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Artículos Profesionales


Seguridad Pública y Protección Civil.

El dominó del terror

Eduardo Garrigues
Escritor y diplomático. Fue embajador de España en Noruega hasta hace escasas fechas.


La onda expansiva de los atentados de Madrid me sorprendió en el paisaje nevado de las afueras de la capital noruega, pocos días antes de cesar como embajador de España en aquel país. La masacre suscitó entre los noruegos un sentimiento de horror y de tristeza en un pueblo que conoce bien España, por ser el destino turístico preferido y porque existen vínculos profundos entre los dos países a pesar de la distancia geográfica.

La mañana del 12 de marzo, fui convocado a un programa de gran audiencia sobre temas de actualidad que transmitía la cadena de televisión NRK. Por haber colaborado cinco años en la misión de España ante las Naciones Unidas -incluyendo dos en el Consejo de Seguridad- y más tarde haber sido propuesto al secretario general como candidato a ocupar un puesto de inspector de la ONU en Irak, pensé que saldría airoso de aquella entrevista.Pero noté un gesto de evidente escepticismo en el presentador, cuando me preguntó sobre la responsabilidad en la perpetración del múltiple atentado, y yo apunté a la banda terrorista ETA, guiándome no sólo en la hipótesis que en esos momentos defendía el Gobierno en Madrid, sino en la evidente analogía de la masacre con otras de índole semejante que el grupo terrorista aberztale había intentado llevar a cabo en fechas recientes y en el mismo escenario.

No tardé en averiguar que las reservas de mis interlocutores en relación con la autoría del sangriento atentado tenían una explicación muy concreta: dos investigadores del Instituto Noruego de Investigación de la Defensa (FFI) habían encontrado tiempo atrás en el Global Islamic Media, portal de Internet utilizado por grupos fundamentalistas islámicos, un documento en árabe dirigido a la resistencia en Irak, donde se preconizaba «golpear dolorosamente» a las tropas españolas allí destinadas, para conseguir un movimiento de rechazo popular que eventualmente provocaría su retirada; el documento también recomendaba intentar sacar el mayor partido posible a las elecciones generales de marzo en España.

Debido a la vorágine de acontecimientos que se sucedieron en las fechas siguientes al atentado, y a la necesidad de abandonar Oslo dentro del plazo de cese previsto, hasta pocas horas antes de mi partida no conseguí tener acceso a una traducción parcial en inglés del documento en cuestión, que fui leyendo en el avión que me llevaba de regreso a España.

El documento original, aparecido en árabe en diciembre de 2003, estaba dedicado a Yusuf al-Ayiri, ideólogo del entorno de Al Qaeda que murió en un encuentro con las Fuerzas de Seguridad de Arabia Saudí en mayo del mismo año. Aparte de las forzadas referencias a la guerra santa a cuya labor en Irak está orientado el documento, y la cita de algunos versículos del Corán, el texto analizaba con cierto pragmatismo la situación creada por la guerra en Irak y su tesis principal era que, para evitar el triunfo de Estados Unidos, era preciso conseguir la retirada de al menos uno de los países de la coalición, para propiciar el desmoronamiento de las fuerzas de ocupación, que irían cayendo como las piezas de un dominó.

En el documento se analiza de forma especial a tres de los aliados, Gran Bretaña, España y Polonia:

En el caso de Polonia, considera que existen pocas posibilidades de forzar su retirada de Irak, por existir en este país un alto grado de consenso sobre la política exterior, y además dice que en su población hay un alto nivel de tolerancia hacia la pérdida de vidas humanas.

En cambio en el caso de Gran Bretaña, el documento estima que existe una enorme oposición popular a la guerra en Irak, a pesar de la actitud beligerante de Tony Blair tras los atentados del 11 de Septiembre: «Pensamos que el único factor capaz de hacer retirar las fuerzas británicas de Irak es la presión popular que será demoledora si Gran Bretaña sufre bajas sustantivas o si las fuerzas de otros estados como España o Italia son retiradas, por ser estados que en Gran Bretaña se consideran menos cultos y civilizados que ellos mismos y menos interesados en los seres humanos y sus derechos».

El documento describe a España como el más prominente y fuerte aliado europeo de EEUU después de Gran Bretaña, y analiza con cierto detalle la situación política y social en nuestro país, remontándose a la época de Franco. Al mencionar el decidido apoyo del presidente del Gobierno español a los planteamientos de EEUU, indica que si la disparidad entre el Gobierno y el pueblo español en ese tema alcanzase una cota tan alta en Gran Bretaña, ello hubiera provocado ya la caída del Gobierno; según el autor anónimo del documento, a pesar de que ha transcurrido más de un cuarto de siglo desde la instauración de la democracia, el pueblo español no habría llegado al nivel del inglés en cuanto a la petición de responsabilidades a sus gobernantes.

«Por lo tanto, opinamos que para obligar al Gobierno español a que se retire de Irak, la resistencia debe infligir severos golpes (painful blows en la versión inglesa) a sus tropas. Esto debe ir acompañado por una campaña de información que clarifique lo que de verdad está sucediendo en Irak. Es necesario sacar el mayor partido posible de las elecciones generales que se celebrarán en España en marzo del año próximo.»

«Pensamos que el Gobierno español no podrá tolerar más de dos o tres golpes como mucho, después de lo cual se tendrá que retirar como resultado de la presión popular. Si sus tropas continúan en Irak después de estos golpes, en ese caso la victoria del Partido Socialista está prácticamente asegurada, y la retirada de las fuerzas españolas estará en su programa electoral.»

«Finalmente, queremos enfatizar en el hecho de que la retirada de las tropas españolas o italianas pondrá una tremenda presión sobre la presencia británica (en Irak), una presión que Tony Blair posiblemente no sea capaz de soportar y por lo tanto las fichas del dominó caerán rápidamente. Sin embargo, el problema básico estriba en cómo se hace caer la primera ficha.»

En sus comentarios al documento, los investigadores del FFI -Thomas Hegghammer y Brynjar Lia- sugieren que los responsables de los atentados del 11-M posiblemente conociesen de alguna forma el contenido de este documento, aunque estuviese primordialmente dirigido a la acción de la resistencia en Irak. Más que a una relación directa con el atentado de Madrid, apuntan a una cierta inspiración ideológica o definición de objetivos generales a los terroristas, lo que explicaría el que uno de los principales imputados en la matanza, Jamal Zougam, preguntase a la policía por el resultado de las elecciones, tras pasar unos días incomunicado después de su arresto.

De regreso a España, me sorprendió que, en la resaca de las elecciones, parte de la polémica entre los representantes del Gobierno en funciones del PP y los del futuro Gobierno del PSOE se hubiese centrado -y siga ocupándose- en dilucidar las circunstancias del anuncio del gobierno sobre la autoría del atentado, en vísperas de los comicios. Aunque no resulta asunto baladí, parece que existen otras causas más importantes susceptibles de haber provocado el vuelco electoral: la toma de conciencia de que el riesgo de seguridad que acarreaba un cambio de rumbo drástico en la política internacional del Gobierno se había hecho realidad con sangrienta crudeza.

Espoleado por el deseo de no dejarse doblegar por los dictados del terrorismo, el pueblo español acudió en masa a los comicios del 14-M, desmintiendo la tesis del autor del panfleto fundamentalista cuando afirmaba que el pueblo español, a diferencia del británico, no estaba dispuesto a pedir cuentas a sus gobernantes por sus errores.

Por eso considero inaceptable la hipótesis de que la derrota del PP de José María Aznar haya supuesto una victoria de AlQaeda, como apuntaba días pasados un sector de la prensa anglosajona, (véase el comentario de Martin Wolf en el Financial Times del pasado 17 de marzo). Tesis muy diferentes se barajan en el largo artículo de Leslie Crawford y Joshua Levitt sobre el 11-M y sus secuelas (FT, 26 de marzo), donde se especula con que el retraso del Gobierno al investigar la conexión islámica pudo deberse a la creencia errónea de que Al Qaeda no suponía un peligro para España, apuntando también a la escasez de personal y de medios policiales para un seguimiento más estrecho de esa pista.En defensa de las Fuerzas de Seguridad españolas, se podría decir que los servicios de Inteligencia más poderosos del planeta no fueron capaces de prevenir los atentados del 11-S en Washington y Nueva York.

Por haber pasado muchas horas en ese edificio rectangular erigido a orillas del East River neoyorquino que se llama la ONU, pienso que si un cambio de timón del nuevo Gobierno español fuese capaz de vertebrar una actuación más cosmopolita y racional en la reconstrucción de Irak y de consensuar en el seno de la UE una lucha contra el terrorismo más imaginativa y coordinada, los que instigaron el sangriento dominó del 11-M se encontrarían con que su criminal actuación pudiera resultar a medio plazo contraproducente para sus designios.

Fuente: El Mundo
Fecha: 29/03/2004

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