Belt Analistas de
Prevención y Protección

- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Artículos Profesionales


Seguridad Pública y Protección Civil.

Articulo Carmen Serna. El Mundo. 21/02/05

Carmen Serna


Desde el 11-M, los madrileños han tenido que hacer frente a avisos de bomba, explosiones de ETA, dos incendios en subestaciones, accidentes mortales por escape de gas y el fuego en un rascacielos.Los expertos creen que la sociedad puede inmunizarse al dolor y los políticos, que Madrid es la región más solidaria

Atentados, incendios, accidentes con el gas, más incendios, más explosiones, bombas, falsos avisos de explosivos y desalojos...en los últimos 11 meses, los ciudadanos de Madrid han sufrido una desgracia cada mes. Ninguna tan grave como el atentado del 11-M, pero sí suficientemente importantes como para ir royendo la moral de quienes día a día trabajan, se mueven, comen y se divierten en las calles de la capital.

«Ha sido un año muy duro. Pero hay una diferencia entre los sucesos en los que hay víctimas y en los que no. Tampoco es lo mismo cuando se producen por la actuación pensada y dolorosa del hombre, dispuesto a hacer daño, o los que se producen por una desgracia provocada por causas naturales. Ésa es la diferencia entre una bomba de ETA o el 11-M y un incendio», explica el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo.

Es imposible evitar preguntarse hasta cuándo va a aguantar una ciudadanía que sufre un nivel de estrés superior al de otras ciudades españolas y qué repercusión va a tener entre los madrileños un año negro.

Los psicólogos advierten de que la exposición permanente a situaciones de violencia no favorece a ninguna sociedad, por mucho que la madrileña se erija en solidaria y paciente cuando se ha visto golpeada: «No tengo muchos indicadores para ver cómo se ha metabolizado tanta tragedia en Madrid, pero es evidente que la exposición repetida a la violencia genera un proceso de habituación hasta el punto de que la gente puede asombrarse menos y reaccionar con menos sensibilidad ante estos sucesos. Hay estudios de psicología en EEUU que lo avalan», explica Miguel Postas, uno de los psicólogos de Madrid Salud que ha trabajado con víctimas del 11-M.

El principal peligro de esta lista es que la ciudadanía empiece a inmunizarse por tanto suceso y acabe refugiándose en su propia individualidad frente a una sociedad que pueda percibir como hostil. «En una gran ciudad siempre va a haber siniestros, los hay en todas las partes del mundo, como el tsunami o el incendio de una discoteca en Buenos Aires. Lo que nos ha marcado es el atentado del 11 de Marzo, igual que los de ETA. El resto de desgracias, ocurren cada cierto tiempo en ciudades tan grandes», justifica Manuel Cobo.

Los atentados del 11 de Marzo abrieron una brecha muy grande en la sociedad. Muchos conocían a algunas de las víctimas o de los heridos y otros desarrollaron una empatía que provocó cuadros de ansiedad en algunas partes de la sociedad madrileña que pensó que podría haber estado allí. Pocos días después, el suceso de Leganés, donde se inmolaron siete terroristas, devolvió a las mentes de los madrileños las imágenes de Atocha.

Después, cada vez que sonaban las sirenas el corazón se encoge y se piensa lo peor. «Cuando te llaman que ha pasado algo y te dicen que no hay víctimas, respiras. Si te dicen que han estallado varias bombas y que hay muchos muertos, te desmoronas», recuerda el vicealcalde de Madrid.

A pesar de esta lista negra, el consejero de Justicia e Interior, Alfredo Prada, cree que no se puede mirar a la capital con miedo.«Madrid es una ciudad abierta y a pesar de todas las desgracias que hayan pasado en este año, sigue siendo el motor de la economía española. No creo que la gente la vea como una ciudad peligrosa, porque en esa imagen prevalece la parte positiva, como la capacidad de respuesta de las distintas administraciones y de sus profesionales».

Para los representantes políticos en el Ayuntamiento y en la Comunidad, la ciudadanía no puede estar inmunizándose. Y evocan las muestras de solidaridad que se dieron tras los atentados, pero los expertos piden que no se estire la cuerda, porque hay algunas reacciones entre los madrileños que no pueden medirse ni controlarse.

Miguel Postas aclara que hay tener en cuenta los efectos perversos: «Creo que sí estamos más inmunizados, pero sufriendo los efectos de esa violencia. Muchas de las víctimas del 11-M evitan situaciones que les duele y la propia evitación puede tener su perversidad.Pero es más difícil controlar a las personas en la vida real con situaciones como el Windsor que a las víctimas del 11-M».

Muchas de esas reacciones perviven días e incluso semanas después de la tragedia. En el Metro, el silencio sigue siendo tenso.Las conversaciones no surgen fluidas y la cabeza se empeña en no recordar lo que es imposible de borrar. «Los madrileños están inmunizados, es una sociedad muy solidaria. Después del 11-M hubo miles de ejemplos de respuestas solidarias, de predisposición de ayuda. Creo que es mala suerte estas casualidades en casi un año, pero es que la Comunidad de Madrid tiene más riqueza y parámetros de tipo social, político y económico que algunos países de la UE que hacen que la concentración de aspectos positivo y también de aspectos negativo sea muy lógica», concluye Prada.

El vicealcalde es de la misma opinión: «Una cosa es que la ciudadanía sepa responder con firmeza porque durante años nos ha tocado sufrir atentados y otro es que no nos duela. Sabemos el riesgo que corren los profesionales, pero es una ciudad en la que se sabe dar respuesta serena y profesional».

Algunos especialistas coinciden en que el estrés de este último año puede provocar en los madrileños una habituación a esta violencia, lo que disminuiría su sensibilidad y capacidad de reacción, o una evitación, que acabaría en mecanismos utilizados para esquivar situaciones dolorosas. «Es muy difícil controlar a las personas en la vida real con situaciones como el Windsor o el 11-M. Se trata de fenómenos sociales macro que pueden derivar en reacciones muy distintas según las personas. En unas, puede generar sensibilización y en otras, evitación», aclara Miguel Postas.

Los psicólogos advierten de que hay dos instrumentos para evitar que el ente de la ciudadanía se divida en ciudadanos individuales, perdiendo la voz que surge con mucha fuerza cada vez que hay una desgracia como las que están azotando a Madrid en el último año.

«Uno de los moduladores más importantes es el control. Cuando una persona percibe que tiene control sobre el hecho traumático (que le es lejano, que puede escapar, que, por ejemplo, nunca ha subido a la torre de Windsor...) es más fácil de asumir. De hecho, hay situaciones cotidianas que tienen más efecto que el incendio en el rascacielos. En el 11-M, las reacciones estaban relacionadas con al distancia física del suceso», relata Postas.

La segunda es la cohesión social en el vecindario, en el distrito y en la ciudad. «Las reacciones micro son más importantes en los lugares donde no hay cohesión social, porque la solidaridad es menos percibida», añade el psicólogo.

ESCENARIOS DE DESGRACIAS

La ciudad ha sido escenario de varias desgracias desde el atentado del 11-M, pero ocho fechas se han quedado grabadas en la memoria colectiva de una ciudadanía ya trágicamente habituada. Después de los sucesos de Atocha, los madrileños volvieron a sobresaltarse con el incendio de la subestación de Unión Fenosa en la calle de Almadén. Desde ahí, otra subestación quemada, más llamas en una fábrica, un muerto por gas, bombas en cinco gasolineras, el desalojo del Santiago Bernabéu, la explosión de un coche en Campo de las Naciones y el incendio del Windsor.

Fuente: El Mundo
Fecha: 21/02/05

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es