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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

Articulo Stella Rimington. El Mundo. 05.09.02

Stella Rimington


Lo que más me sorprendió después de pasar buena parte de mi vida profesional durante los últimos 30 años dedicada a la lucha contra el terrorismo, no fueron los propios actos terroristas del 11 de Septiembre sino la reacción que suscitaron. La conmoción y el horror mundial fueron inevitables.
Los actos terroristas habían sido hasta entonces terribles pero rápidos: una explosión que pasa en un segundo. Este dio la impresión de que duraba un siglo, mientras los edificios se hundían lentamente, incluso mientras algunos pasajeros del avión que se estrelló sin alcanzar su objetivo llamaban por teléfono a sus familias para decirles lo que estaba a punto de ocurrir. Pero viendo la reacción política fue como si el ataque se hubiera producido totalmente por sorpresa para los gobiernos y las autoridades antiterroristas.

El terrorismo no empezó el 11 de Septiembre. Aunque el método de ataque era nuevo y los resultados fueron especialmente aterradores, el 11-S no era sino la etapa más reciente de un fenómeno que ha acosado al mundo moderno por lo menos desde los años 70.
La historia del terrorismo en el siglo XX muestra que no se puede ganar una guerra contra el terrorismo, a menos que las causas del terrorismo sean erradicadas haciendo del mundo un lugar sin motivos de queja, cosa que no va a ocurrir. El terrorismo ha resultado ser tan eficaz en cuanto a captar la atención del mundo e incluso, en última instancia, a cumplir los objetivos de los terroristas, que seguirá atrayendo a los extremistas. Por buenas que sean nuestras contramedidas, algunas de las acciones terroristas tendrán éxito; eso sí, podemos hacer que sea más difícil.
No hay que olvidar que ha habido atentados contra importantes objetivos norteamericanos por parte de extremistas islámicos, durante varios años antes del 11 de Septiembre. Se han hecho saltar por los aires las embajadas estadounidenses en algunos países africanos y, en octubre de 2000 fue atacado el buque de guerra americano USS Cole, amarrado en Aden, causando la muerte de 17 marines norteamericanos. Estos atentados fueron diferentes en método y efecto de los acontecimientos del 11-S, pero idénticos en propósito y tal vez originados en una fuente similar.

El 11-S ni siquiera fue el primer intento de volar el World Trade Center protagonizado por extremistas islámicos. Antes trataron de hacerlo desde abajo, desde el aparcamiento. Los detenidos advirtieron entonces que otros volverían.

Entre la amenaza de Al Qaeda y buena parte del terrorismo anterior hay una gran diferencia que la hace especialmente imprevisible y peligrosa. La disposición de los terroristas a suicidarse, su entusiasmo incluso, cuando la mayoría de los terroristas del pasado hacían planes para su propia escapatoria, significa que ya no se pueden considerar poco probables determinadas formas de atentado, en potencia las más aterradoras, por ejemplo las del terrorismo químico, biológico y nuclear.

Pero esto no significa que sea necesario un enfoque totalmente distinto en la manera de contrarrestarlos. Se trata de hacer lo que se ha hecho antes, pero hacer más y con más eficacia.En el núcleo del antiterrorismo están los servicios de inteligencia; los sucesos del 11-S han centrado la atención en la inteligencia como nunca con anterioridad. El 11-S fue declarado inmediatamente «un fracaso de los servicios de inteligencia». Se alegó que si las agencias de inteligencia hubieran hecho su trabajo como debían, habrían anticipado información lo bastante precisa como para poder frustrar la conspiración. Culparlos de no haber hecho nada es no entender nada de la naturaleza de los servicios de inteligencia.

Aunque lo ideal es contar con una información exacta acerca de cuándo y dónde va a tener lugar todo acto terrorista, ésta es la más difícil de obtener de todas. Es muy posible que el plan completo para cualquier operación lo conozcan muy pocas personas y tal vez, no se revele a nadie más hasta justo antes de iniciar el atentado, o acaso nunca. Una agencia de servicios secretos tendría que reclutar a una de esas personas para enterarse. Aunque en ocasiones es posible conocer a través de bien situadas fuentes humanas o técnicas lo suficiente como para que se pueda adivinar la imagen completa, puede tratarse de información inadecuada para emprender una acción preventiva eficaz o para impedir un atentado.

Las fuentes más valiosas contra el terrorismo son seres humanos, los agentes de penetración a largo plazo, que permanecen en su puesto un largo período y logran ocupar cargos en los cuales pueden suministrar información clave. Pero son las fuentes más difíciles de conseguir y una vez reclutadas es muy difícil conservarlas en el lugar. Por lo general no es posible penetrar en una organización terrorista desde fuera, infiltrar a alguien sin ningún vínculo previo. Los grupos terroristas suelen reclutar a sus miembros en un círculo muy pequeño, entre gente que se conoce desde hace años. Puedo hacer la conjetura de que tal vez fuera una tarea más fácil infiltrarse en Al Qaeda, que al parecer está reclutando jóvenes de todo el mundo para entrenarlos.

Quizá se pudiera insertar un agente en la etapa de reclutamiento, pero sería un proceso lento, mientras se organizaba una tapadera en la mezquita o donde se estuviera realizando el reclutamiento, esperando ser elegido, y además muy peligroso para la persona que lo hiciera.
En el mundo del espionaje, muchos de los mejores espías son voluntarios, personas que ofrecen sus servicios al otro lado. La experiencia del pasado ha demostrado que, sorprendentemente, hay miembros de organizaciones terroristas que se ofrecen para actuar como fuentes de información para los servicios de seguridad. Aunque parece menos probable que lo hagan miembros de Al Qaeda, dado que están motivados por un profundo fervor ideológico o religioso, no dudo que alguno lo hará.

Por fundamentales que sean, las fuentes humanas solas no son suficiente. Deben complementarse con la inteligencia técnica.La capacidad de reunir información de esta manera es ahora muy sofisticada. Pero los terroristas, como los espías, se han vuelto también más sofisticados. Hay a su alcance mucha información que es susceptible de ser interceptada como los teléfonos móviles, Internet y otros medios de comunicación y sobre lo que pueden hacer los satélites y otras técnicas de vigilancia. Pero tienen que hablar unos con otros, comunicarse en la distancia y trasladarse de un lado a otro, y ello los hace vulnerables a la recopilación técnica de información.
La recopilación humana y técnica de información debe ser respaldada por una investigación y evaluación a largo plazo para entender a una organización terrorista, a su gente, sus planes y sus métodos.Reunir todos esos fragmentos de información, por pequeños que sean, que proceden de todo tipo de fuentes, seguir pistas, todas las técnicas clásicas del espionaje son asimismo necesarias contra los objetivos terroristas. Visto desde fuera se tiene la impresión de que este género de investigación no se hizo lo bastante a fondo antes del 11-S. La naturaleza y extensión de las redes de Al Qaeda parecen haber escapado a la observación. Puede que no hubiera pistas que investigar, aunque al parecer hubo indicaciones de que se planeaba algo, indicaciones que, por vagas que fuesen, habría que haber indagado. Pero es fácil criticar a posteriori.

En las democracias, los gobiernos tienen que equilibrar el derecho a la libertad de los ciudadanos con la injerencia de los organismos de seguridad en la vida privada. Pero después de un acontecimiento como el 11-S vemos que el nivel de la balanza empieza a inclinarse hacia el otro lado. Se va haciendo más aceptable que el gobierno asuma más poderes, por ejemplo detener o deportar a los sospechosos de participar en tramas terroristas en otros países. Antes del 11-S había gran preocupación por la calidad de las pruebas y el carácter del régimen que alegara implicación terrorista. Antes del 11-S se había considerado políticamente inaceptable que los servicios de seguridad considerara las mezquitas como un legítimo objeto de investigación; ahora no es tan impensable. Estados Unidos ha impuesto nuevos controles fronterizos, toma las huellas dactilares de las personas provenientes de ciertos países y ha otorgado al FBI unas capacidades investigadoras que antes se juzgaban inaceptables -por ejemplo, la de hacer un seguimiento de sospechosos de terrorismo sin previas pruebas de actividad delictiva- levantando así restricciones impuestas hace 25 años para controlar la histeria anticomunista. El equilibrio entre seguridad y libertad ha cambiado.

Los servicios de inteligencia no pueden dar por sí solos todas las respuestas al terrorismo, por muchos recursos que se le dediquen.De la mano con la información tienen que ir unas medidas protectoras de seguridad, basadas en las indicaciones de objetivos y métodos que proporciona la información y, lo que es muy importante, revisadas continuamente conforme cambia la información. Si es cierto que el FBI tenía alguna información, aún imprecisa, de que un número notable de estudiantes islámicos estaban tomando clases en escuelas de vuelo de Estados Unidos, entre otras cosas, las medidas de seguridad de los aeropuertos interiores del país deberían haber sido revisadas. Es de suma importancia que las medidas de seguridad resulten de la información, a fin de que sean las cosas auténticamente vulnerables las que se protejan. De otro modo, la seguridad se puede convertir en una industria por sí misma y no proteger lo que realmente esté en peligro. Por desgracia, frecuentemente hay una relación inadecuada entre información y medidas protectoras de seguridad, lo cual tiene como consecuencia demasiadas veces unas medidas que se establecen después de los hechos y luego se van relajando, en un espacio de tiempo relativamente corto, cuando no pasa nada más, respondiendo a las quejas por los retrasos e inconvenientes.

Veo con cierta preocupación la creación de otro organismo en Estados Unidos para coordinar a todos los demás. Es un instinto natural en los políticos -pero un instinto al que habría que resistirse, casi siempre- el crear un nuevo organismo cuando parece que ha habido algún tipo de fallo. Hemos sabido que el nuevo Departamento de Seguridad Nacional no va a tener control sobre las agencias de inteligencia y desde luego no me imagino que las agencias europeas que tienen relaciones bien establecidas con la CIA y el FBI permitan que este nuevo departamento tenga su información más sensible. Me temo que no va a hacer más que aumentar la confusión.

Para finalizar, la manera más eficaz de desbaratar los planes de los terroristas es negarles la publicidad que tanto anhelan.Esto no se puede hacer. Pero en sus reacciones públicas los políticos deben usar palabras de desprecio en lugar de la retórica de la venganza. Toda retórica sirve a los fines de los terroristas, pero hablar de venganza engendra aún más odio en un círculo sin fin. Cuando un atentado terrorista tenga éxito, debemos esforzarnos por no permitir que nuestra reacción brinde a los terroristas todavía más satisfacción que la que sienten por la muerte y la destrucción que causan.

Fuente: El Mundo
Fecha: 05.09.02

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