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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Artículos

lunes, 14 de septiembre de 2009

Articulo La Razón. La Razón. 13/09/09

La Razón


Es necesario impulsar una educación en la que se recupere la autoridad y la disciplina

Algo está bullendo en el interior de numerosos adolescentes y jóvenes españoles que necesita una urgente implicación y respuesta por parte de la sociedad. La batalla campal que se produjo la  semana pasada en Pozuelo de Alarcón (Madrid) –donde 20 jóvenes fueron detenidos, siete de ellos menores– es un síntoma más que significativo de que este sector de la población vive en una realidad, por lo general, carente de valores y principios en la que, además, se siente impune si comente cualquier episodio violento. Cabe precisar que no se está hablando de jóvenes en riesgo de exclusión social ni de colectivos radicales. Forman parte de un núcleo familiar y social en apariencia estructurado y donde, supuestamente, no conviven con carencias económicas y afectivas que puedan alterar su comportamiento o su estabilidad psicológica. Entonces, ¿qué les está sucediendo?

Según un reportaje publicado en La Razón, los expertos dibujan un perfil que corresponde con estos adolescentes y jóvenes: carecen de normas y no tienen conciencia de sus derechos y obligaciones, además de sufrir una notoria ausencia de autoridad paterna que les marque unos límites. Las posibles consecuencias son conductas conflictivas, el consumo de cannabis y alcohol y un carácter violento que les lleva a las agresiones verbales y, en el caso más extremo, a las físicas. Un dato especialmente relevante son las crecientes agresiones que ejercen los hijos sobre sus progenitores. Si en 2006 se produjeron 6.000 denuncias de padres contra sus vástagos, en 2008 la cifra ascendió a 8.000.

Frente a estos patrones de conducta, los padres corresponden con otros que tampoco dejan de ser relevantes. Muchos de ellos son excesivamente compresivos con sus hijos ante el temor de sus posibles reacciones. A eso se une una buena situación económica que les lleva a consentirles, más que sus necesidades, sus caprichos, y se sienten desprovistos de recursos para gestionar su educación, por lo que derivan esa labor a los centros educativos y de ocio. 

Por supuesto que no se trata de culpabilizar a los padres, más aún en una sociedad en la que, por su propia dinámica, es difícil armonizar las relaciones familiares. Sin embargo, no hay duda de que se impone un viraje en la formación y educación de nuestros jóvenes desde la infancia. El sentido de autoridad y de disciplina, que no es excluyente con la flexibilidad cuando sea preciso, debe ser el primer pilar, así como el fomento del sentido de la responsabilidad individual y colectiva. Como también hay que evitar fomentar y exaltar, desde cualquier ámbito privado o público, las virtudes de una sociedad excesivamente hedonista donde el valor del esfuerzo no tiene cabida. Prueba de esto es que el 14 por ciento de los jóvenes de entre 16 y 24 años ni estudia ni trabaja.

Por último, no cabe minimizar los efectos que el consumo de drogas y alcohol está causando en nuestra juventud. Los sucesos de Pozuelo se iniciaron por un «botellón». Las medidas coercitivas, como la prohibición de esta práctica en la vía pública, es un comienzo pero no la solución. La raíz está en una equivocada cultura del ocio entre los jóvenes –que parece que no tienen otras alternativas para divertirse–, la cual debería de ser desterrada más pronto de tarde.

Queda mucho por hacer y es responsabilidad de todos. Porque es inexcusable cambiar este modelo permisivo donde todo vale. La labor de concienciación debe ser constante. Los resultados no serán inmediatos, pero, sin duda, se logrará que los adolescentes y jóvenes tomen conciencia de sí mismos y de las consecuencias de  sus actos desde una temprana edad.

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