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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

Articulo Gerard Baker. Expansión. 10.09.02

Gerard Baker


Los excesos de los pujantes años 90 ya habían comenzado a pasar factura antes de que los terroristas derribaran los símbolos del poder financiero americano.

Los ataques del 11 de septiembre estaban dirigidos a derribar los pilares del bienestar financiero que sostenía el predominio económico de América. La elección de Wall Street como objetivo llegó al final de una década en la que los mercados financieros habían generado una enorme oleada de riqueza, alimentando el auge económico más fuerte de la era de la posguerra.

Realmente se ha visto un año más tarde que la fecha había sido un punto decisivo para la economía de EEUU. Pero tras los ataques, cuando las bolsas permanecían cerradas y los bancos centrales se preparaban para inyectar liquidez de emergencia, pocos predijeron que en septiembre de 2001 la economía estadounidense tenía que salir de la depresión, frente a los que pensaban que estaba cayendo. Es verdad.

EEUU continúa frágil y, como ni Europa ni Japón han superado el golpe, la economía global sigue dependiendo peligrosamente del consumidor americano. Pero si EEUU se hunde en la recesión, el culpable principal será la resaca de la abundancia de los 90, que ya se había manifestado antes del 11 de septiembre.

Los efectos directos de los ataques, estimados en el 0,15% del PNB anual, resultaron nimios en una economía tan fuerte como la estadounidense. Más inquietante fue la posibilidad de que la enorme incertidumbre ante el futuro, empeorada por el temor al ántrax, indujera a los consumidores a reducir sus gastos.

Algunas de las víctimas más obvias por las restricciones de viajes –las líneas aéreas, los seguros y el turismo– han sido duramente golpeadas, aunque parte de su sufrimiento deriva de una sobreexpansión en los años previos a los ataques.

Pero el gasto se ha trasladado a otros bienes y servicios. Con la irónica insistencia en que “si usted deja de comprar cosas, los terroristas ganarán” se consiguió reimpulsar el consumo de los americanos. Los datos muestran ahora que la economía de EEUU comenzó a contraerse en el primer trimestre de 2001 y, como si este punto demostrara su resistencia a los choques externos, dejó de encogerse cuando se produjeron los ataques.

El legislativo puede tener algo de credibilidad. La Reserva Federal dirigió una rápida, quizá un poco desigual, ronda internacional para recortar los tipos de interés la semana posterior a los ataques que, en efecto, supuso una prima de seguros contra la deflación. Mientras tanto, el recorte fiscal de EEUU llegó fortuitamente a tiempo. La confianza de los consumidores, que cayó inmediatamente después de los ataques, se recobró con el nuevo año.

Pero hasta que llegaron las revelaciones sobre la irresponsable gestión corporativa no se produjo la anhelada corrección en los precios, lo que realmente aumentó la preocupación por la reducción del consumo. Kenneth Lay y Bernie Ebbers parecen haber infligido más daño a la economía estadounidense que Osama bin Laden o Mullah Omar .

Tampoco los ataques parecieron inducir al aislacionismo económico. Stephen Roach, economista de Morgan Stanley, advirtió que la integración de los mercados globales en bienes, capital y trabajo, que había contribuído mucho al auge de los años 90, podría terminar con el reemplazo de una economía abierta por un estado de seguridad.

Más que una tendencia imparable, la tardía globalización del siglo XX podría resultar tan vulnerable como lo fue hace un siglo, cuando el intento por lograr un mundo globalizado desembocó en la I Guerra Mundial.

En Doha, los gobiernos se unieron para acordar una nueva ronda de liberalizaciones, venciendo las profundas sospechas de los países en vías de desarrollo. Las criticadas marchas atrás de los mercados abiertos en EEUU, las tarifas de importación del acero y el enorme impulso para recabar apoyos fueron más dirigidas a lograr el apoyo presidencial en los estados con inestabilidad electoral que a derribar la muralla que rodea la fortaleza americana.

Ahora Roach admite que el resultado no ha sido tan nefasto como se creía, aunque siguiendo con su advertencia sobre los peligros del aislacionismo económico. “¿El 11 de septiembre puso la globalización al revés?”, pregunta. “No lo hizo. El resultado ha sido bastante menos perjudicial de lo que se esperaba”.

La economía estadounidense, cargada de deudas, continúa siendo vulnerable. Es demasiado pronto para amortizar un posible choque externo como resultado indirecto del 11 de septiembre. Si los ataques se utilizan para justificar una guerra en Irak, con sus efectos sobre el precio del petróleo y la buena voluntad de los inversores de comprar el activo más arriesgado, puede causarse un serio perjuicio económico. Si EEUU vuelve a caer en recesión, podría utilizar los ataques para resarcir su culpa.

Pero la realidad es que el golpe psicológico de los ataques del 11 de septiembre se ha limitado a la economía. El auge de los años 90 fue beneficioso para la llegada de tiempos de paz. Una paz que no se ha acabado por un simple acto de violencia.

Fuente: Expansión
Fecha: 10.09.02

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