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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

Articulo Fareed Zakaria. Newsweek. 02.09.02

Fareed Zakaria


En uno de sus legendarios momentos de brillantez, Sherlock Holmes llama la atención del policía sobre el curioso comportamiento del perro en la noche del crimen. El inspector replica sorprendido que el animal no ladró. “Eso es lo curioso”, explica Holmes. El episodio me ha venido a la mente al hacer balance del último año. Porque lo más relevante ha sido precisamente que no ha sucedido nada.
Después de los atentados del 11 de septiembre, todos esperábamos oír la voz aireada del fundamentalismo tronando a lo largo y ancho del mundo árabe. Pero sólo ha habido silencio. El perro no ha ladrado.
Bin Laden confiaba en que su espectacularidad acción galvanizase a los movimientos radicales musulmanes. Pero ha sido infrecuente ver a políticos, a partidos o publicaciones fundamentalistas importantes alardeando de su ideario. El integrismo islámico –que había venido ganado fuerza desde la revolución iraní- alcanzó su apogeo hace tiempo.
Compare el paisaje actual con el de una década atrás. En Argelia, los fundamentalistas estaban a punto de hacerse con el control del país. En Turquía, un partido islamista iba a ganar las elecciones. En Egipto, Hosni Mubarak estaba aterrorizado por las organizaciones radicales.
Mire a esos países hoy. En todos ellos, los grupos integristas han sido aplastados. Muchos temieron que esta represión convirtiera a los fundamentalistas en mártires. Pero cada vez tienen menos seguidores. La gente ha dejado de ver su salvación en el islamismo.
Nada de esto significa el final del problema. El mundo árabe sigue siendo un hervidero. Pero necesitas una ideología para transformar la frustración en acción armada. Después de todo, África tiene muchos problemas y no supone una amenaza.
Esto no significa tampoco el fin del terrorismo. Los movimientos revolucionarios suelen hacerse más violentos cuando se quedan sin respalda popular. Es lo que sucedió con el comunismo. Pero no hay razones para ser pesimistas.
La Historia no está del lado de los mulás. A medida que el mundo árabe se democratice y reforme su economía, dejará de ser una cantera de terroristas y fanáticos.

Fuente: Newsweek
Fecha: 02.09.02

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