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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Artículos

viernes, 15 de abril de 2011

Enseñanzas de la crisis en el Mediterráneo (III)

Enrique Fojón
Analista de Seguridad Internacional


 

Desde que empezaron las operaciones militares aliadas para apoyar la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, se produce la paradoja que la atención está más volcada en las vicisitudes de la coalición, que se ha ofrecido para poner en práctica la resolución que en el desarrollo de las operaciones. Esta circunstancia, tiene descolocados a gran parte de los analistas internacionales porque es laborioso poner en orden el proceso anárquico que se despliega ante sus ojos.

Uno de los elementos útiles para analizar la situación libia es el sentido del voto de los miembros del Consejo de Seguridad y su conducta durante la injerencia en la guerra civil libia. Por lo tanto, parece adecuado identificar los actores del reparto de la obra: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Turquía, Italia, Rusia, China y algún país del Golfo. Todos tienen un papel diferente porque sus intereses lo son. La obra tiene la característica de que el guión se va improvisando a medida que esta se desarrolla, algo relacionado con el arte naif.

Obama tuvo que comparecer públicamente el día 28 de marzo para dar explicaciones de la implicación americana en la guerra. La prensa señala que el presidente demócrata no estuvo convincente, apeló a motivaciones éticas y aseguró que la implicación está en función de los intereses de Estados Unidos, a la vez que ratificaba que la intervención americana sería limitada. Sobre lo relativo a las explicaciones sobre el interés nacional o, lo que es lo mismo, la racionalidad estratégica de la intervención, la opinión mayoritaria es que no fueron convincentes. La disparidad entre la finalidad política y los objetivos militares, así como los medios empleados, es evidente y, si se ratifica que el cambio de régimen es el objetivo estratégico, la escalada de la misión está servida. El primer paso en la escalada es el apoyo con armas y asesores a los rebeldes y el problema puede agravarse con la presencia de terroristas de Hizbulá y Al Qaeda en las filas de los sublevados.

La intervención libia ha ratificado, una vez más, que el protagonismo americano es el factor que posibilita cualquier intervención militar occidental. Los indicios apuntan a que los estadounidenses, como los hermanos mayores, han mostrado el camino al resto de la prole y les han dicho que anden, pero éstos no arrancan. En un acto de ingeniería de supervivencia, se ha implicado a la OTAN en el conflicto, lo que ha requerido enormes dosis de imaginación y de alianza ficción. Hay que tener presente que se ha implicado en el conflicto a parte de la estructura militar de la organización de la Alianza, pero no a la misma Alianza. Podría decirse, de forma coloquial, que los miembros de la coalición han pedido prestado un cuartel general de nivel operacional para la tarea, pero la OTAN, como institución política, materializada en el Consejo Atlántico, no ejerce la dirección política del conflicto, como demuestra la reunión en Londres el día 29 de Marzo.

PROTAGONISMO TURCO

Con la crisis libia, el protagonismo de Turquía en el Mediterráneo aumenta. La abstención en el Consejo de Seguridad y su postura en la OTAN, sólo pueden valorarse como tomas de posición ante el desarrollo de los acontecimientos, incluido el desistimiento de algunos miembros de la coalición ante un eventual empeoramiento o estancamiento de la situación, en la que adoptaría otra postura. Puede decirse que Ankara está pensando con lógica estratégica, la suya, naturalmente. La finalidad turca va más allá de un mero interés coyuntural y se adapta a las circunstancias. Prefiere estar dentro de los espacios en los que se decide que permanecer al margen de decisiones que puedan afectar a sus interese en el mundo árabe.

Los continuos ofrecimientos turcos para hacerse cargo de la situación en partes de Libia, alegando ser Turquía un actor importante del mundo musulmán, son movimientos de colocación en un tablero más amplio. El deterioro de la situación en Siria afecta directamente a Ankara. La inestabilidad contagiaría directamente a Líbano y las motivaciones empleadas por las potencias occidentales para la intervención en el caso libio serían muy difíciles de alegar en el Levante. Previsiblemente, Turquía procurará que Damasco inicie reformas, pero apuntalará al régimen por el mismo motivo que Israel no intentará desestabilizarlo, porque es previsible. Es, en este caso, cuando el protagonismo de Turquía se vería relanzado y podría obtener las bazas necesarias para erigirse en potencia regional en condiciones de discutir el liderazgo a Arabia Saudí e Irán.

Otro actor en la situación es Rusia que, con su abstención, modulada con la defensa de la no intervención en los asuntos internos de los estados, abría la posibilidad de una intervención aliada en Libia, la tercera de los Estados Unidos en un país musulmán, cuyos inconvenientes sólo proporcionarían a Moscú ventajas. Rusia empleará las vicisitudes del conflicto para subir el tono de su polémica con los Estados Unidos sobre el Tratado START y de todos los desacuerdos relacionados con el escudo antimisiles para Europa, tratados en la Cumbre de la OTAN en Lisboa, así como para reafirmar su dominio sobre su periferia.

La posición alemana sigue dando que hablar, ya que desde su abstención en el Consejo de Seguridad, se ha ido confirmando la sensación de prevalencia de sus propios intereses sobre la colaboración con los aliados. Alemania no tiene intereses en Afganistán, pero colabora con la OTAN. En el caso libio ha cambiado su postura, tampoco tiene intereses importantes en juego, pero quiere marcar distancias con los miembros de la coalición, no enviando ni tan siquiera una pareja de aviones. La postura alemana es harto notoria porque su ausencia en el Mediterráneo contrasta con la presencia de otros aliados sin interés directo, como Canadá. La clave de una Alemania nueva, marcando su terreno como gran potencia, dando prioridad a sus problemas internos, es la más plausible opción para explicar su protagonismo pasivo. La postura de Berlín en la reunión de Londres, alineada con Roma y Madrid, apoyando la salida de Gadafi en vez del cambio de régimen en Libia preconizado por Londres y París, es una muestra de su deseo de acabar con la incómoda situación cuanto antes.

La fluidez de la situación en el Mediterráneo configura un escenario de inestabilidad con potencial para una larga pervivencia. En todos los países ribereños del Sur y del Levante, en mayor o menor medida, está teniendo lugar la primavera árabe, pero en ninguno ha surgido todavía la alternativa. El yihadismo ha hecho su aparición en Libia, y su conexión con el del Sahel, conformaría un escenario de pesadilla. En esas condiciones, parece que el cosmopolita Directorio Político para la intervención en Libia tendrá que hacer grandes esfuerzos. La próxima vez que se reúna será en Qatar, para entonces esperemos que haya acuerdo sobre algo tan elemental como la finalidad estratégica de las operaciones y una reflexión sobre cómo se va a pagar la factura de Libia.

 

Fuente: Revista Atenea

31.03.11

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Fuente: Revista Atenea
Fecha: 31/03/11

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