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Respuesta a un montaje fotográfico infame

El Mundo


POLITICA, MENTIRAS Y DESHONOR.

Días después de que haya trascendido a nivel nacional la distribución por Internet de supuestas fotos sexuales de la concejala 'popular' de Mérida Gloria Constantino, la víctima de esta acción se ha decidido a explicar en EL MUNDO todo lo ocurrido. Lo hace en plena guerra cruzada entre el Ayuntamiento del PP y el grupo del PSOE en la ciudad, que se han lanzado acusaciones mutuas sobre la responsabilidad en el escándalo. Pero la concejala habla también con la esperanza de que su testimonio sirva para que nadie más pase por un trance similar.

Nunca pensé que una cosa de estas podría pasarme a mí. Ni a nadie.Entré en política a los 27 años (acabo de cumplir 32), aceptando la oferta que me hizo el alcalde de Mérida, Pedro Acedo, para integrarme en las listas del Partido Popular al Ayuntamiento de la capital de Extremadura. Siempre supe de la dureza de las batallas políticas, sobre todo en la local, la cenicienta de la vida pública, donde los ataques personales son frecuentes entre alcaldes y concejales de uno y otro signo. Pero como ya una va aprendiendo algunas cosas, he sabido que la realidad supera a la ficción más descabellada.

Y lo que me está ocurriendo estos días parece una auténtica pesadilla. Aún tengo la esperanza de despertarme sobresaltada y decirle a mi marido: «Dios mío, que mal sueño he tenido».

La pesadilla comenzó el pasado 30 de julio cuando unos desconocidos lograron, a través de la Red, acceder a datos personales de determinados ordenadores para apoderarse ilícitamente de ellos, entre los que destacan unas fotografías de familiares y amigos circunscritas al ámbito estrictamente privado a partir de las cuales, mediante potentes programas de retoque fotográfico, han realizado un montaje de nuevas fotos digitales con mi rostro y el cuerpo semidesnudo simulando la práctica de relaciones íntimas.

Las fotografías fueron colgadas en una página web y rápidamente difundidas mediante el envío, por parte de sus autores, de centenares de correos electrónicos a todas las empresas, administraciones públicas, periodistas y muchos particulares remitiendo la dirección de Internet donde estaban las fotos para ser copiadas en el ordenador de cada destinatario de los correos. A partir de ahí, y pese a denunciar los hechos en la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, que está actuando muy eficazmente con todos sus medios, se han ido sucediendo los lugares en los que se han colgado las fotos, incluyendo foros y chats, así como programas de intercambio de archivos, logrando una difusión extraordinaria en la Red.

Sin embargo, tales fotos no tienen gran valor, ni tan siquiera pornográfico, pues para ello existen muchas páginas gratuitas de sexo, sino que su maligna utilidad es la difusión entre las personas que me conocen, que saben cuál es mi rostro, mi trabajo y mi dedicación política en la actualidad. Al día siguiente de aparecer en la Red, comenzaron a repartirse por toda la ciudad de Mérida copias de las fotos citadas mediante CD, impresas en papel o enseñándolas desde el móvil o el ordenador personal, con especial intensidad entre los centenares que tienen las oficinas de la Junta de Extremadura. Hace un par de semanas una conocida emeritense las enseñaba orgullosa en una sociedad recreativa del lago de Proserpina de la que soy socia. Y aún hace un par de días también las iba divulgando en un bar de la plaza de España de Mérida un conocido individuo que sólo justifica su existencia para agredir cada día al joven equipo de gobierno del PP emeritense.Esto entre otros muchos más casos que no cito, pues los Juzgados ya conocen de ellos. Son las cosas de la política. Pero yo las desconocía. Mentiría si no dijera que si yo hubiera sabido que hechos como éste eran posibles contra un concejal yo no me meto en esto ni de broma.

La difusión de las imágenes trucadas con mi rostro, como dije, ha sido extraordinaria en cada rincón de Mérida, pero también por toda España a través de la Red. Durante unos días ha existido, y aún sigue, una auténtica alarma social en torno a este asunto.No se habla de otra cosa. Recibo centenares de llamadas de gente perpleja, mensajes al móvil, faxes, correos electrónicos y, por supuesto, todo el que me ve personalmente me lo comenta escandalizado.Los menos amigos, e incluso los enemigos, que por lo que veo no son pocos, sostienen que no son un montaje, los expertos y quienes me tienen en más estima opinan radicalmente lo contrario y que todo es un burdo trucaje.

Pero, al margen de ambos, lo único cierto es que tanto mi familia como yo estamos pasando por los peores días de nuestra existencia.No es fácil explicar cómo un ataque al derecho al honor y a la intimidad personal puede producir tanto sufrimiento. Después de la divulgación de esas fotos tengo cierto miedo a enfrentarme de nuevo con la gente, a pasear por la calle, a desarrollar mi vida pública que es la que el destino me ha diseñado para este importante tiempo. Las noches son eternas, los días acumulan la tensión progresivamente, una teme que suene el móvil para que me cuenten la última noticia sobre las fotos y su difusión, los pensamientos repetitivos se alojan en la mente, cada hora es más larga que la anterior, la impotencia desgarra los nervios, las lágrimas se cuelan y resbalan por la mejilla por mucho esfuerzo que pongo en contenerlas.

Y veo a mi familia. Los que más quiero. Aquí están todos a mi alrededor o llamando cada rato para ver cómo estoy. Pero ellos están como yo. O peor aún. Y a mi marido, sufridor y atacado con brutalidad en foros, chat y mensajes al móvil. Tan sólo por serlo. Por discrepar. Por decir aquello que piensa de manera libre. También él sufre en silencio esta tortura, con más entereza aparente que yo. Tal vez la procesión vaya por dentro. Esto es horrible, injusto, pendenciero.

No hay duda de que se trata de una agresión porque soy concejal del PP en el Ayuntamiento de la capital de Extremadura. Según vemos, no sólo se sufre en el País Vasco, también en esta vieja tierra de conquistadores se atacan los derechos fundamentales de quien se dedica a la política, no es progre al uso y encima es mujer.

Tengo que rechazar aquí públicamente el supuesto «apoyo y solidaridad» del portavoz del PSOE (antes de IU, antes del PCE y antes de la maoísta ORT), en el Ayuntamiento de Mérida hacia mi persona, pues conociendo tan tristes hechos desde el principio, nunca dijo nada. Y tan sólo cuando mi alcalde dio una rueda de prensa para comunicar a la opinión pública la posición del equipo de gobierno ante este ataque, fue cuando mostró su apoyo, pero a renglón seguido lanzó una extensa batería de agresiones contra mi partido y contra los medios de comunicación (La Capital y Tele Mérida) en los que trabaja mi marido, David Vigario, justificando abiertamente los ataques que estoy sufriendo en base, según dice, al clima creado por nuestro gobierno. Y a la vez, da un repaso a toda la gestión popular, remontándose hasta la anterior campaña electoral, e incluso a los resultados que parece no aceptar de buen grado, señalando que la víctima es él, que fue él el atacado, y no quien aparece en las fotos injuriosas. Olvida este señor que para hacer esa crítica y para arremeter profesionalmente contra mi esposo, podía haber esperado al menos un día, pero no realizar esa diatriba en la misma carta que manifestaba esa supuesta y falsaria solidaridad. Además, es un hecho que han sido muchos militantes socialistas quienes han difundido las fotos por Mérida, hecho que está denunciado. Por cierto, al día de hoy, 23 días desde que se iniciaran los hechos, aún no he recibido una llamada de Angel Calle para preguntarme siquiera cómo estoy o para darme ese abrazo, más bien del oso.

No puedo dejar de agradecer, en primer lugar, a mi familia y a mi marido, los seres que más quiero en este mundo, el apoyo que me están brindando, la comprensión que recibo de ellos y la sincera ayuda que me da fuerzas para levantarme cada día.También a las docenas de amigos que me han mostrado su auténtica solidaridad, sin hacer preguntas, tan sólo con un mensaje, una llamada o un gesto, en los que me transmiten la energía que mi corazón precisa. También hago extensivo mi agradecimiento, en estas circunstancias, a mis compañeros de corporación y de partido, también a quienes se han sentido agredidos conmigo cuando, con dolor, han visto las fotos, y sobre todo, la inquina y reiteración sin descanso con que la que mis enemigos las han divulgado.

A todos ellos, conocidos y desconocidos, pero buena gente, mil gracias. No deseo esta odisea a nadie, ni tan siquiera a mis adversarios, e incluso no se la deseo a los que han realizado toda esta maniobra para hundirme personal, política y profesionalmente.Con la ayuda de Dios y los míos, seguro que salgo adelante. Finalmente, agradezco a la UCO de la Guardia Civil y al Juzgado de Instrucción número 4 de Mérida el celo con que están llevando la investigación, pues compruebo que su demostrada profesionalidad hace que me sienta un poco más tranquila. Confío en la Justicia para que desenmascare y castigue con todo el peso del Código Penal a los autores, cómplices y encubridores de esta brutal agresión de consecuencias impredecibles para que sirva de ejemplo para todos, y así, la Sociedad pueda dormir más tranquila, para que todos nos sintamos más seguros y, finalmente, para que esto no le pase a nadie en España nunca más.

Fuente: El Mundo
Fecha: 21/08/2004

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