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Artículos Profesionales


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

Articulo Salvador García-Atance. Expansión. 15/10/05

Salvador García-Atance
Economista


Es responsabilidad de los ciudadanos que queremos luchar por seguir siendo libres racionalizar nuestra reacción ante el terrorismo. Ésa es la mejor forma de desincentivar las actividades terroristas, de ayudar a las fuerzas de seguridad y de mantener nuestras libertades.

Imaginemos que mañana solucionamos el problema del hambre en el mundo o que conseguimos que todos los gobiernos sean elegidos democráticamente, o, alternativamente, que el mundo sea un conjunto de repúblicas islámicas. ¿Habríamos acabado o frenado el terrorismo? Probablemente, los terroristas serían otros, quizá nosotros mismos si se diese alguno de estos supuestos, pero el terrorismo seguiría siendo un problema. No nos olvidemos que los terroristas de Nueva York, Madrid o Londres vivían en países democráticos, podían expresar libremente sus creencias religiosas y no tenían hambre.

El terrorismo no desaparecería porque nada de lo expuesto es su causa. Es cierto que el terrorista se apoya para conseguir secuaces en aquellos entornos sociales que le son favorables, pero no pretende resolver el hambre ni desarrollar el islamismo.
Un ejemplo cercano me parece clarificador. El entramado de intereses económicos (Batasuna, gestoras, abogados, etcétera) que rodea a ETA no es la causa del terrorismo etarra. Los intereses económicos frenarán la desaparición de ETA, ayudarán a su radicalización y promoverán un entorno en el que el terrorista se sienta un héroe, pero ETA no nació, ni existe, para que su entorno se gane la vida.

El terrorismo racional tiene una causa, que es la voluntad de tomar algún poder en algún lugar en algún momento. Bin Laden pretende hacerlo en uno o varios lugares de Oriente Próximo y Medio. Para ello, ataca Nueva York, Madrid y Londres. Bin Laden no quiere implantar el islamismo, sino 'su' islamismo. Ésa es la definición de 'poder'. ETA no nace ni vive para el desarrollo del nacionalismo sino para imponer 'su' concepto de País Vasco.

En los lugares con Estados débiles y sociedades sin estructurar (buena parte de África) no hay terrorismo. El poder se dilucida mediante batallas y guerras civiles entre caciques que se reparten el botín de forma parecida a la Edad Media europea. En la mayor parte del mundo, la combinación de Estados nacionales fuertes y democráticos, la globalización y el entramado de alianzas internaciones ha provocado que aquellos que quieren una parcela de poder, para llevar a cabo propuestas radicales o disparatadas, tengan como única opción el terror. Las sociedades modernas han conseguido encauzar la lucha por el poder por la vía democrática (a pesar de lo cual el espectáculo político es a menudo decepcionante), pero esta solución no sirve para aquellos que por lo demencial de sus propuestas no pueden conseguir el voto de los ciudadanos.

Si la causa del terrorismo racional es la toma del poder, ¿qué conclusiones podemos sacar para la lucha antiterrorista? Una fundamental de la que se derivan todas las demás. Hay terrorismo para rato. Este hecho no significa que no podamos y debamos luchar contra él, sólo que la batalla es equivalente a la que se libra con una enfermedad crónica.

No quiero entrar en las estrategias o conveniencias de ceder parcelas de poder para acabar con las actividades de algunos terroristas, ni tampoco en la rentabilidad de atacar las problemáticas sociales favorables a la creación de potenciales secuaces terroristas.
Quiero hacer únicamente énfasis en dos aspectos importantes para convivir con el terrorismo.

Responsabilidad cívica

En primer lugar, no existe la posibilidad de ceder libertades transitoriamente para acabar con el problema. Si las cedemos es a largo plazo, lo cual agrava la cesión extraordinariamente.
De hecho, la cesión de libertades (no de comodidades) es el mayor éxito del terrorismo y, por tanto, el mayor peligro para el mundo civilizado.

En segundo lugar, los ciudadanos tenemos la responsabilidad cívica de aprender a convivir con los actos terroristas. Todos los estudios dicen que reaccionamos al terrorismo emocionalmente y no racionalmente, reaccionamos al miedo, no al riesgo, y eso favorece los objetivos de los terroristas. Dos ejemplos. El rechazo al avión en USA tras el 11-S provocó un número de muertes por accidente de automóvil casi equivalente al de los atentados. Es racionalmente absurdo que ETA figure en las encuestas como el primer o segundo problema de los españoles. Mucha de la importancia de ETA la generamos nosotros mismos al reaccionar de esa forma.

Es responsabilidad de los ciudadanos que queremos luchar por seguir siendo libres, el racionalizar nuestra reacción ante el terrorismo, hay que intentar alterar lo menos posible nuestra vida normal e incorporar el terrorismo, simplemente, como un factor más de riesgo en nuestras vidas. Ésa es la mejor forma de desincentivar el terrorismo, de ayudar a las fuerzas de seguridad y de mantener nuestras libertades.
La cesión de libertades es el mayor éxito del terrorismo y, por tanto, el mayor peligro para el mundo civilizado Economista.

Fuente: Expansión
Fecha: 15/10/05

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