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Artículos Profesionales


Seguridad Pública y Protección Civil.

Articulo David Torres , Javier Lorenzo. El Mundo. 06/03/05

David Torres , Javier Lorenzo
Escritor , Periodista


¿Fue intencionado el incendio de la torre Windsor?

NO

Ania, una amiga artista de Mallorca, visitó ARCO el domingo en el que el Windsor todavía ardía. Me contó lo extraño que resultaba pasear en soledad por los salones llenos de geypermans a tamaño natural y montajes dignos de decorar un restaurante chino, mientras toda la gente que debía visitar ARCO estaba en Nuevos Ministerios contemplando la torre en llamas. Medio en broma medio en serio, yo le aseguré que la gente suele tener un instinto artístico infalible y que habían acudido en masa a ver la auténtica obra de arte, un happening glorioso e inflamable que era también la enésima versión de Troya.

Ahora, a toro pasado, cuando del Windsor sólo queda un esqueleto vertical y antediluviano, creo que se me fue un poco la mano.Como obra de arte destructor, el incendio del Windsor pasma únicamente por el tamaño: su fascinación procede de la danza sinuosa del fuego, pero como espectáculo está a la misma altura estética que las fallas valencianas. La escala es lo que verdaderamente sobrecoge al personal, pero no creo que el misterio del Windsor vaya mucho más allá de una de esas fogatas de campo donde el aldeano quema unos rastrojos y se le va la mano y chamusca media sierra. En definitiva: una falla desmadrada en mitad de La Castellana.

Hay quien nos dirá que Windsor en algonquino significa «hecatombe» o que el equivalente numérico de los pisos del rascacielos suma la fecha exacta de la caída de Roma. En estos, como en otros casos, conviene no perder de vista la perspectiva y recordar que hablamos de una ciudad donde una zanja en la calle dura seis meses y donde un andamio es una nueva forma de fachada. Gracias a una alcaldía que ha sublimado la tunelación perpetua como forma de expresión arquitectónica y la excavadora como parte del paisaje urbano, los madrileños hemos vuelto a reconciliarnos con la chapuza.Por mucho que digan que hay un vídeo donde se veían unas sombras sospechosas tras las ventanas o una conjura de malvados constructores dispuestos a pegarle fuego al Bernabeú para rentabilizar el alquiler de un par de grúas, la idea de un incendio perfecto (sin rastros químicos de ningún tipo y sin más pistas que unas cuantas siluetas oscuras y una llamada tardía) en Madrid sólo puede significar una cosa: una perfecta chapuza.

Hay miles de hipótesis más plausibles que la conjura. Por ejemplo, la teoría del caos. Lo más probable es que detrás del Windsor sólo haya unos pobres tipos que iban a incendiar unos cajones y a los que también se les fue un poco la mano. O ni siquiera eso: un cigarrillo mal apagado, un sistema de extinción que falló por el mero hecho de existir, unos vigilantes que estaban echando una partida de mus, un número de teléfono mal marcado, una operadora que pensó que era una broma, etcétera. Cualquiera que haya llamado alguna vez a un teléfono oficial ya sabe de lo que estoy hablando.

SI

Los desastres siempre excitan la fértil imaginación de los humanos.Después de una tragedia es inevitable que surjan toda clase de teorías sobre sus orígenes: desde el socorrido castigo divino hasta la vetusta confabulación judeomasónica y sus pertinentes modalidades. Sin embargo, en el caso Windsor son tantos los indicios, las casualidades, los hilos sueltos, los misterios sin resolver que a cada día que pasa la hipótesis del mero accidente resulta más increíble mientras que las de la conspiración y el sabotaje cobran fuerza.

Aunque la investigación policíaca/judicial sigue su curso y por tanto muchos detalles no han visto la luz, el 85% de los lectores que han participado en la encuesta de Internet de este periódico sospechan que hay un gato encerrado, un río que suena o que, definitivamente, algo huele a podrido en las riberas del Paseo de la Castellana. El 85%, repito. Parece que es algo más que una impresión.

Los locos habituales han hablado de ETA y del ya habitual terrorista suicida. Se les ha pasado decir que el incendio es obra de un comando francés, enviado por el Gobierno de París para cortar las alas de nuestra bien dotada candidatura (¿no fueron capaces de sabotear un barco de Greenpeace?, señalará alguno), pero todo se andará. No obstante, estas peregrinas sospechas no logran borrar otras huellas que serán más o menos sutiles pero que tienen visos de conducirnos hasta la verdad. Expongámoslas rápidamente.

Un matrimonio que ha vivido una velada operística graba en vídeo a dos figuras en la planta 16 del edificio. Son las 3.50 de la madrugada, pero el desalojo se había completado oficialmente a la una. Otro vídeo recoge luces que se encienden y apagan 10 plantas más abajo. Un vigilante -dos de los cuatro que había en el Windsor no tenían permiso de Interior- habla en la radio de «dos explosiones moderadas». Se localiza un butrón en un sótano que da acceso a los aparcamientos. Se comenta la existencia de un segundo foco de fuego en la planta séptima. Cuando finalmente los vigilantes encuentran la llave maestra para abrir el despacho donde, supuestamente, comenzó el fuego, algo -no se sabe el qué- bloquea la puerta. Deben hacer un agujero para pasar por él el extintor. Una empleada vio aquella noche «a un hombre que no conocía sacando unas fotocopias...».

Como señala un experto en seguros: «Fallan muchas cosas, quizás demasiadas». El incendio no sólo se extendió hacia arriba, sino que también lo hizo hacia abajo con una velocidad cuanto menos sorprendente. El antiguo sistema contraincendios del Windsor no era tan inservible como para no saltar con el humo de una pipa, tal como han declarado algunos trabajadores.

Aquella noche, sin embargo, las alarmas no sonaron. Todo ocurre, además, cuando están a punto de concluir casi tres años de modernización del edificio. Tal vez a alguien se le estaba acabando el tiempo.Y, por último, un detalle que no es menor: las aseguradoras aún no han soltado un euro. Y ése es un baremo que nunca falla. Así que hasta que ellas no paguen, yo no me creo nada. Será un robo, un sabotaje o una conspiración, pero desde luego es algo más que una impresión.

Fuente: El Mundo
Fecha: 06/03/05

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