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Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.

Articulo Julian Lago. La razon. 15/02/05

Julian Lago


Nos ha pillado de lejos el pavoroso incendio de la torre Windsor, que nos los ofrecen como un espectáculo en sesión continua de una nueva versión de «El coloso en llamas», pero sin Fred Astaire y Gingers Roger.O sea, que la torre W. ha ardido como una antorcha preolímpica, a los pocos días de la visita de los inspectores del COI a Madrid, en medio de una humareda expansiva desde el corazón mismo del Maniatan español.

Vamos, que nos estremece, de nuevo, la fuerza demoledora del fuego sobre uno de los símbolos del poder financiero español, junto a otros edificios no menos icónicos del dinero, la banca y las grandes empresas. Así que, con el esqueleto casi en pie del rascacielos carbonizado, como si se tratara de la raspa de una sardina humeante, se alzan los restos heridos de la torre W. sobre un Madrid herido, y desconcertado.

Se dice que por el humo se sabe dónde está el fuego, pero por el fuego no sabemos todavía dónde estuvieron los fallos del sistema contra incendios, que es donde ahora se centra la controversia. El alcalde Gallardón, haciendo de alcalde Giuliani, estuvo allí, y la presidenta Aguirre, y el ministro del Interior, e ignoramos dónde estaba el presidente ZP. Pero, sobre todo, quienes estuvieron fueron los Bomberos, cuya labor fue titánica, heroica y con riesgos para sus propias vidas, lo cual conviene subrayar, y subrayamos.

Muchas son las preguntas sin respuestas a las que habrá de responderse. Que se iniciara el incendio precisamente en el piso 21, es decir, en el tercio superior del rascacielos, con cuanto ello supuso para la neutralización del fuego, no deja de ser una fatal coincidencia. Situación esta que facilitó una escenografía dantesca de impotencia y terror no ajena a nuestro imaginario popular.

Tras lo del 11-S, Anson apuntó en una «Canela Fina» la posibilidad de que los terroristas de Al-Qaida, siguiendo el referente N.Y., atentaran contra uno de nuestros rascacielos, lo cual produjo más de una rasgadura de vestidos. Afortunadamente en la torre W. no hubo personal en el momento del atestado, por lo que nos evitamos presenciar el número añadido del lanzamiento de quienes se arrojaban al vacío cual muñecos de serrín y terror desde los infiernos de las Torres Gemelas.

En el rascacielos madrileño estallaron cristales pulverizados, llovieron documentos chamuscados y asistimos al derrumbe de una parte de la estructura, cuyo desplome nos trajo a la memoria el sabotaje del 11-S. «Voilà», que lo que no tiene sentido es que, por evitar la alarma social, todos miremos a otro lado cuando la peña especula sobre otro posible sabotaje de Al-Qaida. De modo y manera que sería tranquilizador un diagnóstico de urgencia sobre las causas de lo acontecido en la torre W. Pues eso, que lo aclaren, pero que nos lo aclaren ya, que España sigue entre los objetivos del terrorismo islamista. ¿O ya no?

Fuente: La razon
Fecha: 15/02/05

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