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Revista de Prensa: Artículos

lunes, 26 de mayo de 2008

Articulo Ignacio Sánchez Cámara. www.gaceta.es. 05/05/08

Ignacio Sánchez Cámara


Lo que aprendí hace ya algunos años es que el Dos de Mayo de 1808 se produjo el levantamiento de los españoles, o, para ser exactos, de la mayoría de ellos, contra la invasión francesa. Comenzaba así la Guerra de la Independencia, no de la libertad, no de la democracia, no de la igualdad; la Guerra de la Independencia.

Tampoco se trataba del nacimiento o constitución de una nación, cuya existencia se remontaba varios siglos atrás, quizá hasta aquel lejano reino astur-leonés, que aspiraba, según las crónicas, a la recuperación de España. Otro episodio políticamente incorrecto: la Reconquista. Muchos años después, y aunque no soy historiador, pienso que lo que aprendí era verdadero.

Toda “memoria histórica”, valga, aunque mal, la contradicción, suele encubrir una manipulación de la historia, una reconstrucción falsificada e ideológica del pasado. El poder pretende imponer lo que hay que recordar y cómo hay que hacerlo. Ya lo advirtió Orwell: quien controla el presente controla el pasado. Pero la verdad, incluida la histórica, termina por imponerse.

Ni España nació el 1808, ni allí se luchó, al menos exclusivamente, por el liberalismo y la democracia. Baste recordar a los afrancesados. Se luchó por la dignidad e independencia de una, ya vieja, nación. Muchos españoles lucharon por la Monarquía tradicional y contra las “novedades” francesas. Aunque sus reyes, especialmente Fernando VII, los traicionaran. Fue obra popular.

Como advirtió Ortega y Gasset, entre nosotros, lo que no ha hecho el pueblo, ha quedado por hacer. Matizando, aunque poco, la eventual exageración, eso sucedió también en 1808. Fue la hora del pueblo llano. Las clases dirigentes, cuando lo hicieron, se limitaron a seguir al pueblo. Tampoco cabe excluir, en contra de lo que algunos pretenden, a la Iglesia. Hubo, como siempre de todo, pero la mayoría del clero apoyó a los sublevados. El protagonismo correspondió al pueblo católico. “Dios, Patria y Religión” fue uno de sus lemas.

Pero la tergiversación alcanza su cima entre los nacionalistas. Vascos y catalanes, cuando no existían sus delirantes quimeras nacionalistas, lucharon, junto el resto de los españoles, por la independencia de España, es decir, por la suya. No es extraño que la gesta desaparezca de los libros de texto o quede reducida a burda caricatura.

Del monumento erigido en Vitoria “A la independencia de España”, han desaparecido sus dos últimas palabras. Y en los textos docentes, es un decir, del País Vasco y de Cataluña desaparecen acontecimientos como la batalla de Vitoria, el episodio del tambor del Bruch, el sitio de Gerona o los sucesos de Tarragona.

No puede complacer a los nacionalismos el recuerdo de gestas nacionales que sucedieron cuando ellos ni siquiera habían nacido, aunque sus pueblos llevaran una larga vida integrados en la empresa común de España. No les puede complacer el recuerdo de la verdad de vascos y catalanes luchando por la independencia común de todos los españoles.

Así, o relegan al olvido la historia o la transfiguran, adulterándola, en un episodio más de las guerras civiles entre españoles. Algo muy parecido, y aún más, cabe decir de la dimensión americana del conflicto, pues de la común nación española formaban parte imprescindible las provincias de Ultramar.

Vale, en este sentido, mucho la pena leer el libro de José Manuel Cuenca Toribio, La Guerra de la Independencia: un conflicto decisivo. Los principios que inspiraron la revuelta contra la más poderosa máquina militar de la época todavía se conservan, pero no pocas cosas han cambiado. Según Nietzsche, los españoles quisimos ser demasiado.

Los de 1808 no quisieron ser tan poco como siervos de Napoleón. Fue la suya también una gesta políticamente, como la de sus predecesores de la Reconquista. Aquella nación en armas era quizá más ignorante que la actual, pero no menos sabia. Aquella nación era más pobre, pero no menos noble; más atrasada, pero no menos honrada.

Aquella nación en armas, herida en su orgullo y defensora de su independencia, era quizá más nación que esta de ahora. Esto es lo que algunos, con un punto de tristeza, conmemoramos hoy: aquella nación en armas.

Especial: Segundo Centenario de la Guerra de la Independencia Española. 1808-1814

Fuente: www.gaceta.es
Fecha: 05/05/08

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