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Revista de Prensa: Artículos

jueves, 25 de septiembre de 2008

Articulo Javier Redondo. www.elmundo.es. 10/08/08

Javier Redondo


Dos curas lideraron la emancipación. Acabaron fusilados y el país con un emperador criollo

El cura Miguel Hidalgo (1753-1811) tenía el rostro afilado y las facciones pronunciadas. La nariz aguileña, los ojos grandes, vivos y verdes, ligeramente achinados, y los pómulos marcados. El pintor mexicano Joaquín Ramírez lo retrató mucho después, en 1865, delgado, casi esbelto, en edad avanzada, con muy poco pelo, todo blanco, que le nacía debajo de la coronilla y se dejaba caer tras el cogote. En un lienzo sobrio nos muestra al padre de la patria mexicana como un hombre de Estado, no tanto como un exaltado o un revolucionario. Esta es la imagen que, además de ajustarse mejor a la realidad, trascendió un siglo después de sus hazañas, cuando los revolucionarios que lucharon contra Porfirio Díaz -eran los de los tiempos de Zapata o Pancho Villa- recurrieron a glorificar a iconos de la lucha por la igualdad y la patria. Las estatuas ubicadas en Coyoacan o en Dolores Hidalgo nos muestran a ese otro Hidalgo, el de la arenga revolucionaria, el gran héroe de la independencia mexicana.www.toringa.com
 
 
INDIGENAS Y CRIOLLOS
Hasta México, entonces virreinato de Nueva España, llegaron las noticias de la invasión napoleónica en julio de 1808. Las tensiones entre indígenas y criollos, y entre criollos y españoles se acentuaron. Iturrigaray fue el primer virrey en caer. Antes, trató de apaciguar los ánimos criollos -que aspiraban a ver reflejada en la estructura política su fortaleza económica- nombrando a algunos de ellos para puestos civiles y militares. Además, les permitió participar en el poder de los ayuntamientos. La demanda criolla venía de lejos. Era una cuestión de prestigio y reconocimiento social. Ya en 1771, los criollos de la ciudad de México manifestaron su deseo de tener en exclusiva el derecho a ocupar cargos públicos.

El incipiente nacionalismo mexicano tenía también mucho que ver con la pujanza económica de la colonia. A finales del siglo XVIII México tenía vida propia. Era el primer productor de plata del mundo y daba mucho más a España de lo que recibía de ella. Los ilustrados y hombres de letras reflejaron y transmitieron en sus obras la riqueza del país. Los periódicos Gaceta de Literatura y Mercurio Volante se habían encomendado a tan noble tarea: difundir las excelencias de su tierra. Emplearon sin tapujos las palabras nación y patria. Al principio no distinguieron a la nación mexicana de la hispanoamericana, pero en el fondo el terreno estaba abonado para la lucha por la independencia. Total, que la crisis de la monarquía española y la guerra contra Francia abrieron la caja de los truenos revolucionarios en Nueva España. El hecho de que los criollos pudieran ingresar en el Ejército fue, a la postre, uno de los factores que precipitaron la primera revuelta y la caída del virrey.

El malogrado Iturrigaray se encontró al final prisionero de sus propias decisiones. Cuestionado al mismo tiempo por los criollos y por los peninsulares, que dudaban de su lealtad por haber incluido a americanos en su gobierno y haberles entregado la milicia.Fueron los peninsulares quienes se quitaron del medio al virrey e instauraron un poder español férreo que, sin embargo, no pudo reprimir la cólera criolla, emparentada por puro interés con las clases populares que sufrieron la crisis agrícola y minera de 1809 y la consiguiente subida de precios.

EL REVOLUCIONARIO
El nexo de unión entre indios y criollos fue el cura Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811), hijo del administrador de una hacienda, don Cristóbal de Hidalgo. El cura Hidalgo era, pues, un criollo venido a menos que no sólo no había dado el salto hacia un estatus más elevado, sino que había contemplado de cerca la miseria del mundo rural. Esta circunstancia le llevó a dedicarse al sacerdocio en esos poblados dejados de la mano de Dios. Hidalgo nació en Corralero, Chihuahua, inició la carrera eclesiástica en el colegio de San Nicolás de Valladolid. Después consiguió una beca para la Real y Pontificia Universidad de México, donde fue bachiller en Teología en 1773. De vuelta a Valladolid, ya como sacerdote, ejerció de rector del colegio en el que estudió.Fue destituido porque malgastó los fondos del centro y trató de implantar un plan de estudios más liberal.

En el momento en que empuñó la daga de la revolución ejercía de sacerdote en Dolores (ahora Dolores Hidalgo, en el Bajío, zona agrícola y minera). Algunos de sus biógrafos dicen de él que no era un hombre consagrado a la fe y que no tenía demasiada vocación. De hecho, tuvo dos hijos. Otros le presentan como un inconformista ilustrado y amante de la buena vida. Tanto que tras su despido de San Nicolás recaló en Michoacán, donde la Inquisición le detuvo acusándole de varios delitos, entre ellos, incumplir sus deberes parroquiales, jugar a las cartas, leer libros prohibidos o relacionarse con mujeres. Por tanto, su envío a Dolores hay que considerarlo como una especie de destierro.

De cualquier modo, todos lo describen como un hombre cercano, carismático, peculiar y conocedor de las lenguas indias, lo cual dice mucho de su grado de compromiso con la causa indígena. En las vísperas de la revolución, su parroquia fue un punto de encuentro entre criollos e indios, a los que trató de estimular para que comerciasen con sus productos (cerámica, telas, vinos ).

EL EPICENTRO
El Bajío no era una región especialmente pobre, al contrario, pero sí se caracterizaba por las amplísimas diferencias económicas entre propietarios y tributarios (los que pagaban impuestos), cada vez más dependientes de los hacendados. Mientras, los indígenas trabajaban como mano de obra libre. En otras zonas rurales, la situación de los asalariados y campesinos era mucho peor. Estos trabajaban en las haciendas a cambio de un salario irrisorio, alojamiento y una porción de maíz. Si el trato recibido no era demasiado denigrante, el riesgo de revuelta no era muy elevado, siempre que los propietarios no abandonasen por un tiempo sus tierras.

Dada su ascendencia sobre los indios y mestizos, los criollos reclutaron a Hidalgo para dar el primer paso revolucionario, lo que se conoce como la conspiración de Querétaro. El cura apenas mitigó la desconfianza campesina e indígena contra los criollos, pero tras el verano de 1810 se convirtió en el líder indiscutible de la revolución. Fue después de que el nuevo virrey, Francisco Javier de Venegas, descubriera y desactivase -gracias a la delación de uno de los implicados- la conspiración en ciernes. Ni corto ni perezoso, el 16 de septiembre, en su parroquia de Dolores, Hidalgo cogió el timón, se aferró al estandarte de la Virgen de Guadalupe -imagen de la piedad que sirvió para dar un toque religioso a la revuelta- y lanzó el Grito de Dolores, que no era tanto de independencia como de insumisión, de desgarro ante la desigualdad y la opresión y de rebelión ante un poder español no reconocido. A pesar de que lo pronunció, en principio, en nombre de Fernando VII. La revolución mexicana por la independencia toma, por tanto, un cariz distinto al del resto de hispanoamérica.Aunque fuera diseñada por los criollos -como en el resto del continente-, fue ejecutada por las clases populares.www.toringa.com

60.000 SEGUIDORES
Un mes más tarde del Grito de Dolores, a Hidalgo le seguían más de 60.000 campesinos armados con lanzas, arcos y machetes. Pronto se unieron mineros y algunos trabajadores urbanos, muy pocos criollos. Eran 80.000 antes de finalizar el año. Para entonces, no había duda, el movimiento de masas se adjudicó el lema Independencia y Libertad, pedía la abolición de la esclavitud y la devolución de las tierras a sus propietarios originales, la comunidad indígena. La revolución adquirió así un punto de lucha de pobres contra ricos.

Los hacendados, pudientes, peninsulares y criollos asustados, trataron de hacerse fuertes en Guanajuato. La batalla fue terrible.Las huestes de Hidalgo se despacharon con una ferocidad y violencia inusitada e incontrolada. Pasaron a cuchillo a los defensores y convirtieron la ciudad en un símbolo de una revolución que parecía tener poco que ver con la independencia. Algunos criollos abominaron de la salvaje matanza, otros, como los hombres dirigidos por José Antonio Torres, se unieron a los rebeldes en noviembre, tras la toma de Guadalajara.

Por el contrario, en lugares donde la estructura de la propiedad era diferente a la del Bajío, el movimiento tuvo menos éxito: en San Luis de Potosí, por ejemplo, donde se formó la milicia realista, fiel a la Corona española, que plantó cara a los rebeldes en Aculco y Monte de las Cruces. Allí, la derrota de los rebeldes fue especialmente dolorosa: murieron 2.000 hombres, aunque lo más descorazonador para Hidalgo fue que desertaron 40.000, la mitad de su ejército. La revolución se desmoronaba. Hidalgo no se decidió a tomar la capital porque vio que no reunía los suficientes apoyos. No era considerado un libertador, sino un mero revolucionario defensor de la causa indígena. Por otra parte, el general español Félix María Calleja iba ganando posiciones a favor de los realistas.Tras la derrota de Puente Calderón, a principios de 1811, la suerte estaba echada. Sus tropas, indisciplinadas y mal instruidas, se desperdigaron.

LA INQUISICION
El 21 de marzo, el cura cayó en una emboscada y fue entregado a la Inquisición. Despojado de su toga eclesiástica, fue fusilado el 31 de julio por un tribunal de mayoría criolla.Cuentan algunas crónicas que antes de morir abjuró de su condición revolucionaria y de sus desmanes.www.toringa.com

Desaparecido Hidalgo, su discípulo, el cura José María Morelos, recogió su testigo. Ambos se conocieron en el Colegio San Nicolás, donde éste se había matriculado a los 29 años. No pudo estudiar antes pues, debido a su origen humilde, tuvo que trabajar desde niño. A estas alturas, nadie puede pensar que la revolución mexicana tuviera algo que ver con el liberalismo. Sobre todo después de la proclamación de Aguacatillo y la posterior reunión del Congreso de Chilpancingo, en 1813, donde quedó patente el carácter social e igualitario de la revolución. El 6 de noviembre de 1813, Morelos declaró la independencia de México.

A partir de ese instante cambió su suerte. El virrey Venegas fue sustituido por el eficaz e implacable Calleja y en España, Fernando VII derogó la Constitución de Cádiz. Las tropas de Morelos fueron cercadas. Su gobierno se convirtió en itinerante. Por fin fue capturado el 5 de noviembre de 1815 y fusilado el 22 de diciembre de ese año. La revolución había fracasado. A ello habían contribuido en buena medida los criollos, que se pusieron del lado español a la espera de que la independencia pudiera conseguirse por otros derroteros. El Trienio Liberal español (1820-1823) presentó ese nuevo escenario. Los criollos no estaban dispuestos a enviar diputados a Cortes en Madrid. En ese momento surgió la figura del criollo Agustín Iturbide, que había luchado contra las tropas de Hidalgo y que todavía seguía reduciendo los últimos focos guerrilleros en el sur. Fue él quien finalmente declaró la independencia de México el 27 de septiembre de 1821 y quien, apenas un año más tarde, se proclamó emperador. Pero esa es otra historia o, al menos, la segunda parte de la historia recién contada.

MEXICO AYER Y HOY
Nueva España tenía en 1810 alrededor de seis millones de habitantes. La capital, Ciudad de México, era la segunda ciudad del Imperio tras Madrid, con 168.811 habitantes.A finales del siglo XVIII, México es gran productora de plata o textiles. Una sociedad profundamente religiosa poblada por indios (60%) y criollos (17%). Los peninsulares y europeos, conocidos como gachupines, representaban sólo el 0,2%. El 80% de la población estaba empleada en el campo. Hoy, México ha superado el estancamiento político e institucional que supusieron los gobiernos del PRI.Al final de su mandato, el país estaba bajo una crisis de la que salió en la época de los tecnócratas. Las mejoras se notaron en 2006, cuando la economía creció un promedio del 4,5%. Con una renta per cápita que ronda los 9.000 dólares, es la segunda potencia económica de América Latina . El país tiene casi 107 millones de habitantes, de los cuales, nueve son de la capital, México D. F.

INDEPENDENCIA CON EMPERADOR
Con las primeras noticias de la Guerrra de la Independencia de España comienza la revuelta mexicana en 1808. En agosto de este año la población criolla rechaza la soberanía española. La primera víctima de los acontecimientos fue el virrey Iturrigaray, secuestrado y apartado del poder. Este es el origen de la lucha nacionalista criolla encabezada por el cura Miguel Hidalgo. Su bautizo como héroe indepedentista tuvo lugar a mediados de 1810, en la Conspiración de Querétaro. La victoria de Bajío tuvo su contrapunto a finales de 1810, con derrotas como las de Aculco o Puente Calderón. El fin de Hidalgo llega en 1811. El 21 de marzo será apresado y el 31 de julio fusilado. Su ideario será recogido por José María Morelos. Este clérigo conseguirá una efímera independencia el 6 de noviembre de 1812. Dura tres años. En marzo de 1813, Félix María Calleja será nombrado virrey. Derrota a Morelos, ejecutado en 1815. Pero la ansiada independencia vendrá, el 27 de septiembre de 1821, de la mano del criollo Iturbide. Un año después, en 1822, se proclama emperador.

 

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Fuente: www.elmundo.es
Fecha: 10/08/08

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