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Revista de Prensa: Artículos

jueves, 27 de agosto de 2009

Articulo Enrique Pascual. Cinco Días. 20/08/09

Enrique Pascual


Lejos de la máxima napoleónica de que el valor de los hombres viene determinado por la posición que ocupan, los procesos de regulación de empleo (ERE) se han erigido en un punto de inflexión en el que el valor humano es independiente al puesto que ocupen y a las tareas que desempeñen. El verdadero valor está en la comunicación, en el trato individualizado hacia las personas, la cercanía y la transparencia. Las personas son los principales afectados y el gran activo para resurgir.

Un ERE es un punto que puede marcar un cambio positivo hacia el futuro y dar lugar a una nueva compañía fortalecida. Es un momento que requiere compromiso, transparencia, entendimiento mutuo, integridad, un trato cercano y la involucración de todas las personas de la compañía para afrontar el triple reto de los ERE: motivar a los que se quedan, cuidar de los que se van y crear la confianza necesaria para sacar adelante el nuevo proyecto.

La comunicación ha de jugar un papel estratégico en la contención de información sensible a enviar hacia el exterior, evitando que la empresa o marca se vea afectada de forma negativa como para acallar posibles rumores, desengaños y malinterpretaciones. Una comunicación eficaz, directa y clara, pues de ella depende la unidad del grupo, la motivación y la comprensión de la situación.

Es fundamental la transparencia de las cifras y la cercanía hacia las personas. No es el momento de buscar culpables sino de arrimar el hombro y de explicar y aportar datos objetivos para evitar que los empleados sientan que se aprovecha la crisis para recortar más gastos de los necesarios. Es muy probable que los empleados no sean conscientes de que la adopción de medidas rigurosas en el corto plazo evita la necesidad de tener que ejecutar soluciones aún más drásticas en el futuro.

En los procesos de crisis laboral, resulta imprescindible actuar sobre tres de los grandes activos de la comunicación: la proactividad, la rapidez y la eficacia. Proactividad, porque es la compañía quien debe liderar la comunicación con los empleados. Rapidez, porque debe ser la empresa la que marque los tiempos y no se deje arrastrar por las opiniones de terceros. Y eficiencia porque el mensaje ha de transmitir exactamente la situación, sin quedarse corto, pero también sin alarmar.

Con estas acciones se pretende garantizar el trato digno y de agradecimiento a quienes se van y mantener la ilusión y trabajar la autoestima de que se quedan. Hay que trasladar mensajes positivos y destacar las posibilidades de desarrollo profesional de las personas.

En los procesos de crisis no hay fórmula infalible. La mejor estrategia de comunicación es la que resulta de saber mezclar en una coctelera la información veraz que se da a los empleados y la imagen de continuismo, estabilidad y garantía que se transmite al exterior -accionistas, proveedores, colaboradores, medios de comunicación, etc.-. Saber agitar adecuadamente una u otra información es clave para garantizar la viabilidad de la compañía, salir más reforzados del proceso y contar con el compromiso y motivación de quienes deben asumir los nuevos retos. Agitado, no mezclado, que diría James Bond.

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