Ver Suplemento Temático...


Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Artículos

martes, 12 de septiembre de 2006

Articulo Carlos Salas. www.eleconomista.es. 09/09/06

Carlos Salas
Director de elEconomista


 

Dos meses y medio después del derrumbe de las Torres Gemelas fui a Nueva York a entrevistar al premio Nobel de economía Joseph Stiglitz. No me hizo mucha gracia viajar en avión en aquel momento porque todos adivinaban lo que pasaba por mi cabeza, y yo sabía también lo que pasaba por la cabeza de ellos, aunque ninguno de nosotros abriera la boca.

El 11-S nos convirtió en telépatas a todos lo que viajábamos en avión a Estados Unidos.

En Nueva Cork tuve la oportunidad de colarme entre un grupo de periodistas invitados a ver el Ground Zero, aquel inmenso agujero chamuscado en la punta de la isla de Manhattan. Había excavadoras rastreando entre piedras y hierro, y el aire aún estaba impregnado de un olor extraño.

Todos hemos notado el impacto del atentado a las Torres Gemelas. Porque, desde entonces, viajamos con más temor, nos someten a más revisiones, pagamos la gasolina más cara, vivimos bajo un nuevo gobierno, construimos rascacielos con otros materiales más seguros, lo habitamos con temor, y sobre todo, Madrid sufrió un atentado que dejó 192 muertos y más de mil heridos. Quién sabe cuántas cosas más nos ha cambiado esa fecha. Por eso, en El Economista hemos dedicado unas páginas especiales todos los días desde el lunes pasado para analizar ese acontecimiento.

Muchos recordarán que la primera reacción del mundo fue la de una inmensa compasión. “Todos somos Estados Unidos”, decía la portada de Le Monde. Sentíamos compasión por Estados Unidos, incluso más compasión de la que se siente por un desvalido, porque en este caso se trataba de la mayor potencia del globo.”El mundo acepta con más facilidad una superpotencia cuando está herida y debilitada, que cuando se crece y gruñe”, decía la revista americana Time esta semana. Sentíamos tanta pena que dejamos que EEUU invadiera Afganistán para perseguir al autor de esta matanza: Osama Bin Laden.

Y es que se trataba del mayor atentado terrorista en la historia de la humanidad, y creo que todos los que lo vivieron, incluso a miles de kilómetros de distancia, recordarán dónde estaban ese día a esa hora, igual que los más adultos recuerdan dónde estaban cuando Kennedy murió asesinado. Son cosas que no se olvidan.

Si un guionista hubiera trazado esa historia para presentarla a un productor de Hollywood, se la habrían tirado a la basura por jactanciosa e inverosímil. Para el cine de Hollywood representó también un antes y un después, ya que todas las películas rodadas anteriormente en Nueva Cork, esas historias de amor metropolitano con final feliz, siempre se arruinan cuando aparecen en escena las Torres Gemelas. El público siente un latigazo. El espectador se convierte en visionario porque sabe que unos años después esas torres dejarían de existir.

Hubo algunos grupos que se precipitaron en reclamar falsamente el atentado. No sé si lo recuerdan. Desde Japón, uno de ellos afirmó: “Esto es por lo de Hirohima”. En Alemania, la prensa recogía declaraciones de ancianos de Dresden que afirmaban: “Ya saben lo que se siente cuando te cae una bomba en el techo de tu casa”.

La verdad es que Estados Unidos jamás había sufrido un ataque de este nivel, a pesar de que había participado en dos guerras mundiales con cientos de miles de soldados. Ninguna potencia extranjera había logrado bombardear Estados Unidos ni con el artefacto más sencillo.

Para evitar el pánico económico, la Reserva Federal bajó los tipos de interés. La Bolsa de Nueva Cork estuvo cerrada siete días y cuando abrió, las acciones no cayeron, lo cual fue interpretado como un signo de la voluntad de lucha y de resistencia de Norteamérica.

El entusiasmo no coincidía con la realidad. Semanas después del atentado, se anunciaron despidos en masa en EEUU y se declaró oficialmente la recesión. El presidente de General Electric afirmó que iba a echar a la calle a 80.000 personas. “Las grandes empresas asumen el dogma de que si ves un problema, sé duro y resuélvelo rápidamente; no dejes que perdure. Es lo que se enseña en las escuelas de negocios del país”, criticaba Stiglitz en aquel encuentro. La Bolsa de Nueva Cork, tras unos días de titubeo, cayó un 14,2 por ciento, y así se mantuvo durante meses.

Muchos anunciaron el principio del fin de la hegemonía americana. Pero EEUU tenía una misión. “Estados Unidos liderará al mundo en su lucha contra el terrorismo”, dijo Bush. En esta lucha, ha llegado hasta Bagdad y en lugar de hacer más estable esa zona, ha traído lo contrario. Aquello se ha convertido enana ratonera de tal magnitud para el mundo, que uno no sabe si ha sido peor invadir ese país con una excusa falsa, o si será peor salir de allí, y dejar de paso una guerra civil.

Esa intervención en un país petrolero ha sido en parte causante de que estemos pagando el precio del crudo a 70 dólares. Y también ha empujado a la escena mundial a un líder que tiene más poder del que se piensa: Hugo Chávez. Cuando entrevisté a Chávez en marzo de 2002, meses después del atentado a las Torres Gemelas, el presidente venezolano me dijo que aspiraba a que el crudo subiese a 24 dólares, un precio más justo para los países exportadores de petróleo. Imaginen, estaba a 16 dólares.

Para entonces, Bush todavía no había sido calificado por Chávez de Mister Danger. Ahora Chávez es más poderoso porque tiene tres veces más ingresos de los que soñaba tener. Chávez ha demostrado que puede influir poderosamente en la política de América Latina, e incluso más lejos, porque ha concertado una alianza con otras potencias petroleras que impedirá que el precio baje a los niveles de 2002, y ahora pide el apoyo de esos países para tener un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU y desafiar a Mister Danger en un centro indiscutible de poder.

Desde entonces el islamismo se ha radicalizado. Tememos un atentado de igual magnitud en cualquier momento porque ya ha sucedido en Madrid, en Londres y en Beslán. La reciente guerra del Líbano es consecuencia del 11-S y divide a la comunidad internacional profundamente. Parece que el mundo es más inestable. ¿Es así?

No. Las pruebas indican que la salud del planeta es más fuerte de lo que se pensaba. América Latina en su conjunto está creciendo económicamente como no se recordaba en mucho tiempo. Estados Unidos, lejos de haber entrado en el principio del fin, ha seguido creciendo a un ritmo sorprendente. Japón incluso está saliendo de una crisis que ha durado 10 años. India, un país con 1.200 millones de habitantes, la sexta parte de la humanidad, se está convirtiendo en la potencia sorpresa. Europa, especialmente Alemania, está mostrando signos de recuperación muy sólidos. España tiene que revisar al alza su crecimiento y esta semana hasta la Unión Europea dijo que íbamos a crecer cuatro décimas más de lo previsto.

Y todo eso, a pesar de que el petróleo se ha multiplicado por cuatro desde el 11 de septiembre de 2001, y de que el precio de las materias primas se está disparando por la voracidad de los chinos y su crecimiento por encima del 10 por ciento. El Fondo Monetario Internacional predice unas velocidades de crecimiento para las economías del globo del 5 por ciento, lo cual hace pensar que hay cosas más fuertes que la subida del petróleo, la inestabilidad política mundial, las amenazas de Chávez a EEUU, el islamismo radical y la terrible situación de Irak. Por eso, lo sorprendente del 11-S no es lo que ha pasado. Lo sorprendente es lo que no ha pasado. El mundo se mantiene en pie a pesar de las ruinas del 11-S.

Esta noticia ha sido vista por 1554 personas.

Fuente: www.eleconomista.es
Fecha: 09/09/06

Esta noticia ha sido vista por 1554 personas.