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Artículos Profesionales


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

Articulo A. Pérez Giménez. ABC. 04.09.02

A. Pérez Giménez


El 11 de septiembre de 2001 cambió la historia del mundo. Los aviones que derribaron las torres gemelas y un ala del Pentágono acabaron de un plumazo con la imagen de invulnerabilidad de los norteamericanos. Casi un año después, múltiples líneas de investigación han permitido establecer cómo y cuándo se planeó el ataque. Lo que sigue es el relato de ese viaje hacia la muerte.

MADRID. El origen de los atentados del 11-S habría que situarlo en la mente de Osama bin Laden y la decisión de crear su red terrorista para combatir al «enemigo norteamericano y al sionismo». Exactamente no se sabe cuándo Bin Laden decidió su objetivo, pero sí se conoce cuándo sus peones, los diecinueve terroristas que estrellaron los aviones esa mañana de septiembre, comenzaron a moverse.
HAMBURGO, 1998
Mohammed Atta tiene 33 años. Es un estudiante egipcio que desde 1992 reside en la ciudad alemana de Hamburgo en cuya Universidad estudia Arquitectura técnica. Como un desagradable guiño a lo que luego le daría siniestra fama mundial, presentó incluso una tesis sobre urbanismo. Eso sí, el trabajo estaba especializado en las ciudades islámicas. Atta comparte su piso de estudiante con el ciudadano de Yemen Ramzi ben al Shibh, de 26 años.
En la universidad técnica dirige una asociación de estudiantes musulmanes y tiene sobre todos ellos una especie de magnetismo notorio. Su ascendencia sobre el resto de compañeros musulmanes no sólo se plasmará en los años universitarios. El 11 de setiembre será el jefe del comando terrorista y estará al mando del primer Boeing que se estrella contra una de las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York.
Al Shib, el yemenita, es el «coordinador» de la operación y el hombre encargado de que no falten los fondos. Realiza principalmente los giros bancarios a los miembros del comando por cuenta de Al Qaida, la extensa red de Osama bin Laden con multiplicaciones en fundaciones y bancos en todo el mundo, incluido Estados Unidos. Según los investigadores, Al Shib debía ser uno de los pilotos que estrellaran los aviones pero no pudo hacerlo porque hasta en cuatro ocasiones, las autoridades de Estados Unidos rechazaron su solicitud de visado de entrada.
El apartamento de Atta y Al Shib recibe constantes visitas en esa época. Los investigadores han podido constatar la presencia allí en varias ocasiones de Ziad al-Jarrah, libanés de 25 años. Al Jarrah estará el 11 de septiembre a los mandos del avión de United Airlines que se estrelló en Pensilvania (se supone que tras una reacción heroica de los pasajeros, que ya conocen el destino de los otros tres aviones estrellados). También pasa por el apartamento de Atta el emiratí Marwan al-Chehhi, de 23 años, que el 11 de septiembre pilotará el segundo avión que impactó contra el World Trade Center.
Además, la llamada «célula de Hamburgo» contaba con un alemán de origen sirio, Mohamed Haydar Zamar, actualmente detenido en Siria y que sería la correa de transmisión entre Mohamed Atta y Bin Laden en Afganistán.
El último engranaje de la célula en caer y ser acusado por su participación en los atentados del 11-S fue el marroquí Munir el Motassadek, de 28 años, acusado la pasada semana de complicidad en al menos 3.116 asesinatos pues la Fiscalía alemana entiende que su participación en los días de la preparación fue «decisiva».
Este marroquí se ha convertido en el primer procesado de la «célula de Hamburgo», pues el resto está huido o muerto. Motassadek fue detenido el pasado 28 de noviembre por mantener «contactos regulares e intensos» con los miembros de Al Qaida Atta, Marwan al-Chehhi y Ziad Jarrah.
Motassadek vivía con su mujer y un hijo en el vecindario de Atta y estuvo directamente implicado en los preparativos de los atentados del 11-S. El fiscal considera que Motassadek se encargó de administrar la cuenta bancaria que al-Chehhi mantenía en Hamburgo, en la que se ingresaron grandes cantidades de dinero entre mayo y noviembre de 2001.
KUALA LUMPUR, ENERO DE 2000
En un apartamento de Kuala Lumpur, capital de Malasia, se reúnen en enero de 2000 una serie de personajes. El piso es propiedad de Yazid Sufaat, un microbiólogo de 37 años que ha estudiado en Estados Unidos y que pertenece a la red Al Qaida de Bin Laden. La CIA, que interceptó posteriormente una conversación en Yemen en la que se hacía referencia a la reunión de Kuala Lumpur, constató que en la minicumbre de Al Qaida en la capital malaya estuvieron presentes Jaled al Midhar y Nawaf al Hazmi, dos de los terroristas que el 11-S iban a bordo del avión de American Airlines que se lanzó contra el Pentágono en Washington. Según la CIA, Ramzi ben al-Shibh, el compañero de piso de Atta en Hamburgo, también estaba en la reunión.
Tras la intercepción de la comunicación en Yemen, la CIA coloca a Midhar y a Hazmi en una lista de identificación de fronteras para que se les capture antes de entrar en EE.UU., pero ya es demasiado tarde: ambos están en San Diego, California, donde viven desde noviembre de 1999 y toman clases de pilotaje, especialmente, de despegue y aterrizaje. En este punto, la CIA comete uno de sus imperdonables errores en la tragedia del 11-S: no informa al FBI sobre los personajes detectados en la cumbre de Kuala Lumpur.
EE.UU. JULIO DE 2000
Mohamed Atta entra por primera vez a territorio norteamericano. Lo hace con un pasaporte de los Emiratos Árabes Unidos y con visado de turista, Es el 3 de junio de 2000, Cinco días antes, el 29 de mayo, ha entrado Al Chehhi, uno de los miembros de la asociación islámica de Hamburgo. Ambos se inscriben en la escuela de pilotaje de Venice, en Florida.
Los viajes de Mohamed Atta en ese periodo son constantes. Vuelve a Estados Unidos de un viaje a Madrid el 10 de enero de 2001. El resto de los piratas llegan a suelo estadounidense entre el 23 de abril y el 19 de julio de 2001. En total, los 19 terroristas abrirán 35 cuentas bancarias que servirán para girar 325.000 dólares (el resto es llevado en efectivo). El FBI estima que en total dispusieron de 500.000 dólares para llevar a cabo los atentados, según Afp.
El 29 de junio de 2001, Atta alquila una habitación en la ciudad de Las Vegas. Se reúne con Salem al-Hazmi, uno de los que viajará en el avión que se estrellará en el Pentágono, con Hani Hanjour, que viajará también en ese avión, y los contactos de Hamburgo, al-Chehhi (el piloto del avión que chocó contra la segunda torre) y Jarrah (que iría a los mandos del aparato que acabó estrellándose en Pensilvania). En resumen, los jefes de los cuatro comandos del 11 de setiembre están allí.
ESPAÑA, JULIO DE 2001
Los últimos preparativos son perfilados en una reunión cerca de Tarragona entre Atta y Al Chehhi, el «coordinador» Al-Shibh, y otros tres militantes islámicos. Uno de ellos es Mohamed Bensakria, un argelino que vive en Francia y que fue detenido posteriormente por las autoridades españolas y presentado como la mano derecha en Europa de Bin Laden. Luego fue extraditado a París.
Los investigadores piensan que la fecha definitiva de los atentados fue decidida en esa reunión en suelo español. Atta llegó a Madrid en un vuelo procedente de Miami el 7 de julio de 2001 y partió de España rumbo a esa misma ciudad de Florida el 19 de julio. El 17 de julio, Mohamed Atta, con un pasaporte egipcio y bajo su propio nombre, pues no estaba fichado por ninguna Policía del mundo, se registra y pasa la noche en el hostal Mont-Sant de Salou. El director del establecimiento lo confirmaría posteriormente. También pasó una noche en un hotel de Barajas, cercano al aeropuerto, la noche anterior a su partida de regreso definitivo a Estados Unidos.
ESTADOS UNIDOS: AGOSTO/SEPTIEMBRE DE 2001
Entre el 25 y el 29 de agosto, los terroristas compran los 19 pasajes aéreos en cuatro vuelos diferentes y para la misma fecha: el 11 de setiembre.
El 8 de septiembre, sólo tres días antes de la fatídica fecha, Atta y al-Chehhi están en Nueva York. Su misión no es otra que introducir las coordenadas de las torres gemelas en sus sistemas GPS. Se supone que otros miembros de los comandos hacen lo mismo en el Pentágono y en el cuarto objetivo, posiblemente la Casa Blanca o el Capitolio.
Tres días más tarde, armados con cuchillos y cutters, los 19 terroristas embarcan en sus respectivos vuelos. El viaje definitivo hacia la muerte ha comenzado. El resto, ya es conocido.
Los jefes de tropas especiales de EE.UU. quieren dejar de buscar a Bin Laden
Los 19 «peones» de Al Qaida que murieron en los atentados del 11-S a bordo de los aviones estaban dirigidos e inspirados en un hombre, Osama bin Laden, cuyo paradero sigue siendo un misterio. Si hace unos días, generales norteamericanos admitían por primera vez su casi certeza de que estaba vivo en las montañas entre Afganistán y Pakistán, ayer los jefes de las unidades de élite que Estados Unidos tiene en Afganistán para capturarle decían que lo mejor era que sus fuerzas abandonen esta
misión, porque creen que el millonario saudí probablemente está muerto. «The New York Times», que cita fuentes militares y de inteligencia, informaba que en opinión de los
comandantes de estas unidades de Operaciones Especiales Bin Laden «probablemente murió» durante los bombardeos en la región afgana de Tora Bora del pasado diciembre. No obstante, los jefes militares que cita el Times reconocen
desde el anonimato que no tienen evidencias forenses que demuestren que efectivamente está muerto y que, por tanto, sus conclusiones son meramente deductivas. En esta postura de los militares que llevan a cabo las acciones de campo en Afganistan pesa también la sensación de que la búsqueda de bin Laden está siendo infructuosa.
La mayoría de los europeos cree que EE.UU. tuvo parte de la culpa del 11-S
ABC
Un considerable porcentaje de la población europea cree que Estados Unidos fue en parte culpable de los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre por su agresiva política internacional. No obstante, europeos y norteamericanos apoyarían un ataque a Irak si cuenta con la bendición de la ONU.
MADRID. Según los resultados de una encuesta en la que han sido interrogadas más de 9.000 personas, un 55 por ciento de los europeos considera que la agresiva política internacional llevada a cabo por Estados Unidos ha sido uno de los factores que han contribuido a los ataques terroristas del pasado 11 de septiembre, informa la agencia Reuters. El porcentaje más elevado se da en Francia, donde un 63 por ciento de los interrogados cree que Estados Unidos es en parte culpable de aquellos trágicos acontecimientos. El porcentaje más bajo es el de Italia, donde, no obstante, un 51 por ciento se suma al juicio negativo contra Washington.
Pese a todo, una proporción aún mayor de los interrogados -un 59 por ciento- cree que, en todo caso, la política llevada a cabo por Estados Unidos desde entonces va encaminada a defenderse más que a imponer sus propios puntos de vista al resto del mundo. Asimismo, los europeos son bastante más críticos que los norteamericanos sobre la actuación seguida por George Bush tras la crisis. Pero, en su conjunto, las opiniones a un lado y otro del Atlántico no difieren en las principales cuestiones estratégicas.
Acción concertada
Los resultados de la encuesta muestran así que tanto europeos como norteamericanos apoyarían un ataque norteamericano contra Irak sólo a condición de que exista previamente un apoyo internacional a dicha acción. Tan sólo un 20 por ciento de los norteamericanos cree que Estados Unidos debería actuar a solas. En cambio, un 65 por ciento de los interrogados en EE.UU. y un 60 por ciento de los europeos están a favor de una intervención que cuente con el apoyo de las Naciones Unidas y de los aliados.
«Pese a las especulaciones sobre supuestas divergencias entre Estados Unidos y Europa, nuestra encuesta muestra que las similitudes son mayores que las diferencias», afirmó Craig Kennedy, presidente de la fundación Marshall de Alemania que llevó a cabo la investigación junto al Consejo para las Relaciones Exteriores de Chicago.
La eventual existencia de un mandato de las Naciones Unidas antes de llevar a cabo cualquier intervención contra Irak es un factor esencial a la hora de determinar la opinión pública frente a un eventual ataque norteamericano. En este sentido, los Gobiernos europeos insisten siempre en que la ONU debe desempeñar un papel de primer orden en la futura acción internacional frente a Irak. En tanto que en Washington se pone el énfasis en la necesidad de derribar al líder iraquí, Sadam Hussein, sin que hasta el momento quede claro si la Casa Blanca se inclinará por una acción unilateral -por más controvertida que ésta pueda ser- o si supeditará su intervención al mandato de las Naciones Unidas.
La encuesta asimismo señala cómo en Estados Unidos crece el interés por la política internacional y cómo se invierte así la tendencia a la apatía sobre este particular registrada en la década de los noventa.

Fuente: ABC
Fecha: 04.09.02

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