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Revista de Prensa: Artículos

jueves, 9 de octubre de 2008

Articulo Javier Redondo. www.elmundo.es. 24/08/08

Javier Redondo
Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III de Madrid


El militar de sangre anglosajona, gobernó como un despota ilustrado "cruel" y "estupido" 
 
Igual que en Manuel Belgrano, observamos en Bernardo O'Higgins una actitud marcial y un porte napoleónico que nos descubre, de entrada, a un militar metódico y concienzudo, de esos que entienden la carrera profesional como una forma de vida, regida, incluso en su quehacer cotidiano, por los inquebrantables principios castrenses. Sin embargo, a diferencia Foto: www.britannica.comdel libertador argentino, los mofletes sonrosados de O'Higgins muestran, junto con el apóstrofe en su apellido, sus raíces anglosajonas. A propósito, cuán grande fue el papel de Inglaterra en la emancipación americana, sobre todo de los países del sur. La corona británica jugó siempre a la contra de la española y encontró en América Latina la ocasión propicia para debilitarla.
 
 
EL HIJO ILEGITIMO
Bernardo O'Higgins nació en Chillán, Chile, el 20 de agosto de 1778. Era hijo ilegítimo de un irlandés que trabajó para la monarquía española y prosperó mucho en su carrera política -llegó a ser virrey de Perú- y de una joven de la nobleza chilena casi 40 años más joven que él. Aunque Ambrosio O'Higgins dio su apellido a sus dos hijos nunca se casó con María Isabel Riquelme.

Como otros libertadores, O'Higgins se educó en buenos colegios y pronto viajó a España acompañado por su madre. Cuando agonizaba el siglo XIX, instalado en Cádiz, en la casa del comerciante chileno Nicolás de la Cruz, padeció la fiebre amarilla, entre otras penalidades. Igual que el libertador argentino San Martín, residió luego en Londres, donde tomó contacto con Francisco de Miranda y las logias emancipadoras.

La suerte de su futuro estaba echada. Regresó a Cádiz, pero su destino ya había sido trazado, a pesar de que diversos avatares y accidentes retrasaran una y otra vez su vuelta a América. Cuando desembarcó en Chile, su padre había fallecido dejándole una herencia considerable. En ese momento, hablamos de 1802, adopta el apellido con el que pasó a la posteridad. Ocupó la alcaldía de un par de ciudades, su natal Chillán y Los Angeles.

En 1810 defendió la causa de la independencia de Chile, basada en el argumento de la libertad de comercio. Creyó que Chile estaba maduro para constituirse en nación. No obstante, entre las clases populares no había arraigado el sentimiento de nacionalidad. Sea como fuere, la primera Junta de Gobierno se convocó el 18 de septiembre de ese año, aprovechando el fenómeno de formación de Juntas en España durante la Guerra de la Independencia. Esta fecha es simbólica en los festejos de la independencia de la nación.

LIBERTAD POR MAR
En julio había renunciado el gobernador García Carrasco. Le sucedió el militar criollo Toro y Zambrano, conde de la Conquista y uno de los personajes más destacados de la Historia de Chile y posteriormente presidente de la Junta. En febrero del año siguiente se decretó la Foto: www.britannica.comlibertad de tráfico marítimo. Además, la Junta reorganizó las milicias, convocó elecciones para el Congreso Nacional y aprobó el envío de tropas para ayudar en su proceso de emancipación a los bonaerenses. Esto último gracias a la influencia del vocal de filiación radical Juan Martínez de Rozas, de origen porteño y amigo de O'Higgins. Ambos habían formado parte, a principios de siglo, de un círculo secreto de jóvenes libertarios denominado Los duendes patriotas.

El 4 de julio de 1811, bajo el gobierno de José Miguel Carrera, se constituye el Congreso Nacional, uno de los más antiguos de Hispanoamérica, compuesto por 38 diputados, 24 moderados y 14 exaltados, entre los que se encontraba O'Higgins como diputado electo. En aquel momento, Chile parecía un modélico ejemplo de independencia e interiorización de los principios del liberalismo revolucionario. Proclamó una Constitución y diseño su primera bandera, formada por tres bandas horizontales, azul, blanca y amarilla. El proceso avanza a base de golpes militares liderados por Carrera. Finalmente, éste disuelve el Congreso a finales de ese mismo año. O'Higgins, aquejado de problemas de salud, renuncia a sus cargos y pasa a ocuparse de sus negocios y de su hacienda. Carrera constituye un gobierno de tinte personalista. De hecho, en 1812 sometió a la provincia de Concepción, gobernada por Rozas, a quien apresó y después desterró en Mendoza, donde murió al poco tiempo. Para entonces ya habían comenzado las rivalidades entre José Miguel Carrera y O'Higgins.

ESPAÑA, FUERA
A pesar de todo, volvió a ponerse a las órdenes de Carrera cuando la causa de la independencia peligraba, allá por 1813, momento en el que España reforzó sus tropas en Chile. Sus victorias en el campo de batalla eclipsaban la figura de Carrera. A pesar de lo cual, éste reconoció su empuje, patriotismo y valor. Luego, la itinerante Junta de Gobierno depuso a Carrera y los sustituyó por el propio O'Higgins. Entre tanto, como nadie es profeta en su tierra, el militar de origen irlandés fracasaba en la campaña de Chillán. En esa batalla perdió honores y posesiones. Los realistas tomaron su hacienda e hicieron prisioneras a su madre y hermana.

Su salida fue firmar, en 1814, el Tratado de Lircay con Gabino Gainza, que estaba al frente de las reforzadas tropas realistas -llegaron 800 nuevos soldados procedentes de Perú-. El Foto: www.deguate.comTratado estipulaba el cese de las hostilidades y la desocupación española del territorio. A cambio, Chile reconocía a Fernando VII y se comprometía a enviar diputados a las Cortes de Cádiz.

La reputación de O'Higgins fue puesta en entredicho. Carrera dio un nuevo golpe, a su vez contrarrestado por otro. Es el primer conato de guerra civil y el primer enfrentamiento entre tropas de O'Higgins y de Carrera, comandadas por sus hermanos Juan José y Luis. Posteriormente, la reafirmación del poder de Fernando VII derivó en una serie de derrotas de los ejércitos emancipadores, lo que obligó a los enemigos íntimos a reconciliarse para pelear juntos. Sus rivalidades se trasladaron al ámbito estratégico. Entre el 1 y el 2 de octubre de 1814, O'Higgins sufrió una severa derrota tras lanzarse a la desesperada contra el enemigo. La batalla se conoce como el Desastre de Rancagua, ciudad situada unos 80 kilómetros al sur de la capital Santiago. Así cayó la Vieja Patria como se conoce al periodo comprendido entre 1810 y 1814, cuando Chile volvió a caer en manos españolas.

RECUPERAR CHILE
Tras entrevistarse por última vez en Santiago con Carrera, marchó para Argentina con su madre y hermana. Allí estrechó lazos con San Martín junto a quien retomó la causa de la liberación del continente. Los ejércitos de ambos se unieron en Mendoza para acometer la campaña de los Andes y recuperar Chile. En febrero de 1817 entraron triunfantes en Santiago. La Junta Suprema le ofreció al argentino liderar la nación. Finalmente, el honor recayó en Bernardo O'Higgins, nombrado director supremo de Chile. Justo un año después, el 12 de febrero de 1818, y todavía con focos realistas por extinguir, firmó el acta de independencia. Había nacido una nueva nación.

Hasta aquí el auge del libertador. A partir de este momento inició su periodo de decadencia. Algunos historiadores dicen que gobernó como un déspota ilustrado y que su vulnerabilidad se debió a su liberalismo radical -abolió los títulos hereditarios- y a su falta de sentido político. Bolívar, personaje a quien debemos desmitificar, lo definió como «un déspota estúpido, aborrecido generalmente por su crueldad y mala administración». Si bien, más allá de que rivalizaran políticamente, Bolívar no solía aceptar de buen grado a quienes le hacían sombra a la hora de erigirse en adalid único de la emancipación.

Quienes catalogan a O'Higgins de conservador lo hacen en función de su capitulación con la firma del mencionado Tratado de Lircay y de su enconada disputa con el exaltado Carrera. Además, su acercamiento al moderado San Martín permite la misma interpretación. En todo caso, la amistad entre ambos se fraguó en Londres, mucho antes de que uno y otro acometieran sus empresas políticas y militares. El caso es que su gobierno no gozó de apoyo social, por eso ninguno de sus errores era pasado por alto, argumentan quienes le defienden. David Bushnell dice que muchas de sus medidas progresistas se tomaron por inercia en todo el continente pero sólo en Chile encontraron contestación. Ello se debe a «la resistencia al cambio» de la sociedad chilena.

UN MILLON DE LIBRAS
El caso es que acechado por la rebelión de las provincias y por una crisis económica -su gobierno fue el primero de América Latina que recibió un préstamo internacional: en 1882 obtuvo un millón de libras-, cuestionado por sus excesos en el poder y por depositar una excesiva confianza en su consejero, el ex realista José Antonio Rodríguez Aldea, y tras un último intento de aferrarse al cargo de director supremo por al menos otros 10 años, tras la aprobación de de nueva Constitución (octubre de 1822), en enero de 1823 lo abandona y se exilia en Perú. El historiador John Lynch dice que el texto constitucional era bastante equilibrado, pero que la oposición no toleró el descarado intento de perpetuarse en el poder. Su gobierno centralista fue sustituido por una sucesión de otros que trataron de imitar el modelo federal estadounidense.

Entonces, O'Higgins escribió a San Martín: «Chile ha tocado ya el último grado de humillación nacional [...] El país es nulo, nulo en todas sus partes; sin tropas, sin crédito, sin caudales, sin espíritu público, sin unión».

En 1828, Chile aprobó una nueva Constitución, a medio camino entre el provincialismo y el centralismo. De cualquier modo, a estas alturas y después de repasar los procesos de independencia de Bolivia, México, Argentina, Perú y Chile, llegamos a la conclusión de que los criollos sabían que querían la independencia, pero da la sensación de que luego no supieron qué hacer con ella. De hecho, acaba de aparecer un libro del profesor de Derecho Internacional Augusto Zamora que pone en solfa la versión comúnmente admitida de que los criollos eran unos ilustrados que creyeron que el progreso económico y social pasaba por la independencia. Por ella sólo pasaba su particular ascensión política. En el fondo, la mayoría de los libertadores terminan imbuidos de un pesimismo antropológico que les lleva a desconfiar de la capacidad de sus gentes para gobernarse autónomamente.

Muchos años después quiso volver a Chile. A los pocos días de tomar la decisión, después de que el Congreso Nacional le permitiese hacerlo, le reconociese sus bienes y le restituyera los honores militares, murió de un ataque al corazón. Fue en Lima el 24 de octubre de 1842. Hoy, O'Higgins es tan conocido por su trayectoria histórica como popular por dar nombre a un modesto equipo de fútbol de primera división de la simbólica y ya citada localidad de Rancagua.

NUEVA CONSTITUCION
La primera Junta de Gobierno se creó en septiembre de 1810, aprovechando el fenómeno del juntismo español. La Junta chilena reclamó el autogobierno de la región. Su presidente fue Toro y Zambrano. Durante el año siguiente se trabajó en la creación y elección del Congreso Nacional, que se constituye en julio de 1811 bajo la presidencia de José Miguel Carrera, del Foto: www.deguate.combando exaltado y posterior adversario de O'Higgins. Carrera se convierte en dictador. En 1813 los realistas españoles recuperan posiciones y Carrera es sustituido por O'Higgins al frente de la Junta. En 1814 se firma el Tratado de Lircay: Chile reconoce a la corona española. Estallan conatos de guerra civil. En octubre se produce el Desastre de Rancagua frente a las tropas fernandinas. Cae la Vieja Patria. En Argentina, O'Higgins reorganiza su ejército junto a San Martín. En 1817 toman Santiago de Chile. Se forma la Junta Suprema, presidida por O'Higgins. En febrero de 1818 proclama la independencia de la nación. O'Higgins aprueba una nueva Constitución en 1822. No sería la última en esa década inestable y con disputas internas.

CHILE, AYER Y HOY
Chile tiene una forma muy peculiar. Situado en el extremo occidental de América del Sur, tiene sólo una media de 200 kilómetros de ancho (400 de anchura máxima) y una longitud de más de 4.000 kilómetros. Como el resto de los países de su entorno, su economía estaba basada en el siglo XIX en la ganadería y la minería. Se habían creado grandes extensiones pertenecientes a criollos enriquecidos, lo cual había aumentado las diferencias sociales. Los españoles eran poco más de 20.000 pero ejercían una posición dominante. Su pronta incorporación al tráfico marino y al comercio internacional lo hizo igualmente dependiente del crédito extranjero. Su industrialización no llegó hasta mediados del XIX. Hoy constituye una de las economías más estables y desarrolladas de América Latina, aunque adolece de cierta dependencia energética. EEUU, Canadá, Reino Unido y España son los países que más invierten en Chile. Asimismo, goza de un sistema político avanzado y equilibrado, con menos riesgo de involución que en los países de su entorno. Tiene unos 16 millones de habitantes, cinco de los cuales residen en Santiago, la capital.

 

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Fuente: www.elmundo.es
Fecha: 24/08/08

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