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Artículos Profesionales


Seguridad Pública y Protección Civil.

Articulo José Manuel Romay Beccaria. ABC. 09.08.03

José Manuel Romay Beccaria
Presidente del Consejo de Estado


Presidente del Consejo de Estadoodo «por su duración de los daños habían sido la mayor catástrofe natural de nuestra historia». 1989 batió el récord de superficie quemada. Ese año los fuegos arrasaron más de 200.000 Has., de las que casi la mitad estaban arboladas. Con la llegada de Fraga a la Presidencia de la Xunta nos propusimos afrontar con determinación ese problema y a mí, como Conselleiro de Montes me cupo el honor y la responsabilidad de organizar -prácticamente de nueva planta- y dirigir el Servicio contra los Incendios Forestales de la Xunta. Fue preciso trabajar duro en todos los frentes. Lo primero era la prevención. En muy pocos meses conseguimos, mediante las oportunas subvenciones que se limpiaran decenas de miles de Has., y es bien sabido que los montes limpios arden con mucha más dificultad e impiden la propagación de los fuegos. En el verano de 1990 contamos también con la colaboración del Ejército en tareas de vigilancia y con importantes refuerzos de la Guardia Civil en esas mismas tareas. Se construyeron centenares de Kms., de cortafuegos que cumplen la doble función de impedir la expansión de los fuegos y facilitar el acceso de los equipos de extinción a los lugares donde aparecen los focos. Si los incendios no se pueden evitar es preciso detectarlos pronto y apagarlos rápidamente porque los pequeños focos se apagan con relativa facilidad, pero dominar un incendio grande tiene enormes dificultades. Consecuentemente se centraron los esfuerzos en conseguir una detección inmediata de cualquier foco incendiario y en disponer de medios ágiles y eficaces para la extinción. La Xunta no escatimó medios y trabajo: se cubrió toda la superficie de Galicia con torres de vigilancia, comunicadas por radio con los servicios comarcales; se compraron más de 50 coches motobomba y centenares de vehículos ligeros para primeras intervenciones y transporte de equipos; se alquilaron helicópteros también para el transporte rápido de cuadrillas y se completaron los medios aéreos del ICONA, fundamentales en muchos casos para un trabajo eficaz, con aviones más pequeños que operaban desde elementales pistas de aterrizaje en las zonas del interior de Galicia y con helicópteros de transporte de agua. Los medios humanos se duplicaron, en relación con años anteriores, y las cuadrillas de extinción de la Xunta y los Ayuntamientos, organizadas comarcalmente y dotadas de los medios adecuados se constituyeron en un formidable ejército en la lucha contra el fuego. Los resultados no se hicieron esperar. Ya el año 90 -de climatología muy similar al 89-la superficie total quemada se rebajó de más de 200.000 Has., a 40.000 y la superficie arbolada quemada bajó de 90.000 a 7.000 Has. Tomando periodos más largos de tiempo, la comparación es también concluyente. De 1980 a 1989, antes de nuestro Plan, se quemaron 277.000 Has., arboladas; de 1990 a 1999, 63.000, es decir, menos de una cuarta parte que en los diez años anteriores. La superficie media arbolada quemada por incendio descendió de 7,6 Has., en la década 80-90 a 0,7 Has., en el período 90-99. A pesar de todo ello, los gallegos no podemos cantar victoria. Seguimos teniendo un número inadmisible y creciente de incendios forestales. En el año 2000 se llegó a la astronómica cifra de 12.000. Más del 80 por ciento son intencionados. En circunstancias climatológicas «normales», los equipos de extinción de la Xunta controlan rápidamente todos los incendios y consiguen evitar los efectos devastadores del fuego sobre grandes superficies. Pero cuando concurren circunstancias climatológicas especialmente propicias a la propagación del fuego, como por ejemplo cuando a dos o tres semanas secas le siguen unos días de fuertes vientos, todavía tenemos tremendas oleadas incendiarias, con hasta 400 incendios diarios -200 durante el día y 200 durante la noche- y que pueden llegar a 3.000 en una semana, lo que desborda la capacidad de los servicios y provoca daños muy graves. Somos muchos los que creemos que estas oleadas de incendios son «intencionadas» y «organizadas». Algunos también pensamos que detrás de esta actividad incendiaria organizada en Galicia están algunos que bajo la capa de un falso ecologismo utilizan el fuego para luchar con lo que ellos consideran el uso abusivo y contrario a sus valores ecológicos de las especies de crecimiento rápido -el pino y el eucalipto- a los que previamente han calificado como «pirófitas». Como si no supiéramos todos que las plantas no arden solas y que sin manos incendiarias, desde luego aquí en Galicia, los incendios serían muy pocos y, salvo casos muy excepcionales, fáciles de controlar y dominar. En Galicia queda pues pendiente una ardua e imprescindible tarea de investigación policial y judicial que permita erradicar esta tan dañina delincuencia que constituyen las organizaciones incendiarias. En estos días en que en Extremadura y Castilla y León están padeciendo, lo mismo que Francia y Portugal, el terrible azote de los incendios forestales -peligro que en Galicia acecha siempre- he querido dar a conocer una experiencia por lo que pueda valer para afrontar situaciones análogas y en nuestro caso como un aldabonazo para seguir luchando contra el azote, todavía persistente, de los incendios intencionados y organizados.


Suplemento Temático: Incendios Forestales

Fuente: ABC
Fecha: 09.08.03

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