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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Artículos

miércoles, 25 de abril de 2007

Articulo José María Carrascal. www.larazon.es. 20/04/07

José María Carrascal


¿Pudo haberse evitado?, se preguntan los norteamericanos ante los 32 muertos en la Virginia Tech. ¡Claro que pudo! Pero eso es como preguntar si pudo ganarse el partido jugado el día antes. Hubiera habido que cambiar cosas que sólo se ven hoy.

Aunque los síntomas del deterioro mental del joven surcoreano Cho Seung Hui eran claros: llamadas intimidantes a condiscípulas, composiciones macabras en su clase de inglés, actitud despectiva hacia los profesores, hasta el punto de ser llevado ante un juez que, sin embargo, se negó a recluirlo por considerar que “no representaba peligro inminente para él ni para los demás”.

La directora del departamento, sin embargo, le aconsejó que acudiera al psicólogo de la universidad, pero él se negó, y nadie puede forzar aquí a seguir tratamiento psiquiátrico. Sus pobres padres, notando sus problemas, decidieron alojarlo en el campus, lo que representaba para ellos, dueños de una modesta tintorería, una carga adicional. Pero en vez de acelerar su incorporación al cuerpo estudiantil, lo que hizo fue separarle aún más de él. Hoy no hay duda de que Cho se creía rechazado por cuantos lo rodeaban en la universidad, lo que le empujaba a encerrarse en sí mismo y alejarse de los demás, que a su vez se apartaban de él, al no ver forma de comunicarse.

Con el chico que compartía habitación no sólo no hablaba, sino que apenas se veían, al llevar horarios distintos. Los últimos meses ni siquiera aparecía por clase. Esta espiral de soledad y resentimiento no podía conducir más que a una fosa cada vez más profunda, con la única salida de un estallido de violencia. Para demostrar quién era, para ganarse el respeto de los demás, Cho tenía que interpretar al papel de Dios, señor de la vida y de la muerte. Las armas a tan fácil alcance eran el mejor vehículo. El resto ya lo conocen ustedes.

¿Pudo evitarse? Teóricamente, sí. En la práctica, muy difícil. Había que empezar cambiando la legislación norteamericana, puede incluso el estilo de vida del país, cosa que no es fácil. Pero aun así, tampoco puede aceptarse que cada tantos años tengamos una carnicería en una universidad o escuela norteamericana.

Algo tendrá que hacerse, y los primeros tiros, toquemos madera, apuntan a endurecer las normas para comprar un arma de fuego. En vez de bastar el carné de conducir, como hasta ahora, mostrar además un certificado de que no se padece enfermedad mental.

No va a impedir las masacres, pero puede disminuirlas. Algo es algo.

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