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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Artículos

miércoles, 28 de mayo de 2008

Articulo Juan Van Halen. www.abc.es. 03/05/08

Juan Van Halen


La gesta del Parque de Monteleón, un edificio que no reunía las mínimas condiciones deseables de defensa, en el que fuera palacio del Duque de Monteleón, centró para la Historia el levantamiento popular del Dos de Mayo y consagró el merecido protagonismo del Cuerpo de Artillería en aquella fecha gloriosa con el sacrificio de los capitanes artilleros Daoíz y Velarde que, junto al teniente de Infantería Ruiz, convirtieron en baluarte y santuario aquellos muros. La única narración de un testigo presencial de aquella entrega desigual a los ideales del pueblo, que no eran entonces sino respuesta a las provocaciones del Ejército de ocupación francés, se debe al teniente de Artillería Rafael Arango, ayudante del Parque, que estaba a las órdenes del comandante de la instalación Navarro Falcón. Arango publicó sus recuerdos años después, en edición sin fecha aparecida en Madrid.

En aquel relato, por tantos motivos estremecedor, Rafael Arango cita cómo el alférez de fragata José de Hezeta Zenea (destinado en la Secretaría de Marina, hijo del teniente general Bruno de Hezeta), fue de los primeros en llegar al Parque a la cabeza de un grupo de paisanos, instando al artillero para que entregase armas al pueblo y desarmara al contingente francés que allí se encontraba de retén. Arango se resistía, por no contravenir las estrictas órdenes de no intervención para todas las fuerzas españolas recibidas del capitán general Francisco Xavier Negrete, y mandó al jovencísimo alférez de fragata (que él supone alférez de navío) a casa del comandante Navarro Falcón, que estaba próxima, para conocer su opinión. En ese momento llegó su amigo, el también alférez de fragata Juan Van Halen Sarti, (destinado a las órdenes del Ingeniero General de Marina, hijo del capitán de fragata Antonio Van Halen Morphy), que se había puesto a la cabeza de un grupo de paisanos de Lavapiés y de camino ya habían tenido enfrentamientos con los franceses.

Cuando Hezeta iba a iniciar su marcha, ya con el ambiente muy tenso y viéndose de lejos a los primeros contingentes imperiales, llegó el capitán Daoíz, que ya se había entrevistado con su comandante, y con voz serena preguntó a Arango «¿Qué tenemos por aquí?». Una vez instruido de la situación decidió contravenir la orden escrita que llevaba encima «de que no hiciese movimiento alguno con sus artilleros, ni saliesen del cuartel hasta no recibir nuevas disposiciones». Entregó armas a los paisanos, aprestó algún cañón, y al grito de «¡A morir! ¡A vengar a España!» se dispuso a convertir el Parque en fortaleza, mientras dio nuevos ánimos la llegada del capitán Velarde con una compañía del Regimiento de Voluntarios de Estado, que mandaba el capitán Goicoechea, única fuerza que había consentido enviar en refuerzo del Parque el coronel del Regimiento, el veterano soldado marqués de Palacio.

La decisión y protagonismo de los artilleros el Dos de Mayo ha hecho que pasase, lógicamente, a un segundo plano la actuación de oficiales de otros Cuerpos, y singularmente los marinos. En las crónicas de aquellos sucesos se cuentan tres oficiales de la Armada, los ya citados José de Hezeta y Juan Van Halen, y el también alférez de fragata Manuel Esquivel Castañeda, por cierto pariente de Van Halen, que estaba destinado en la fuerza de Granaderos de Marina que Godoy había ordenado trasladar a Madrid desde Cartagena, y que aquella mañana estaba de guardia en el Gobierno Militar situado en la Casa de Correos de la Puerta del Sol. Esquivel, al ser relevado de su guardia, y comprobando que el relevo llegaba también sin cartuchos, optó por acudir a su cuartel, en el Palacio del Buen Retiro, y en el camino mantuvo enfrentamientos con los franceses, reconocido como jefe por una partida de paisanos. Aunque algunos historiadores le suponen herido de gravedad en aquella jornada, él mismo lo desmintió en un informe de la época, que recoge José María Alía en «Dos días de mayo de 1808 en Madrid»: «teniendo la fortuna de que ni siquiera me hirieran un hombre...». Esquivel logró escapar a Cádiz.

El que resultó herido de alguna gravedad en la puerta del Parque, en el sangriento encuentro con los franceses, fue Van Halen, que se retiró a casa de sus padres. Cuando su estado se lo permitió abandonó Madrid camino de Galicia, alcanzando a intervenir en la batalla de Rioseco. En El Ferrol se le dio el mando del cañonero «Estrago» hasta la rendición de aquellas plazas. Muchos de los oficiales y paisanos que ingresaron heridos en los hospitales de Madrid fueron detenidos y fusilados por los franceses que, además, asesinaron a varios cirujanos que se resistieron a aquella salvajada. Hezeta huyó a Cádiz y fue de los primeros que allí predicaron la insurrección, y allí se encontraba cuando la rendición de la escuadra francesa en la bahía gaditana el 11 de julio.

Hezeta y Van Halen pasaron al Ejército de Tierra, el primero llegó a alcanzar el grado de brigadier y el segundo el de mariscal de campo. Los dos tuvieron una vida aventurera en España, Europa y América y fueron liberales exaltados. Hezeta trató a Bolívar en Caracas y Van Halen a San Martín en Bruselas. Los dos intervinieron en conspiraciones liberales, defendiendo la Constitución de 1812. Van Halen es, para el historiador José Luis Comellas «el conspirador más típico de la época». Y los dos cayeron en la tentación de la política: José de Hezeta fue jefe político de Granada y de Sevilla, y en sus andanzas por esos mundos, subsecretario del Gobernador General británico de la India, lord William Bentinck. Juan Van Halen fue ministro de la Guerra «avant la lettre» en Bélgica, según el historiador y senador belga Francis Delpérée, como jefe militar de la revolución que dio la independencia a aquel país en 1830, además de mayor general en el Cáucaso, en la Caballería del zar Alejandro I.

Aquellos marinos escribían las primeras páginas de sus azarosas vidas en aquel sangriento Dos de Mayo. Como Esquivel, del que no he seguido el rastro. Eran alféreces de fragata, porque sus superiores, los oficiales de mayor graduación, optaron por la prudencia, mientras ellos apostaron por el riesgo, por la exaltación de la sangre de sus pocos años. Los Granaderos de Marina mandados por el alférez de fragata Esquivel tuvieron una participación heroica. Uno de ellos yace muerto al pie del lienzo de Goya que refleja la lucha contra los mamelucos. Pudiera ser Esteban Casales Riera, la primera víctima mortal de la Armada en la Guerra de la Independencia, aun no declarada. La Armada francesa también intervino en el Dos de Mayo. El dato es poco conocido, pero los soldados franceses que componen el pelotón del lienzo «Los fusilamientos del 3 de mayo» son marinos de la Guardia Imperial. La Armada Española, la mayoría de las veces pie a tierra, tuvo una activa participación a lo largo de la Guerra de la Independencia, pero también intervino con valor y decisión en la primera jornada de aquella insurrección el Dos de Mayo en Madrid.

Decisiva, en el terreno político y de repercusión histórica, fue la participación del auditor del Consejo Supremo del Almirantazgo, Juan Pérez Villamil, que poseía una finca en Móstoles, conocida durante muchos años como «La huerta del Fiscal». Pérez Villamil, al conocer las noticias de Madrid, incitó a los dos alcaldes de Móstoles, Torrejón y Hernández (uno por el estado noble y otro por el estado llano) a firmar un bando que se hiciese llegar a todo el Reino. El propio Pérez Villamil redactó el oficio que entusiasmados de patriotismo firmaron los alcaldes.

La Armada estuvo presente junto al pueblo, gracias al entusiasmo de jóvenes oficiales e infantes de marina, en aquel Dos de Mayo, que sería el inicio del reconocimiento de la soberanía del pueblo, entre la cobardía, enmascarada comúnmente de prudencia, de tantos poderosos. 

Especial: Segundo Centenario de la Guerra de la Independencia Española. 1808-1814

Fuente: www.abc.es
Fecha: 03/05/08

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