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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Artículos

viernes, 17 de septiembre de 2010

Estados Musulmanes de América

Rafael L. Bardají
Director de Política Internacional de la Fundación FAES


 

Que el actual presidente norteamericano diga con total tranquilidad que ha viajado por los 57 estados de la Unión, cuando sólo hay 50, se le puede perdonar. Al fin y al cabo tampoco creo que Rodríguez Zapatero sepa cuántas provincias componen España. Pero lo que no se le puede permitir es que afirme que América es uno de los principales países de población musulmana o que crea que el islam ha desempeñado un papel esencial en la creación e historia de Norteamérica. No es verdad. Pero más que ignorancia, sus opiniones ponen al descubierto sus creencias. Erróneas y peligrosas.

La última de Obama respecto al islam ha sido su defensa, durante la celebración del iftar –la primera comida del día durante el Ramadán, ofrecida en la Casa Blanca el pasado día 10– de la construcción de una mezquita a pocos pasos del ground zero, el punto donde los aviones de los yihadistas de Bin Laden destruyeron las Torres Gemelas y asesinaron a 3.000 personas aquel infame 11 de septiembre de 2001 en lo que fue y sigue siendo el mayor ataque terrorista de la Historia.

Barack Hussein Obama –ahora que ya no oculta su segundo nombre, como hizo durante su carrera presidencial– ha justificado su apoyo al centro Córdoba en Manhattan por su profundo respeto a la libertad de culto en América y porque considera que quienes se oponen a este nuevo centro de oración y culto lo hacen por sentimientos de dolor, traumáticos, y, por tanto, irracionales. Pero su argumentación responde a sentimientos personales y valores muchos más profundos en la psique del presidente americano.

Según sus propias palabras, Obama cree que el islam es una religión pacífica y tolerante. Lo dijo en su discurso en El Cairo en junio de 2009. Sorprende que sus palabras fueran que él era testigo directo de ello cuando en su juventud en Indonesia los cristianos “podían rezar libremente”. Llamativo que un presidente cristiano practicante, como él mismo se definió en la campaña electoral de 2008, se refiera a los cristianos en tercera persona, pasando a formar parte de lo que en realidad era por aquel entonces: un joven formado en el islam, como su padre.

Pero creer de verdad que el islam es una religión tolerante y pacífica es un acto de fe ciega que no se corresponde con la realidad pasada o presente. En todas las religiones hay extremismos, pero en ningún sitio son tan importantes como en el islam. Más del 75% de los inmigrantes musulmanes en la España de 2010, por poner un ejemplo, considera que su religión es superior a las demás, según un estudio del ministerio de Rubalcaba. Y el Corán siempre ha divido a la Humanidad en dos: los creyentes del islam y los infieles, cuyo futuro sólo puede ser la dominación, la conversión o la muerte. Ninguna otra religión se entiende de manera excluyente hoy en día.

Tampoco tiene muchos más visos de realidad la afirmación de Obama a una televisión francesa de que Estados Unidos es, por número, una de las mayores naciones con población musulmana. En contra de todas las estadísticas al uso, el inquilino de la Casa Blanca cree que en América viven más de seis millones de musulmanes, cuando todo apunta a que no superan los tres. Pero con todo, aun si tuviera razón, su desconocimiento es enorme. Con seis millones de musulmanes, América ocuparía el puesto 34 en el mundo, muy alejada de los casi 200 de Indonesia, los 160 de Pakistán, los 154 de India, los 72 de Turquía, los 70 de Egipto, los 60 de Irán o los 30 de Marruecos, por citar unos pocos. Incluso estaría por debajo de los ocho de Francia.

Si Obama estuviera equivocado, simplemente no habría mayor problema. Alguien acabaría por corregirle, pero su persistencia en el error lleva a pensar que confunde sus deseos con la realidad. Y eso es mucho más grave.

Defender la construcción en un solar arruinado por unos islamistas suicidas de un centro de culto musulmán como una mera cuestión de libertad de culto, es un grave error moral, humano y estratégico. Ni siquiera es una simple cuestión de sensibilidad hacia las víctimas del 11-S y sus familiares. Responde a una mala interpretación de lo que está en juego. Obama ha impuesto que en la terminología oficial un atentado terrorista pase a ser llamado “un acontecimiento de destrucción por causas humanas”, asimilando la ideología a las fuerzas naturales de un tornado cualquiera. Y el pasado día 10 se refirió a los ataques del 11-S como “un acontecimiento traumático”, todo menos nombrar lo que fueron: un acto de guerra contra América, sus valores y su naturaleza.

Obama no puede creer en la guerra contra el terror yihadista porque eso es incompatible con su visión de que el islam ha jugado un gran papel en la Historia americana. El único gran papel que en realidad ha jugado ha sido el 11-S, desgraciadamente.

El pueblo americano sabrá, pero yo no creo que los Estados Unidos de América sean los Estados Musulmanes de América. Al menos no todavía. Pero todo apunta a que si por Barack Hussein Obama fuera, que llegasen a serlo no sería un grave problema.

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Fuente: La Gaceta
Fecha: 27/08/10

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