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Artículos Profesionales

Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.

Articulo Juan José Téllez. Diario de Sevilla. 01/04/05

Juan José Téllez



Vale que las apariencias engañen, pero si hay colillas es que han fumado. Al menos, eso aprendimos en la vieja novela criminal, aquéllas de sir Artur Conan Doyle en torno a Sherlock Holmes que ahora acaba de recrear magistralmente el escritor gaditano Rafael Marín en Elemental, querido Chaplin. Los periodistas sabemos que la casualidad no existe o, en cualquier caso, es una sospechosa habitual: así que usted me dirá qué cara de póker hay que poner cuando uno se entera que el incendio del edificio Windsor en Madrid, durante la noche del 12 de febrero, se produjo dos días antes de que venciera el plazo de entrega a la Fiscalía Anticorrupción de unos documentos de la auditora Deloitte en torno a la controvertida venta de la sociedad de inversiones FG Valores, propiedad de Francisco González, ahora presidente del BBVA. Los papeles quemados se custodiaban en la planta 21 de la torre incendiada en el corazón de Madrid, con lo que las especulaciones se han disparado tanto como las dudas sobre si las sombras que a las tantas de la noche se veían en las imágenes captadas por un videoaficionado correspondían a reflejos de los bomberos del rascacielos de enfrente o a la presencia en el lugar de los hechos de Mulder y Scully a la busca de un Expediente X.
Un célebre anuncio de finales de los 60 intentaba crear conciencia social en torno a los incendios forestales. "Cuando el monte se quema, algo suyo se quema", era su eslogan. A lo que, en plena España latifundista, El Perich añadió: "Señor conde". Cuando el Windsor se quema, otros ponen sus barbas a remojar. ¡Qué bien hubiera venido un incendio para echar polvo al polvo y ceniza a las cenizas respecto a las facturas irregularmente pagadas por el Ayuntamiento de Sevilla en relación con obras no ejecutadas! ¡Qué monas habrían quedado unas llamitas de nada en los archivos de la Zona Franca de Cádiz! A los de la Operación Ballena Blanca, les habría venido de escándalo que se convirtiera en humo la investigación que les condujo a la trena. Cuando a un abogado gibraltareño le sorprendió la Operación Nécora en la guarida de un capo gallego, en su bufete del Peñón trabajaron ese día hasta las tantas picando papeles antes de que fuera a visitar el despacho cualquier comisión rogatoria. En la Marbella de antes y después del GIL no hacía falta una cerilla para acabar con los bosques: sus licencias urbanísticas arrasaban indistinta y democráticamente pinares de Nagüeles o palmeras de la playa.

Verdad es que el fuego purifica. Y que a falta de siniestros tan oportunamente milagrosos como ahora nos parece el del Windsor, la corrupción quema bajo otros muchos procedimientos la paciencia de los ciudadanos. La trincalina, la vista gorda, la dejadez, los chantajes, el silencio cómplice, los poderes públicos al servicio de los intereses privados, la mafia de cuello blanco o de cuello negro, constituyen los inquisidores cotidianos de este sistema: esa bruja guapa llamada democracia cuya hada madrina tendría que ser la justicia y a la que sus enemigos quisieran convertir en una bella durmiente; o, llegado el caso, echarla a la hoguera como si fuese una hereje.

Fuente: Diario de Sevilla
Fecha: 01/04/05

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