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Articulo Mar Ramos. La Razón. 08.09.02

Mar Ramos


El día en que cayeron las Torres Gemelas, el mundo del espectáculo también lloró por los «daños colaterales» sufridos en sus carnes: teatros y cines destrozados, películas censuradas, canciones prohibidas, conciertos cancelados... Sin embargo, no todo fue destrucción. Junto a las bajas se cuentan ya los nacimientos: los de los filmes, la música o las obras que se gestaron a la sombra del 11-S.

La huella del 11-S, que sacudió el mundo del cine, el teatro y la música, sigue marcando el «show-business» ¿Cuán admirable es la humanidad! ¿Oh, feliz nuevo mundo que cuenta con semejantes habitantes!». Probablemente, nadie en su sano juicio hubiera relacionado estos versos de Shakespeare con la matanza que hace un año cambió el mundo. Pero ha ocurrido. La escena neoyorkina han escogido este pasaje de «La tempestad» para bautizar el homenaje que tributará a su ciudad en recuerdo del 11-S. «Festival del Nuevo Mundo Feliz», es el título abreviado del maratón de obras que se representarán estos días en Nueva York. Estos versos son, además, el mensaje que la industria del entretenimiento se manda a sí misma al cumplirse un año de la tragedia. En otras y famosas palabras, «el espectáculo debe continuar».


Arriba el telón

Atrás quedan las lágrimas que el «show business» ha derramado por sus pérdidas desde aquel día. Primero las personales ¬también hubo actores, guionistas, cámaras y otros trabajadores del mundo del espectáculo entre las víctimas de los atentados¬, y luego las materiales, porque aquel día se perdieron, entre otras cosas, decenas de salas de cine y teatro. Las de la «Zona Cero» cayeron en el acto, como otros tantos edificios, pero la mayoría, sobre todo los pequeños teatros y salas alternativas que se nutrían sobre todo de turistas, falleció por falta de un público que no volvió a la zona después de la tragedia.
Las grandes salas sobrevivieron, apoyadas por la «llamada a filas» que el entonces alcalde Rudolph Giuliani lanzó a sus conciudadanos, a los que animó a demostrar su templanza ante el mundo y frente al terror llenando las butacas de Broadway. La escena vivió entonces un inusitado «boom» de taquilla, pero los autores tardaron en acercarse a cualquier argumento relacionado con el «Martes Negro». La primera en atreverse a subir a un escenario neoyorkino para representar una pieza inspirada en los sucesos de aquel día fue la actriz Sigourney Weaver, que protagonizó «Los muchachos», un homenaje a los bomberos de la ciudad.

La obra, que se estrenó el pasado enero en una pequeña sala cerca de la «Zona Cero», está escrita por Anne Nelson, una profesora de la Universidad de Columbia que redactó varios discursos para un capitán de bomberos que perdió a varios de sus hombres en las tareas de rescate. El argumento se basa en el contenido de aquellos discursos.

Mucho más ha tardado el cine norteamericano en plasmar la tragedia en las pantallas. Hollywood se erigió desde el principio en bandera del reforzado patriotismo de los estadounidenses. Para empezar, recuperó la práctica de la autocensura con una dureza que no se recordaba desde la Segunda Guerra Mundial, y eliminó o aplazó los estrenos y rodajes de cualquier película que pudiera herir la sensibilidad del pueblo americano.

Entre los primeros en apuntarse ¬o sufrir¬ las nuevas consignas estuvieron dos cintas destinadas a constituirse en «taquillazo» en los EE UU. «Daños colaterales», de Arnold Schwarzenegger, debía estrenarse dos semanas después de los atentados. La historia, la de un padre de familia que pierde a su mujer y a su hijo en un ataque terrorista, era demasiado para el cuerpo estadounidense en aquel momento, y la película no ha llegado a las pantallas hasta este año. En los estudios de la Warner Bros, los técnicos retocaban la cinta de «Spiderman», en la que el superhéroe tenía la mala suerte de demostrar sus poderes escalando las Torres Gemelas.

Hubo muchas más bajas entre los estrenos previstos para finales de 2001. La MGM tuvo que guardarse «Nariz sangrante» («Nose Bleed»), que relataba un plan para destruir el World Trade Centre. Por su parte, Disney aplazaba «Bad Company» («Mala Compañía»), en la que Anthony Hopkins y Chris Rock interpretaban a dos agentes de la CIA (La Agencia no disfrutaba de su mejor momento de popularidad durante los meses que siguieron a los ataques). La Columbia Pictures hizo lo propio con su «Tick Tock», protagonizada por una Jennifer López a quien se acusa en la película de una serie de atentados. Incluso una comedia, «Big Trouble» («Gran problema»), en la que Rene Russo y Tim Allen activaban, por error, una bomba atómica, cayó bajo la sombra censora del 11-S.


Hollywood en el Pentágono

El episodio más llamativo de la implicación de Hollywood en los acontecimientos que siguieron al «Martes Negro» se gestó en la Casa Blanca. Un equipo de guionistas de películas y de series de televisión fue reclamado para formar, ¿en el Pentágono!, un insólito «gabinete de crisis» al que se encomendó la labor de recrear y aportar de ideas sobre las posibilidades de futuros atentados contra los Estados Unidos.

Esta misma semana, el cine se ha atrevido a mostrar, por primera vez, sus sentimientos sobre el 11-S. El pasado viernes, en la Mostra de Venecia, once directores de otras tantas nacionalidades ¬entre ellos, el estadounidense Sean Penn, el británico Ken Loach y el francés Claude Lelouch¬ presentaron sus respectivas interpretaciones de las causas, consecuencias o circunstancias que rodearon el ataque terrorista. La cinta, titulada «11-09-01», fue ovacionada varias veces por la sala.

El camino recorrido por el «espíritu del 11-S» ha sido similar en la música. Primero, censura y eliminación de todo aquello que recordara a la tragedia; después, búsqueda de consuelo y de respuestas en creaciones inspiradas en los hechos. La primera «fase» la inauguró la mayor empresa radiofónica de EE UU, la Clear Channel, que censuró 150 canciones por su contenido «líricamente inapropiado» para el momento. Cualquier tonada que aludiera a Nueva York, la muerte, septiembre, los aviones o la guerra, entre otros asuntos, fue retirada de las programaciones. La fiebre censora llegó hasta la prohibición de canciones como el «New York, New York» de Frank Sinatra; «What a wonderful world» («Qué mundo maravilloso»), de Louis Amstrong; «Obla Di, Obla Da», de los Beatles; «America», de Neil Diamond, o varios temas de Bruce Springsteen, el icono por excelencia de la música «Made in USA».

Mientras unos pagaban el dolor y el miedo con las canciones, otros aprovechaban los mismos sentimientos para seguir creando. El primero y, según la prestigiosa revista «Rolling Stone», el que mejor ha canalizado el espíritu del 11-S ha sido precisamente el censurado Springsteen.

«El corazón se nos encoge ante la perspectiva de que las estrellas del pop empiecen a darle vueltas al tema del 11 de septiembre», confesaba la publicación más influyente del panorama musical. «¿Cuál de ellos sería capaz de transformar el horror de ese día o de ofrecer algo que no fuera una trivialización bochornosa?». Y se responde: Bruce Springsteen. «Con su nuevo disco, The Rising, Springsteen se interna en el dolor y el desastre de aquel día y emerge cargado con 15 temas que rinden homenaje, con una elegancia enorme, a la tristeza».

El «Martes Negro» seguirá inspirando por mucho tiempo películas, obras de teatro y canciones. Y el público seguirá buscando en ellas alguna respuesta a lo que sucedió el pasado 11 de septiembre.

Fuente: La Razón
Fecha: 08.09.02

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