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Revista de Prensa: Artículos

miércoles, 18 de mayo de 2011

El lucrativo negocio de secuestrar occidentales

Juan Carlos Estarellas y López


 

La operatividad de una organización terrorista como, por ejemplo, Al Qaeda y sus ramificaciones, puede medirse, por un lado, por el carácter ideológico-religioso y la personalidad y empuje espiritual de sus líderes; y por otro, por la consecución de sus objetivos. Sin embargo, lo relevante en cuanto al logro de esos fines pasa por disponer de recursos suficientes. Es decir, un adecuado capital humano adoctrinado, fiel e instruido en combate, una logística aceptable y, por último, el factor más importante : la disponibilidad económica y financiera.

Sin la adecuada base económico-financiera Al Qaeda no hubiese alcanzado sus primeros objetivos ni mucho menos el actual grado de despliegue internacional. Pero es que además los mecanismos de ingeniería financiera diseñados por la Red han ocasionado verdaderos quebraderos de cabeza a las agencias de seguridad e inteligencia. Los Departamentos de Estado, de Justicia y del Tesoro norteamericanos, en cumplimiento del Convenio para la represión de la Financiación del Terrorismo -ratificado por España-, identificaron los "mecanismos alternativos de financiación, captación de fondos, y movimientos de activos" de la organización de Bin Laden, que resultaron ser: el tráfico ilícito de drogas, cigarrillos, armas, diamantes y oro; determinadas actividades desarrolladas por instituciones caritativas como Internacional Islamic Relief Organization, Benevolence Internacional Foundation, Haramian Islamic Foundation, Muwafaq Foundation, y Rabita Trust; y las transferencias informales fuera del sistema bancario internacional mediante el hawala y el zakat -al ser un mecanismo financiero legal en el reino de Arabia Saudí-.

Teniendo presente el concepto de autosuficiencia y que la obtención de recursos económicos por medio de actividades criminales está justificada siempre y cuando se ejecuten en defensa del islam, el líder de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Abd Al Wadoud, cambió su estrategia financiera dando prioridad a este tipo de acciones, dejando en un segundo plano el tráfico de drogas. Hacer caja con el pago de los rescates se ha convertido en la principal fuente de financiación, que se ha visto acompañada por un más que notable éxito. Pero no solo eso, sino que ya es la actividad criminal más importante de la organización terrorista, puesto que los resultados han resultado muy provechosos.

El pago de rescates ya fue denunciado por el general Lallali, responsable del servicio de inteligencia argelino (DDSE), ante la embajadora del Departamento de Defensa estadounidense, Vicki Huddleston, al existir un serio problema con Mali. Y no solo porque sus oficiales alertaran a los yihadistas de la intervención de sus teléfonos satélites, sino que apuntaba más alto, al acusar a las autoridades de Mali de "facilitar el pago de los rescates a manos de AQMI", creando un entorno empresarial favorable para la organización terrorista: el Banco de Bamako (definido por él como el Banco Terrorista), lo que le llevó a exigir su eliminación, al ser el nexo de unión entre el terrorismo de AQMI y el tráfico de drogas en el Sahel.

AQMI se ha decantado por este modelo de financiación, al percatarse de la debilidad de algunos países occidentales como Austria, Italia, España o Canadá, al intentar hacer frente a estas situaciones de crisis. Todo lo contrario a las formas de proceder de EE UU, Reino Unido o Francia. Ya que, independientemente del bien jurídico universal protegido -la vida de los secuestrados- la organización terrorista sabe qué países occidentales muestran una mayor predisposición a premiar a los secuestradores con tal de no sufrir un desgaste político excesivo. Por consiguiente, manejan verdadera inteligencia sobre los países dispuestos a incumplir el convenio internacional para la represión de la financiación terrorista, dirigiendo el punto de mira al secuestro de ciudadanos de dichos países. Sin embargo, la nota negativa es el pago por la puesta en libertad de rehenes al tratarse de una actividad no exenta de riesgo, que se considera internacionalmente como un ilícito criminal en la medida que, de manera indirecta, favorece la actividad terrorista, y con estas políticas se pretende anteponer los conceptos morales al imperio de la ley.

Grandes beneficios

La financiación lograda por AQMI ha sido notable. Baste decir que entre 2005 y 2010 la organización terrorista obtuvo la friolera de 65 millones de dólares, unos resultados sorprendentes. Alrededor del 90% de esa cantidad, unos 58,5 millones de dólares, provienen de los secuestro; el 10% restante, alrededor de seis millones y medio de dólares, tienen su origen en el tráfico ilegal de drogas y la recepción de donaciones (zakat). Sus ingresos en 2010 alcanzaron los 20 millones de euros -se pagaron 8 millones de euros por la libertad de los secuestrados españoles-. Todo ello indica que AQMI es más rentable que la propia Al Qaeda, cuyos ingresos anuales oscilaron entre cinco y diez millones de dólares.

Cuando AQMI planifica y ejecuta el secuestro de civiles occidentales en el Sahel persigue un único objetivo: ganar dinero. El desenlace se complica cuando los secuestrados pertenecen a algunos de los países considerados como cruzados o judíos, y quienes les apoyan (EEUU, Francia, Reino Unido, Israel), puesto que sus políticas en materia de lucha contraterrorista son claras: no se negocia ni se cede al chantaje terrorista. Aquí es donde interviene el máximo líder de la organización quien impone las condiciones -sucedió recientemente con los cinco franceses secuestrados-, y que en caso de incumplimiento el desenlace es la ejecución. El problema se agudiza cuando los secuestrados son agentes de policía, inteligencia o de las fuerzas armadas, en cuyo caso podrán ser ejecutados de manera inmediata.

¿Qué políticas deberían ponerse en marcha para hacer frente a dichas actividades? Primero, campañas informativas y de prevención sobre la peligrosidad de la región. Segundo, una voluntad política firme de cumplir los acuerdos internacionales de lucha contra la financiación terrorista, evitando el pago de rescates. Y tercero, potenciar la cooperación internacional y la lucha contraterrorista en materia de inteligencia.

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Fuente: Atenea
Fecha: 25/04/11

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