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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Artículos

martes, 3 de octubre de 2006

Articulo Foreign Policy. www.fp-es.org. 22/09/06

Foreign Policy


 

¿Está ganando Estados Unidos la guerra contra el terror? No, según la opinión de más de un centenar de los principales especialistas estadounidenses en política exterior, que ven un aparato de seguridad nacional en mal estado y un Gobierno que no está siendo capaz de proteger a sus ciudadanos del próximo ataque.

Grafico: www.fp-es.org

Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, era lógico que los estadounidenses se reagruparan en torno a su bandera. Acababan de sufrir el ataque más mortífero jamás vivido en su territorio y muchos de ellos creían que era inminente otro atentado. Pero, al mismo tiempo, tenían una gran fe en que la guerra global contra el terror les iba a mantener a salvo. Por ejemplo, sólo un mes después del 11-S, en una encuesta de ABC News/TheWashington Post, el 94% respondió que aprobaba cómo se estaba manejando la lucha contra el terrorismo. Después, Estados Unidos emprendió rápidamente la guerra en Afganistán, acabó con un santuario de terroristas y, en el proceso, capturó o mató a varios miembros importantes de Al Qaeda.

Desde 2001, los terroristas han encontrado sus blancos casi en cada continente, con atentados en Bali, Londres y Madrid, entre otros lugares. Han pasado cinco años y Estados Unidos no ha sufrido todavía otro ataque, pero los estadounidenses parecen menos convencidos de que su país está ganando la guerra contra el terror. Persisten las amenazas, con un número cada vez mayor de atentados terroristas en todo el mundo, y por eso numerosos informes muestran que los estadounidenses están perdiendo la confianza en la capacidad de su Gobierno de ganar la guerra y protegerles de la próxima agresión terrorista. Ahora, apenas la mitad de ellos aprueba cómo se está llevando a cabo la guerra contra el terror, y más de un tercio cree que EE UU está hoy menos seguro que antes del 11-S.

Sería fácil atribuir estas percepciones tan pesimistas por parte del público al elevado coste, tanto económico como en vidas, de la labor antiterrorista. Al fin y al cabo, los líderes elegidos por los estadounidenses les aseguran constantemente que se equivocan con su pesimismo, que se está ganando la guerra. Pero también les dicen que es inevitable que haya otro atentado. ¿Cuál de las dos cosas es verdad? Para averiguarlo, FP y el Centro para el Progreso Americano han unido sus fuerzas con el fin de entrevistar a más de cien de los principales expertos estadounidenses en política exterior, tanto republicanos como demócratas. El Índice de Terrorismo de Foreign Policy y el Centro para el Progreso Americano es el primer intento exhaustivo de aprovechar la experiencia de las más altas jerarquías de la política exterior estadounidense y pedirles que valoren la actuación de Estados Unidos en la guerra global contra el terror. El propósito era llegar a varias conclusiones definitivas sobre las prioridades, las estrategias y los avances de la guerra a partir de las respuestas de quienes han dirigido el aparato de seguridad nacional durante el último medio siglo. Entre los participantes se encuentran personas que fueron (o han sido) secretarios de Estado, consejeros de seguridad nacional, altos mandos del Ejército estadounidense, veteranos de los servicios de inteligencia y destacados intelectuales y periodistas. Casi el 80% ha trabajado en el Gobierno, y, de ellos, más de la mitad en el Ejecutivo, un tercio en el Ejército y el 17% en los servicios de inteligencia.

Pese a la politización actual de los aspectos de seguridad nacional, el Índice muestra un consenso extraordinario entre personas de uno y otro partido. La mayoría de los expertos consultados (84%) dice que Estados Unidos no está ganando la guerra contra el terrorismo. El 86% cree que el mundo, hoy, es cada vez más peligroso para los estadounidenses. En conjunto, están de acuerdo en que el Gobierno no está cumpliendo sus objetivos de seguridad interior. Más de ocho de cada diez creen que, antes de 10 años, habrá otro atentado de dimensión parecida a los del 11-S. El origen de estas conclusiones tan pesimistas parece ser la convicción de los especialistas de que el aparato de seguridad nacional de EE UU está en pésimas condiciones. “Los expertos en política exterior no han estado nunca tan de acuerdo sobre la actuación de su Gobierno en el extranjero”, dice Leslie Gelb, presidente emérito del Consejo de Relaciones Exteriores y participante en la encuesta. “El motivo es que casi todos tienen muy claro que Bush y su equipo han tenido una idea nada realista de lo que podían hacer recurriendo a la fuerza militar y la amenaza de utilizar la fuerza”.

Los entrevistados critican enérgicamente la labor de Estados Unidos en una serie de aspectos fundamentales de la seguridad nacional, como la diplomacia pública, los servicios de inteligencia y la seguridad interior. Casi todos los departamentos y organismos encargados de la guerra contra el terrorismo reciben malas calificaciones. Además, los expertos afirman que las últimas reformas realizadas en el aparato de seguridad nacional no han contribuido gran cosa a que los ciudadanos estén más seguros. Por ejemplo, al preguntarles sobre las últimas reformas en los servicios de inteligencia, más de la mitad dice que la creación de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional no ha tenido ningún efecto positivo en la guerra contra el terrorismo. “Hasta ahora, la reforma de los servicios de inteligencia se ha limitado a una reorganización estructural que, en la mayoría de los casos, ha engendrado nuevos niveles de burocracia en un sistema ya excesivamente burocratizado”, afirma Bill Gertz, un periodista que lleva más de veinte años informando sobre esos asuntos.

Los expertos consultados para el Índice se muestran también críticos respecto a la mayoría de las iniciativas estratégicas propuestas por el Congreso y el presidente Bush desde el 11 de septiembre. El 81% cree que la detención de sospechosos de terrorismo en la base de Guantánamo, en Cuba, repercute de forma negativa en la guerra contra el terror. Tampoco aprueban cómo está manejando Estados Unidos sus relaciones con los aliados europeos, su forma de abordar la amenaza que suponen los regímenes de Corea del Norte e Irán, lo que está haciendo para controlar la proliferación de armas de destrucción masiva ni su relación con los Estados fallidos, por no mencionar más que unos cuantos aspectos. “Estamos perdiendo la guerra contra el terrorismo porque tratamos los síntomas, no la causa”, dice la participante Anne-Marie Slaughter, decana de la Escuela Woodrow Wilson de Asuntos Públicos e Internacionales en la Universidad de Princeton. “Nuestra insistencia en que la ideología islámista radical ha sustituido a la ideología comunista como enemigo número uno de nuestra época... alimenta la visión del mundo que tiene Al Qaeda”.

Grafico: www.fp-es.org

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Estas conclusiones sobre la actuación de EE UU son más preocupantes si se tiene en cuenta que, aunque da la impresión de que los estadounidenses se están cansando de la guerra contra el terrorismo, los expertos consultados parecen creer que ésta no ha hecho más que empezar. En consecuencia, una mayoría está de acuerdo en que es necesario que se haga más hincapié en una victoria de las ideas, y no sólo de las armas. No es extraño, puesto que casi el 80% cree que el rechazo generalizado a las ideologías radicales en el mundo musulmán es un elemento fundamental para lograr la victoria. Para ganar la batalla de las ideas, dicen los expertos, Estados Unidos tiene que poner mucho más énfasis en sus instrumentos no militares. Más de dos tercios dicen que sus autoridades deben reforzar Naciones Unidas y otras instituciones multilaterales. Al mismo tiempo, los expertos indican que el Gobierno debe abordar las amenazas con más imaginación. Al preguntar cuál es el mayor peligro concreto para la seguridad nacional estadounidense, casi la mitad afirma que las armas nucleares y otras armas de destrucción masiva descontroladas, un tercio responde que Al Qaeda y el terrorismo, y sólo un 4% cree que Irán. Cinco años después de los atentados del 11 de septiembre, esto nos recuerda que tal vez los mayores retos están aún por llegar.

Con amigos como éstos

Las guerras se las arreglan para crear alianzas improbables, y la guerra global contra el terror, por lo visto, no es distinta.

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Al pedir a los expertos en política exterior entrevistados para el Índice que nombraran el país que ha producido el mayor número de terroristas internacionales, sus respuestas fueron Arabia Saudí, Egipto y Pakistán, tres de los aliados más visibles de Estados Unidos en el mundo musulmán. Casi dos tercios (62%) identificaron a Arabia Saudí como principal culpable. El 13% señaló a Egipto, y el 11% dijo que Pakistán es el que produce más terroristas. “El movimiento yihadista”, dice la encuestada y catedrática del Sarah Lawrence College Fawaz Gerges, “nació en Egipto a finales de los 60. Sin embargo, tras el 11 de septiembre, Arabia Saudí se ha convertido en el principal escenario del pensamiento y la acción yihadista-salafista”.

Aunque es posible pensar, en general, que estos tres Estados son cuna de terroristas, la cooperación que han ofrecido a Estados Unidos en la lucha antiterrorista presenta una imagen más complicada. Aproximadamente dos tercios de los expertos consideran que la cooperación de Estados Unidos con Egipto y Pakistán ha sido eficaz. Más divididas están las opiniones sobre si Arabia Saudí está haciendo todo lo posible para contrarrestar la amenaza terrorista.

Estas impresiones revelan el fondo de algunos de los dilemas que afronta Estados Unidos. Egipto, por ejemplo, ha recibido más de 50.000 millones de dólares en ayuda económica y militar estadounidense desde 1979 y, sin embargo, se ha resistido a los esfuerzos recientes de los norteamericanos para que pusiera en marcha reformas políticas. EE UU asignó a Pakistán la condición de aliado fundamental “fuera de la OTAN” en 2004, a pesar de las acusaciones de que no había hecho lo suficiente para capturar a Bin Laden. Arabia Saudí ha ayudado a desbaratar las redes de financiación de los grupos terroristas, pero los dirigentes saudíes han tardado mucho en actuar contra los elementos radicales de su propia población. ¿Escoge mal Estados Unidos a sus amigos? Tal vez. Aunque, a lo mejor, lo que está haciendo es mantener cerca a sus amigos y más cerca aún a sus enemigos.

El próximo atentado

A los estadounidenses les dicen constantemente que no se trata de saber si habrá otro atentado terrorista en suelo norteamericano, sino de cuándo. Los resultados del Índice coinciden, por mayoría abrumadora, en que el próximo ataque no es más que cuestión de tiempo.

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El 84% de los expertos dijo que es probable o incluso seguro que haya un atentado terrorista equiparable al del 11 de septiembre de 2001 en los próximos cinco años. Más de la cuarta parte afirmó que está claro que va a haber un agresión comparable a los del 11-S en los próximos 10 años. Al preguntar sobre la probabilidad de que haya una acción terrorista más reducida, similar a las bombas de julio de 2005 en Londres, el 91% estuvo de acuerdo en que es probable o seguro que haya un ataque de ese tipo de aquí a 2016; más de la mitad respondió que podía haber un acto terrorista así este mismo año.

¿Pero cómo atacarán los terroristas? Aproximadamente dos tercios de los expertos dijeron que el blanco será alguna parte de la infraestructura de Estados Unidos: un puerto, una estación de tren, un monumento histórico... No es de extrañar, puesto que, en el pasado, los terroristas han actuado repetidas veces sobre ese tipo de objetivos. En cambio, lo que sí puede ser más preocupante es que ese mismo porcentaje predice que el próximo ataque llegará en forma de atentado suicida. Estos resultados, dice uno de los entrevistados, el experto en terrorismo en la Rand Corporation. Bruce Hoffman, “son un reflejo de lo fácil que se ha vuelto el terrorismo”. Son atentados, explica, “baratos, imprevisibles y difíciles de evitar. Lo único que hace falta es la voluntad de matar y la voluntad de morir, y ninguna de las dos parece escasear hoy”.

Los estadounidenses nunca han vivido con el temor a un atentado suicida, como los habitantes de Ammán o Jerusalén. Pero puede haber razones para pensar que pronto cambiará esa situación. Un reciente estudio de la Rand Corporation llegaba a la conclusión de que el 81% de todos los atentados suicidas cometidos en los últimos 30 años se han producido desde el 11 de septiembre de 2001, y la motivación principal, en cada uno de ellos, fue una intervención o una ocupación militar como la que se desarrolla actualmente en Irak. Las probabilidades de que Estados Unidos siga librándose de la forma de terrorismo más popular del mundo pueden estar desvaneciéndose a toda prisa.

Un precio más caro para la energía

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Si se pudiera concretar una cosa como máxima prioridad en la lucha contra el terrorismo, ¿cuál sería? Poco más de un tercio de los expertos entrevistados dijo que matar o capturar a jefes terroristas como Osama Bin Laden. Aproximadamente el mismo número habló de fomentar la democracia en el mundo musulmán. Más de dos tercios respondieron que detener la proliferación de armas nucleares en Estados descontrolados. Ahora bien, ¿elaborar una política energética más agresiva?

Tal vez sorprenda, pero los expertos entrevistados dicen que acabar con la dependencia estadounidense del petróleo extranjero es quizá el elemento prioritario para que el Gobierno venza en la guerra contra el terrorismo. El 82% respondió que las autoridades tienen que convertir el final de dicha dependencia en una prioridad más urgente. Y casi dos tercios afirmaron que la política energética actual de Estados Unidos no está mejorando la situación, sino empeorándola. “Cada día laborable pedimos prestados mil millones de dólares para importar crudo, y cada vez más volumen procede de Oriente Medio”, dice James Woolsey, ex director de la CIA.“Por ejemplo, en Arabia Saudí, miles de millones de dólares van a parar a manos de los wahabíes y otros grupos similares que adoctrinan a los jóvenes para que odien a los chiíes, los sufíes, los judíos, los cristianos y la democracia, además de oprimir espantosamente a las mujeres”.

Aunque los responsables políticos estadounidenses no se tomen en serio esta vulnerabilidad, los terroristas sí. Ayman Al Zawahiri, número dos de Al Qaeda, ha declarado que la infraestructura energética mundial es un objetivo estratégico clave para los terroristas. En febrero, el Gobierno de Arabia Saudí desbarató un plan de Al Qaeda para atentar contra las instalaciones petrolíferas de Abqaiq, las mayores de la nación. Ahora hay alrededor de 30.000 soldados protegiendo los yacimientos de petróleo del país. Los mercados mundiales de crudo están tan tensos que la mera amenaza de problemas en el suministro puede hacer que los precios se disparen, y son responsables, en parte, de la subida que los estadounidenses van a notar este verano en los surtidores de gasolina. Pero el Índice sugiere que tal vez la política energética de EE UU tenga un precio más caro: perder la guerra contra el terrorismo.

Una nota para el Gobierno

Un grupo de expertos en política exterior puede ser un público muy severo. Por tanto, no es extraño que los entrevistados se mostraran muy críticos con la actuación de las distintas ramas del Gobierno estadounidense en la guerra contra el terror. La Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en sus siglas en inglés) fue el único organismo que recibió una nota por encima de la media de 5,2 en una escala de 0 a 10, en la que el 0 representa la peor labor posible en la protección de Estados Unidos. Todos los demás organismos obtuvieron notas inferiores a la media.

La peor calificación la recibió el Departamento de Seguridad Interior (DHS, en sus siglas en inglés). Su media fue de sólo 2,9. El 36% de los expertos dijo que este organismo recién creado ha tenido efectos negativos en la seguridad nacional, y casi 1 de cada 5 cree que habría que reducir los fondos que recibe. El Departamento de Estado obtuvo una puntuación relativamente buena. Curiosamente, esta opinión no sólo es la del ala internacionalista y liberal de los especialistas en política exterior. Incluso los expertos más conservadores, que a veces han tenido una opinión más negativa sobre la labor diplomática del Departamento de Estado, creen que su presupuesto es un dinero bien invertido y que habría que aumentarlo moderadamente o de forma sustancial. En conjunto, el 87% de los consultados cree que Foggy Bottom (el Departamento de Estado) necesita más fondos, incluido el 72% de los conservadores.

Los expertos tienen asimismo una opinión muy clara sobre cómo debería gastarse ese dinero. Casi el 80% está de acuerdo en que es fundamental promover el rechazo generalizado a las ideologías extremistas en todo el mundo para “ganar” la guerra contra el terrorismo. Sin embargo, al mismo tiempo, la actuación diplomática oficial de Estados Unidos es la iniciativa política que recibe la puntuación más baja, con una nota media de sólo 1,8. Evidentemente, son pocos los que creen que Estados Unidos está haciendo todo lo posible para ganar amigos e influir en la gente.

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Fuente: www.fp-es.org
Fecha: 22/09/06

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