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Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno.

Articulo La Razón. La Razón. 27/12/04

La Razón


El sudeste de Asia fue en esta ocasión la zona afectada por la penúltima demostración de la fuerza desatada e imparable de la naturaleza. A la hora de cierre de esta edición, el número provisional de muertos a causa de las olas gigantes (tsunamis) que barrieron el océano Índico ascendía a 12.000, después del terremoto de 8,9 grados en la escala de Richter registrado ayer en la isla indonesia de Sumatra. Sri Lanka, India, Indonesia, Tailandia, Malasia, Bangladesh y Maldivas sintieron los efectos del seísmo más violento de los últimos cuarenta años, causante de las olas de hasta diez metros que inundaron amplias extensiones costeras en la región, muchas de ellas además zonas turísticas abarrotadas por tratarse de la temporada alta navideña. El desastre humanitario parece indescriptible, pues a la cifra oficial de muertos es preciso añadir la de miles de personas que permanecen desaparecidas, y que probablemente hayan fallecido también. Además, otros cientos de miles resultaron heridas y perdieron sus viviendas. De los muertos, Unicef calculó que un tercio serían niños. Por no hablar, dado que, desde luego, debe quedar en un segundo plano, de los incontables daños materiales en países ya de por sí con serios problemas de desarrollo y altos niveles de pobreza.

La respuesta y movilización de la comunidad internacional a las peticiones de socorro de los Gobiernos de las naciones afectadas no tardó en producirse, y desde diferentes puntos del mundo y distintos gobiernos y organizaciones internacionales se anunciaron ayudas urgentes a las pocas horas del terremoto. La Agencia Española de Cooperación Internacional comunicó que nuestro país destinaría, de manera inmediata, recursos económicos y materiales, en sintonía con lo que ha sido siempre una ejemplar respuesta de nuestra sociedad ante esta clase de catástrofes.

El último gran desastre natural invita además a una reflexión sobre la capacidad de respuesta del hombre ante una furia de esa magnitud y sobre si el mundo aprende y es capaz de prevenir de alguna forma o siquiera minimizar los efectos de terremotos, tifones o inundaciones. Y la conclusión no pueden ser positiva. Lo cierto es que la repetición inalterable de los desastres naturales ha demostrado que el gran avance industrial y tecnológico de la humanidad se ha evidenciado incapaz de controlar estos fenómenos. De tal forma que el mundo parece cada vez más vulnerable a este tipo de tragedias, favorecidas en buena medida por un crecimiento descontrolado de la industrialización, el aumento de la temperatura terrestre por la emisión de gases invernadero o la destrucción de las defensas ecológicas por la deforestación. Ante esa perspectiva demasiado alarmante, Naciones Unidas solicitó en varias ocasiones a los países que dispusieran los medios necesarios para la prevención y posible predicción de estas tragedias naturales, pero la realidad es que la prepotencia o la irresponsabilidad humanas, o también la falta de capacidad económica de ciertos estados, suelen ir unidas a la alta sensibilidad de muchos de estos lugares a las fuerzas incontrolables de la naturaleza

Fuente: La Razón
Fecha: 27/12/04

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