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Revista de Prensa: Artículos

viernes, 24 de noviembre de 2006

Articulo Ana María Ortiz. www.elmundo.es. 19/11/06

Ana María Ortiz


EL 43% del profesorado de Madrid presenta algún signo de daño psíquico debido a la violencia en las aulas y a la falta de apoyo de los padres. Es el resultado de una encuesta, extrapolable a toda España.

www.elmundo.es

Cuesta creer que las agresiones que los docentes confiesan al teléfono del Defensor del Profesor sucedan en el colegio o instituto de la esquina. Más bien parecen escenas de ficción salidas de una de esas clásicas películas, tipo Rebelión en las aulas, ambientadas en un centro tomado por pandilleros y navajeros donde la violencia campa a sus anchas y el profesor que sobrevive se convierte en un héroe.

Entre lo oído en el primer año de vida de esta línea de auxilio al educador en apuros está el relato de un profesor que vio cómo impactaba una silla en el capó de su coche cuando trataba de abandonar el centro donde trabaja. O el de aquel otro que no contó con la ayuda de un obstáculo que parara el golpe y sigue de baja con una fractura en la pierna provocada por la mesa que un alumno le arrojó en el aula. Hay quien deja el coche lejos del aparcamiento del colegio para evitar que le pinchen las ruedas, le arranquen los espejos retrovisores o le pinten un «eres una puta» en la puerta del conductor. «¿Con qué cara voy yo mañana al colegio?», preguntaba una profesora angustiada porque un alumno le había pegado un bofetón esa mañana delante de toda la clase y se veía incapaz de retomar las riendas del grupo.

Sabido esto, se entienden mejor los llamativos datos del estudio que el sindicato de profesores Anpe ha encargado para evaluar la salud psicológica del profesorado y que CRONICA adelanta en exclusiva. Bautizado como Cisneros IX y realizado por el Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo, se basa en las encuestas realizadas entre marzo y abril pasado a 2.100 enseñantes de colegios e institutos de la Comunidad de Madrid.

De lo contestado anónimamente por los profesores se extrae que un 43% presenta algún signo de daño psíquico. Concretamente, el 33,60% manifiesta síntomas de ansiedad, el 34,92%, depresivos y el 33,38%, náuseas, vómitos, dolores de estómago o cualquier otro indicio de somatización. «Del estudio se deduce que la profesión docente es una de las más tóxicas psicosocialmente», sentencia Iñaki Piñuel, autor del informe.

Cierto es que el mobbing o acoso laboral afecta a los profesores en menor medida que al resto de trabajadores (lo sufren el 7% del personal docente frente al 15% de media de los empleados españoles en activo). Pero superan la media en lo que a estrés se refiere (el 38,89% lo padece frente al 34% de la población madrileña) y son víctimas propicias del burnout o síndrome del quemado, que no es sino un estrés cronificado tras años de padecerlo. El burnout, que se ceba con uno de cada cinco docentes -el doble que el resto de trabajadores madrileños- y están a punto de desarrollarlo uno de cada tres, es una epidemia silenciosa con múltiples manifestaciones: dolores musculares (los padecen 21,1% del profesorado encuestado), nerviosismo (19,2%), fatiga (19,2%), sueño ligero (17,9%), problemas de memoria (12,7%), dolores de cabeza (11,2%), llanto fácil (7,3%)...

Cuánta culpa tiene la escalada de violencia en los centros y de agresiones a profesores en este cuadro de fragilidad psicológica no es difícil de colegir. Mucha si se atiende al apartado del estudio en el que los profesores señalan cuáles son sus principales fuentes de tensión y preocupación. A la cabeza está la falta de apoyo y colaboración de los padres para imponer la disciplina (contesta que les afecta bastante o mucho el 79,3% de los preguntados), la indefensión frente a la violencia en las aulas (72,9%), las faltas de respeto de los alumnos (71,2%), la imposibilidad de imponer orden y disciplina (69,7%), presenciar la violencia y agresiones entre alumnos (67,3%), los incidentes críticos con los alumnos (63,2%), la violencia y agresiones procedentes de alumnos (61,5%)...

El estudio Cisneros IX viene a completar un informe previo de Anpe presentado en mayo pasado y realizado para radiografiar la gravedad del problema. Arrojó un saldo inesperado por lo abultado. Según el Cisneros VIII, el 53,6% de los profesores -uno de cada dos- sufre violencia física o verbal en su trabajo. Es decir, 25.000 profesores en la Comunidad de Madrid y 230.000 en toda España si se extrapolan los datos. En ESO y Bachillerato la cifra sube hasta afectar a dos de cada tres. Un 15% de los docentes de Secundaria son amenazados físicamente.

Era la primera vez que se evaluaba un fenómeno latente que parece aflorar ahora con especial virulencia a juzgar por los titulares de los medios de comunicación. Sólo algunos de las últimas dos semanas: «Una madre agrede a dos profesoras en Elche y un menor apalea a otro maestro en San Vicente», «aparecen pintadas con amenazas de muerte e insultos a un profesor», «No podía dar clase tras la paliza que me dio la madre de una alumna», «tiemblo al ir a clase y vuelvo llorando»... Esta cascada de episodios violentos ha hecho que los profesores comiencen a movilizarse y a exigir que se tomen medidas como han hecho otros países.

VIGILANCIA POLICIAL
En Francia, por ejemplo, el Gobierno ha intervenido este mismo año desplegando un paquete de soluciones entre las que figura la vigilancia policial de los centros más conflictivos. Allí el asunto explotó en mayo pasado cuando los docentes dijeron basta después de que un niño de 12 años intentara estrangular a una joven profesora embarazada. En el país galo, nueve profesores son agredidos cada día y en el curso 2004/05 se registraron 1.651 actos de violencia con armas en las escuelas e institutos.

El tratamiento de choque en España ha partido de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que el 9 de noviembre se comprometió a tipificar como delito de atentado y no como falta todos los casos de agresiones que lleguen a sus manos. Después de que la Fiscalía catalana hiciera también suya la propuesta, el Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, se ha sumado igualmente a una iniciativa que podría conllevar para los agresores penas de hasta cuatro años de cárcel.

Ya ha habido sentencias, al menos en Córdoba, Málaga y Granada, que han resuelto ataques a profesores con penas de prisión. En Granada una madre fue condenada el 24 de octubre a un año de cárcel y a 750 euros de indemnización por la agresión al maestro de su hijo. [El 36,5% de la violencia contra los profesores es ejercida por los padres].

Que la violencia contra docentes sea considerada un atentado figura en la agenda de propuestas de Anpe desde hace años. Eso y que la Ley del Menor incluya el acoso escolar como delito puesto que muchas de las agresiones son protagonizadas por menores. «Lo que no puede ser es que se solucione la agresión a un profesor por parte de un alumno con un mediador», dice Fernando Jiménez, presidente de Anpe Madrid. «¿Se imagina que a la paliza de un maltratador a una víctima de la violencia de género se respondiera con un mediador?».

En cuanto a las raíces de las que brota el problema, en Anpe apuntan a que las sucesivas reformas de la ley de educación no han hecho sino mimar al alumno -«éste tiene 59 derechos frente a nueve deberes»-, romper la asimetría de roles entre profesor y discípulo convirtiéndolos en «colegas» y menoscabando la autoridad del educador. «Ha sido nefasto», dice Francisco Melcón, secretario de organización de Anpe, «ha creado una generación de alumnos sin normas para los que todo tiene valor relativo y ha provocado individuos incapaces de funcionar incardinados en la sociedad».

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