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Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.
 

Revista de Prensa: Artículos

martes, 5 de abril de 2011

Tecnología punta del siglo XIX

Francisco Pérez Abellán



Un joyero enseña un butrón en su tienda

Hay unas bandas especializadas en butrones. Están compuestas por gente preparada y especialistas que se dedican a esta lucrativa actividad con reiteración y eficacia. Un butrón es un agujero en una pared medianera, aunque también se puede practicar del techo al suelo, o desde el suelo hacia arriba. Por ese agujero se introducen los delincuentes y limpian todo lo que tenga la tienda.

Uno de los comercios más castigados por los butroneros son las joyerías. Los delincuentes buscan algún local que tenga a uno de sus lados un local cerrado, o uno que se quede cerrado el fin de semana y desde el que se pueda acceder al almacén que interesa. Armados con el mayor de los sigilos, los butroneros practican una entrada, supongamos que a un piso vacío y desde allí hacen el butrón a la joyería. El tiempo que están sin que se sepa es la base para desvalijar toda la tienda.

El gremio de joyeros de Madrid se queja de que la oleada de butrones que sufrieron el pasado año no sirvió para que la Policía sorprendiera in fraganti a ninguna de las bandas. En más de setenta butrones y robos se avisó tarde a la Policía y por tanto, cuando llegaron solo pudieron recoger los cristales rotos. Al parecer, algunas empresas de seguridad ofrecen un servicio de alarma que a la hora de la verdad es vulnerable a los ataques de las bandas, hasta el punto de que queda inutilizado o reacciona tarde.

Un técnico que ha estudiado todos estos casos anunciaba en la Comisión de Seguridad de la CEIM (Confederación Empresarial de Madrid), celebrada en febrero, que los periodistas decían que los delincuentes tenían la tecnología más avanzada, pero que cuando él hizo la reconstrucción descubrió que los medios avanzados eran unos alicates.

Los joyeros están hartos. Ya han señalado que basta con retoques en la legislación para evitar esta situación de miedo y crispación, pero los políticos, que muy pronto necesitarán su voto, no quieren hacerles caso. El año pasado se produjeron más de 180 atentados contra joyerías, de los cuales unos setenta fueron robos con fuerza, y de ellos, más de cincuenta fueron butrones realizados con éxito en los que los ladrones consiguieron sus objetivos sin ser molestados. Los joyeros hablan de fracaso en la prevención y disuasión de su seguridad, y culpan a las empresas con las que trabajan por no emplear métodos de respuesta más certera.

La ley obliga a los joyeros y otros profesionales a estar conectados a una central de alarmas encargada de avisar a la Policía. Por tanto,  si se detecta que algo no va bien, se avisa; incluso si los ladrones cortan la línea, la central debe saberlo en seguida y dar la alerta. Pero los ladrones han descubierto el método para que el proceso se suspenda. En ninguno de los hechos sucedidos la Policía fue informada a tiempo, lo que empieza a parecerse a un sainete de Arniches.

Los ladrones, a veces, utilizan inhibidores de frecuencias, disponibles en varias tiendas, para anular las alarmas. En cuanto se detecta esta particularidad, la central debe dar aviso. Pero hasta ahora nunca han estado sincronizados. A veces, según los joyeros, se reciben los avisos horas o días después de haberse producido. A veces un aviso de corte de línea llega con un retraso de 48 horas.

Exigir responsabilidades

Los butroneros, mientras, trabajan sin descanso llevándose muestras, mantas de mercancía, anillos, relojes y joyas en general. Ha ocurrido que hasta el lunes no ha trascendido la irregularidad del robo, en teoría tan controlado. Algunos joyeros exigen que las compañías que no han cumplido paguen mediante demandas judiciales.

Reclaman negligencia en las tareas de seguridad. Armando Rodríguez, secretario del gremio y presidente de la Comisión de Seguridad de CEIM, dice que la única manera de que tomen en serio la denuncia es exigiendo responsabilidades.

Por otro lado, conviene establecer unas normas claras de actuación ante cualquier intento de robo con agujero, butrón o «rififí» afrancesado: que se sepa en cada zona cuál es el cuerpo policial más dotado. Por ejemplo, deberían llamar por sistema a la Policía y Guardia Civil y después a la Policía local que tenga mayores efectivos y esté más cerca.

Si el gremio de joyeros está preocupado porque no se detectan los butrones «con maquinaria pesada», a pesar de que a veces se tardan días en  realizarlos, ¿qué decir de los «aluniceros», que con equipo ligero sólo tardan unos segundos en desvalijar el escaparate?

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