Ver Suplemento Temático...


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Artículos

lunes, 16 de mayo de 2011

El idioma inglés en las Fuerzas Armadas

Francisco Gallego Aranda
Teniente de Navío. Licenciado en Derecho


A nadie se le escapa ya que el idioma inglés se ha convertido en una herramienta de trabajo indispensable para las Fuerzas Armadas. Desde la entrada de España en la OTAN, hace ya casi treinta años, muchos de los cometidos profesionales de los militares se hacen en lengua inglesa. La permanencia en los organismos de la OTAN, cuarteles generales, grupos de trabajo sobre doctrina de operaciones, estandarización de materiales y armamento, procedimientos y, por supuesto, las operaciones en el exterior y los ejercicios de adiestramiento, en los que establecer comunicaciones con los aliados por cualquiera de los canales existentes así como las pertinentes reuniones de coordinación, son siempre en inglés. Todas las publicaciones que edita la OTAN y que constituyen nuestra principal fuente doctrinal están escritas y distribuidas en inglés y también muchos de los manuales técnicos de nuestros equipos.

Todos estos cometidos los hemos venido desempeñando los militares desde hace años, y a diferencia de nuestros dirigentes políticos, sin apoyo de ningún traductor y lo hemos hecho con bastante solvencia. Para poder hacerlo hemos hecho esfuerzos adicionales, fuera de nuestro horario laboral y empleando recursos propios para aprender este idioma, partiendo de un sistema educativo como el nuestro que nunca ha sido muy exigente en la enseñanza de lenguas extranjeras.

La OTAN, consciente de la necesidad de buscar un camino para salir de la torre de Babel que supondría tantos países con tantas lenguas diferentes optó por establecer dos lenguas oficiales en la organización: el inglés y el francés, aunque en la práctica el primero ha desplazado casi al segundo. Para asegurar que todas las personas que cubren diferentes puestos en los distintos organismos, así como en las distintas situaciones operativas que se den, la OTAN ha establecido unos niveles estandarizados de conocimiento del idioma, lo que se ha venido denominando como perfiles lingüísticos. Estos perfiles sirven para determinar la aptitud de cada individuo respecto al idioma, con el fin de poder determinar si tiene los conocimientos necesarios para desempeñar cometidos que impliquen conocimientos en inglés. La publicación STANAG 6001, que es un acuerdo de estandarización entre los países miembros, viene regulando esos niveles, y establece concretamente el nivel tres como el mínimo necesario para puestos OTAN. Para obtenerlo lógicamente hay que examinarse.

Recientemente la OTAN, tras años de experiencia, ha decidido subir los niveles de exigencia, supongo que en aras a mejorar la coordinación entre los países. Esta subida de nivel se plasma en un nuevo acuerdo de estandarización, al que los países se incorporan libremente estableciendo las reservas y los tiempos de adaptación que consideren conveniente: es la cuarta edición del STANAG 6001.

España, pese a que no se encuentra entre los países donde mejor se habla inglés, se ha apuntado al carro en un tiempo record. En menos de un año la cuarta edición del STANAG ha entrado en vigor suponiendo un incremento del nivel de exigencia para obtener el nivel 3 nada despreciable. Como consecuencia de ello, la dificultad de los exámenes para obtener el grado 3 se ha incrementado considerablemente. Basta con ver el boletín a diario para comprobar que el número de personas que logran obtener dicho perfil está próximo al 10% de los examinados. Con el sistema anterior eran necesarias dos reválidas para obtener el perfil de modo permanente. La obtención del perfil la primera o la segunda vez sólo era válida por cinco años, caducando de forma automática si no se examinaba de nuevo o si no lograba superar la prueba. Para adaptarse al nivel nuevo se han dado por buenos todos los perfiles obtenidos de modo permanente con el sistema antiguo, pero no los temporales.

La consecuencia de todo lo anterior es que, en el momento actual, las Fuerzas Armadas disponen cada vez de menos personas con el perfil exigido, pero lo que es peor es que la inmensa mayoría de ellas lo obtuvieron por el sistema antiguo de forma permanente y por tanto con un grado de exigencia menor. Por el contrario los que no tenían el perfil ó lo tenían caducable no son capaces de obtenerlo porque el nivel es demasiado alto, lo que está provocando desmoralización, pero también sensación de ser discriminado por exigírseles un dominio que no se exige a otros que ya lo obtuvieron en el anterior sistema. Con el paso del tiempo, los niveles permanentes del sistema antiguo irán a la parte más alta del escalafón, pero será muy complicado encontrar militares con el perfil requerido entre los más modernos. Desgraciadamente el efecto que esto está provocando es desalentador ya que cada vez son más los militares que renuncian a seguir intentándolo dadas las dificultades.

Elevar la dificultad del examen no supone elevarlo entre los militares. Para eso es necesario potenciar la enseñanza, sobre todo, en formación, ya que estando en activo es difícil dedicar muchos recursos a aprender un idioma. Y eso no se logra de forma tan rápida, se necesitan muchos años para que ese esfuerzo dé frutos. Por otro lado, con el nuevo sistema de enseñanza en las academias de oficiales donde, además de la formación militar tradicional se imparte una carrera universitaria, hay poco espacio libre para estudiar un idioma.

No parece que seguir con esta dinámica vaya a llevar a nada bueno salvo a incumplir nuestros compromisos con la OTAN por falta de personal con perfil y, sobre todo, a impedir la selección de personal con otros criterios dado lo restrictivo que va a ser este. Pero, además, el efecto que está provocando en muchos profesionales es el de que sus esfuerzos resulten baldíos y terminarán abandonando. El mismo efecto, por cierto, que el sistema de ascensos impuesto por la ley de Carrera, por lo que cada vez habrá más profesionales que pierdan todo el interés por buscar puestos de mayor responsabilidad. Si reconocemos que se ha cometido un error, tal vez podamos enmendarlo.

Esta noticia ha sido vista por 888 personas.