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Revista de Prensa: Artículos

miércoles, 9 de enero de 2008

Articulo Luis del Pino. www.libertaddigital.com. 04/01/08

Luis del Pino


Se conmemora este año el bicentenario del levantamiento popular del 2 de mayo y es de agradecer que las instituciones, y en especial la Comunidad de Madrid, estén dando a esa celebración la importancia que merece, película de José Luis Garci incluida.

En su mensaje navideño, Esperanza Aguirre rememoraba cómo aquel suceso histórico significó el nacimiento de la España moderna, una España en la que la soberanía residiera en el pueblo. España como "gran Nación de hombres libres e iguales", dispuestos a ser los dueños de su propio destino.

Uno de los aspectos más curiosos de la Guerra de la Independencia es el que se refiere al valor estratégico de algo que, en condiciones normales, siempre se considera una desventaja o un defecto: la anarquía. La iniciada en 1808 fue la primera guerra de guerrillas de la época moderna, y supuso la derrota del mejor ejército de la época a manos de un pueblo dispuesto a resistir, anárquicamente, más allá de toda razón.

Cuando las tropas francesas entran en España en 1808, estaban acostumbradas a hacer la guerra según unas normas que dictaban algo que parece de mero sentido común: para conquistar una nación, basta con que su capital caiga y el gobernante de turno acepte la derrota. Así había sucedido en los restantes países europeos que Napoleón había sometido. La entrada en España significó para el emperador francés tropezarse con una realidad completamente inesperada, porque la capital del Reino cayó, en efecto, en poder de los franceses, y tanto el Rey Carlos IV como su hijo Fernando VII abdicaron de sus derechos dinásticos en favor de Napoleón; y buena parte de la nobleza, de la jerarquía eclesiástica, de la intelectualidad y del resto de las fuerzas vivas del país aceptaron el nuevo gobierno "legítimo" otorgado por Napoleón y que el propio Fernando VII había acatado.

Sin embargo, fue el pueblo español el que decidió no acatar, en contra de la opinión de sus propios dirigentes, lo que veía como un gobierno impuesto de forma ilegal y violenta. Y personas de todas las clases sociales "se echaron al monte" e iniciaron una revuelta popular que hizo que en España se eclipsara la gloria militar del emperador francés. Porque aquella revuelta cambió la regla no escrita e hizo imposible la victoria napoleónica: ¿cómo conquistar una nación que sigue luchando una vez destituido su rey, una vez conquistada su capital? ¿En qué consiste el acto de la "conquista" si el "conquistado" se niega a reconocer la derrota?

A partir de aquel momento, y durante todo el tiempo que la guerra duró, los franceses sólo fueron dueños del terreno que pisaban, porque en cuanto las tropas abandonaban un pueblo, la guerrilla volvía a hacer acto de presencia, impidiendo las comunicaciones, atacando los puestos de vigilancia y los correos franceses y vengando cada atrocidad francesa con actos no menos atroces sobre unos soldados imperiales cada vez más desconcertados y más desmoralizados. No fueron los guerrilleros los que ganaron la guerra a Napoleón, pero resultaron cruciales para que al final pudiera ganarla un ejército hispano-inglés muy inferior en número al de los franceses.

Resulta paradójico que fuera, precisamente, la desestructuración de la sociedad, la anarquía existente, lo que se convirtió en la principal fortaleza a la hora de evitar la caída de la Nación. Esa "desconexión" entre gobernantes y gobernados, tan nefasta en cualquier otra circunstancia, resultó crucial para garantizar una resistencia perpetua: ninguna presión, ninguna represalia, ningún acto de violencia sobre la clase dirigente, ni a nivel nacional ni local, podía evitar que el pueblo siguiera resistiendo. Esos actos de violencia tan sólo exacerbaban la resistencia todavía más. Porque los españoles resistían no porque se lo ordenara ningún gobernante, sino por voluntad propia, más allá de toda esperanza y de toda lógica.

Para resistir, ni siquiera era condición necesaria la creencia en una victoria final. Resistían tan sólo porque no estaban dispuestos a vivir en un país gobernado por los franceses, lo que implicaba terminar echándoles o morir en el intento. No luchaban para ganar: luchaban, simplemente, porque no tenían otro remedio: habían perdido su independencia y no merecía la pena vivir sin ella.

Especial: Segundo Centenario de la Guerra de la Independencia Española. 1808-1814

Fuente: www.libertaddigital.com
Fecha: 04/01/08

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