación del programa se ha apuntado al mismo unos 1.000 funcionarios, familiares y personas de otros colectivos, como, por ejemplo, el de periodistas. Además, el grado de éxito del programa, que es gratuito, logra que el 30% de los enfermos dejen de fumar en los primeros tres meses. “Un porcentaje que se eleva conforma pasa el tiempo”, según explica Antonio Domínguez, quien especifica que, para el servicio de salud del Ayuntamiento de Murcia, la aprobación de la ley “es un éxito total”.

“Nos dimos cuenta en 1996, gracias a los estudios que hicimos entre la población laboral del Ayuntamiento, de que el 70% de los funcionarios quería dejar de fumar. Y nosotros comenzamos a intervenir entre los trabajadores como un problema laboral, algo que hemos podido hacer extensible a otros grupos, como por ejemplo, los jóvenes”.

El programa, que es gratuito, según subrayan los médicos, se inicia con una reunión en grupos de unas 10 personas en la que se da a los pacientes información general básica de la adicción al tabaco. Después se hace un cuestionario de dependencia, para posteriormente comenzar el tratamiento según una terapia individualizada. En la actualidad hay más de un centenar de personas que están intentando dejar de fumar.

Gracias a esta iniciativa del Ayuntamiento, en la actualidad sólo fuma el 22% de los trabajadores, y los fumadores ocasionales son tan sólo el 7%. El número de cigarrillos consumidos al día por los fumadores también ha descendido, pasando de los 17 de 1998 a los 13 de finales de 2004. Además, el 83% de los fumadores ha intentado dejar de fumar. Todo un éxito para el servicio municipal de salud.

Manuel Martínez es uno de los funcionarios que han logrado no fumar gracias al programa puesto en práctica por el Ayuntamiento de Murcia. “Yo fumaba desde los 16 años y entré a trabajar a los 23 en la Administración municipal, y gracias a los médicos lo dejé, y ya llevo casi cuatro años que no pruebo el tabaco”, confiesa este funcionario de los servicios sociales del Consistorio.

Además de un problema de salud, el dejar de fumar era para Manuel, quien dos días a la semana tiene que atender directamente al público, una cuestión de años, ya que su entonces pareja no fumaba. Gracias al programa pudo dejar de oler a tabaco.

La opinión de los científicos

"HABRÁ UNA INCOMODIDAD inicial en los fumadores más adictos, pero en general adaptan con facilidad su patrón de conducta a las circunstancias. No va a haber conflictos, si tenemos en cuenta la experiencia de otras empresas que han restringido fumar", afirma el médico Rodrigo García, del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), una entidad que reúne a 40 sociedades científicas.

La CNPT tenía previsto repartir la pasada semana 40.000 folletos a las empresas con datos tan convincentes como éstos: ser fumador pasivo en el trabajo aumenta un 39% el riesgo de padecer cáncer de pulmón.

El aire contaminado por humo del tabaco es uno de los principales peligros laborales de la población trabajadora, sólo superado por la exposición al sol. Este contaminante es el de mayor poder generador de cáncer. El riesgo de tumores malignos de pulmón es 57 veces superior al estimado para la contaminación por asbesto, arsénico, benceno, cloruro de vinilo y radiaciones.

La hostelería y el tabaco

EN ESPAÑA HAY 336.500 establecimientos hosteleros (240.00 bares, 14.000 cafeterías, 66.000 restaurantes y 15.000 hoteles, en números redondos). La reciente encuesta del CIS señala que casi el 77% de la población está a favor de que los locales mayores de 100 metros cuadrados destinen un 30% del espacio para fumadores en dependencias separadas. El 17,8% se declara en contra y a un 4,4% le da igual. La Federación Española de Hostelería estima que el 85% de los locales pequeños permitirá fumar. Según sus datos, el 45% de la clientela de estos locales es fumadora. Los hosteleros calculan que se perderán 1.600 millones de euros y 20.000 empleos al año.

¿Se consumirá menos en bares y restaurantes?

EN NUEVA YORK, que introdujo una gran ofensiva antitabaco en 2002 prohibiendo fumar en todos los locales de ocio, no se perdieron empleos ni hubo disminución de negocio un año después de la implantación de la norma, según el Departamento de Salud. Sin embargo, una encuesta de los restauradores enviada a 900 locales halló que, de los 115 que respondieron, 88 dijeron que sus ventas habían bajado. En Irlanda, la norma antitabaco implantada en 2004 se cumplió en el 94% de bares y restaurantes, y eso que es más restrictiva que la española, dado que no permite fumar en ninguno de los 10.000 pubs de la nación. El volumen de ventas en los bares bajó un 4,4%, pero el año anterior, cuando no se había implantado la ley, había descendido un 4,2%. En Italia, que introdujo la ley a comienzos de 2005, con limitaciones parecidas a las españolas, el 12% de los gerentes de establecimientos declararon que la prohibición había producido efectos negativos significativos, y el 25%, leves. El 55% contestó que la norma no había tenido repercusión económica desde entonces o se habían generado más ganancias.

La experiencia neoyorquina

EN NUEVA YORK se inició una gran campaña antitabaco en 2002, que incluía la prohibición de fumar en todos los centros de trabajo, bares y restaurantes, el incremento de impuestos (la cajetilla pasó a costar un 32% más) y terapias gratis con parches de nicotina. Un año después se había reducido el hábito un 11% (desde el 21,6% de fumadores al 19,2%), lo que significa aproximadamente 140.000 fumadores menos. Las investigaciones hallaron que en el abandono del hábito había influido sobre todo el incremento de impuestos (al que se achaca entre el 33 y el 54% de las renuncias), seguido de la prohibición de fumar en centros de trabajo y hostelería (del 13 al 21% de las deserciones) y la terapia gratis con parches de nicotina (un 8%). En Irlanda, que introdujo una ley similar a la española, en marzo de 2004, se cumplió la norma en un 92% de las empresas pasado un año.

 

Suplemento Temático: Centros Comerciales

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