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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Artículos

viernes, 1 de septiembre de 2006

Articulo Tom Burns Marañón. www.expansion.com. 21/08/06

Tom Burns Marañón


 

 Al igual que otros veranos, hace poco viajé a Inglaterra con los míos, con nuestro equipaje a mano en un vuelo de bajo coste, para ponerme al día con familiares y amigos.

Mi país paterno estaba enfrascado en partidos de cricket contra Pakistán y ante mi asombro, porque hace tiempo que no sigo las pautas de este ritual del imperio, me enteré que un bowler (lanzador) asiático del equipo inglés hizo fosfatina a los batsmen (bateadores) del equipo de sus antepasados. Inglaterra, que deportivamente suele perder estos encuentros contra sus antiguas colonias, ganó en esta ocasión por un margen de muchos runs (carreras) gracias, en gran medida, al fenomenal bowler de tez morena.

El público estaba divido por partes iguales entre flemáticos ingleses y los exuberantes pakistaníes que animaban a los suyos con un jaleo fuera de lugar porque los modales del cricket son, o mejor dicho eran, exquisitos. Esto me recordó a un muy conservador político de tiempos de Margaret Thatcher que propuso un llamado test del curry consistente en negar la residencia y, por supuesto, la nacionalidad británica a quienes, llegados del antiguo imperio, se negaban en los partidos de cricket a apoyar al equipo de la madre patria. Propuso su test con sorna –el cricket no deja de ser un juego– y la gente se rió de las ocurrencias propias de un racista de vieja escuela.

Pasado el tiempo Inglaterra es una sociedad auténticamente multirracial que cuenta con inmigrantes asiáticos de segunda generación en sus equipos de cricket y que juega su enrevesado deporte nacional ante públicos que ni por asomo aprueban el mencionado examen del curry. Esto no merecería mayor comentario si no fuese porque mi país paterno tiene, a la vez, un terrible enemigo en casa. De haber demorado nuestra visita veraniega a Inglaterra unos días no hubiéramos podido subir al avión ni, siquiera, con botellines de agua para evitar el inevitable sablazo de las aerolíneas de bajo coste. Para entonces ya se había abortado, el 10 de agosto, el magnicidio aéreo que planeaban jóvenes musulmanes de descendencia paquistaní y pasaporte británico porque nacieron y se criaron en el melting pot inglés.

Lo del “enemigo en casa” no es nuevo pero sí es muy reciente. Los ingleses se dieron de bruces con ello cuando sus propios paisanos en la sociedad multirracial, convertidos en yihaadistas suicidas, atentaron contra el transporte público londinense el siete de julio del año pasado. Fuera de Inglaterra, jóvenes musulmanes británicos de descendencia paquistaní lucharon con los Talibán en Afganistán y se han unido a la insurgencia terrorista en Irak.

El yihaadista británico más notorio es Ahmed Omar Saheed Sheik que ha sido condenado a muerte en Pakistán por el secuestro y el asesinato en febrero de 2002 del periodista del Wall Street Journal, Daniel Pearl. Omar Sheik, hijo de una familia acomodada de inmigrantes de Pakistán, fue alumno del London School of Economics y estuvo en un buen colegio privado donde también estudió Nasser Hussain, de descendencia india, que fue capitán del equipo inglés de cricket entre 1999 y 2003.

Conozco bien mi país paterno y conozco los ingentes esfuerzos que han hecho sucesivos gobiernos del Reino Unido para integrar a minorías étnicas a través de programas dotados con grandes recursos y de acciones muy desarrolladas de discriminación positiva. Se perfectamente que estas políticas han sido exitosas. No hay más que pasearse por Londres para darse cuenta de ello. Mis sobrinos en Inglaterra y los hijos de mis amigos se van haciendo adultos sin problema alguno en una sociedad multirracial.

Sin embargo, y a la vista está en estos últimos años, algo está fallando. Uno conoce muy bien la realidad tolerante y, con la misma certeza, sabe que el radicalismo islámico está prodigándose en determinados estamentos de la juventud musulmana británica para destruir ese edificio de convivencia.

Lo que sorprende, o al menos me sorprende a mí, es que este último fehaciente ejemplo de atroz terrorismo yihaadista ha provocado una corriente de opinión de mea culpa en Inglaterra. Según ella, lo que falla no es el descerebrado y criminal rechazo fundamentalista de la sociedad británica, cívica y abierta, sino el modelo mismo de tolerancia que con tanta paciente tenacidad, inteligencia y generosidad se ha ido construyendo a lo largo de la última generación.

Lo que falla es un modelo multirracial que dista de ser todo lo inclusivo que debiera ser y esto, por lo pronto, lo han dicho los tres diputados musulmanes que fueron elegidos a la Cámara de los Comunes en las últimas elecciones. La culpa, por así decirlo, es de los buenos por no serlo, o por no serlo suficientemente. Y la culpa, también, es de Blair por apoyar, sin fisuras, a Bush.

Esta corriente de opinión denota, a mi juicio, hasta dónde puede llegar lo que solamente se puede llamar una crisis de valores y abre todo un debate sobre los límites de la sociedad multirracial. Los estudiosos de la antigüedad saben muy bien que los bárbaros se pueden cargar a la civilización. Habrá que aplicar algún curry test si se quiere recuperar, entre otras cosas, la comodidad de volar con equipaje de mano.

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Fuente: www.expansion.com
Fecha: 21/08/06

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