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Artículos Profesionales


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

Articulo Roberto Centeno. El Mundo. 06.10.02

Roberto Centeno
Catedrático de Economía de la U. Politécnica de Madrid


La planificación energética, ha sido siempre, un documento importante en una economía, debido a sus consecuencias sobre la seguridad y el precio de factores esenciales, lo que afecta significativamente a la productividad y al crecimiento a largo plazo de un país.
En España, por ejemplo, el Plan Energético de 1975, llevaría al sector eléctrico a una situación crítica, al haber infravalorado los costes y sobrevalorado el crecimiento, lo que llevó a un excesivo número de inversiones que superaron al sector. Esto, unido a otras medidas económicas erróneas, redujo el PIB per cápita español, del 81,4% del PIB medio de la UE en 1975, al 70,8% en 1985. Tendría que transcurrir casi un cuarto de siglo, para que España volviera a alcanzar la convergencia real de 1975.
El plan energético (2002-2011), presentado por el Gobierno, supone un riesgo sin precedentes. Aparte de lo incierto de sus previsiones, nunca antes ni en España ni en otro país, un plan había apostado por un deterioro del autoabastecimiento, por las energías más caras del mercado, y por una estructura de suministros capaz de colapsar toda la economía.
Respecto a previsiones de crecimiento (y en consecuencia, inversiones), no parece razonable pensar que las magnitudes energéticas españolas vayan a crecer durante 10 años, casi tres veces por encima de la media de la UE. Muchas decisiones son fruto de las presiones localistas de las CC.AA. con lo que el riesgo de un exceso de inversiones es máximo.
En autoabastecimiento, de una dependencia energética actual del 73%, se pasa al 84% en 2011, sin que ello suscite la menor preocupación ni comentario. En la UE, con una dependencia del 50% hoy, y una previsión del 60% el 2011, acaba de abrirse un serio debate por la gravedad del problema.
Respecto a costes, el documento no dice nada, limitándose a describir la evolución de cada fuente energética, con fuertes incrementos par las energías renovables y el gas natural, lo cual puede ser electoralmente rentable, pero nos llevará a tener uno de los sistemas energéticos más caros e inseguros de toda la UE.
Comencemos por las renovables. La eólica recibe una subvención de 4,8 ptas/kwh y su costo para el sistema es de 12ª 13 pta/kwh. Las cogeneraciones tienen subvenciones de hasta 3,5 ptas/kwh y un coste de hasta 10 ptas/kwh, lo que ha desatado toda una picaresca que desvirtúa en parte la justificación de esta fuente energética.
Por lo que se refiere a los ciclos combinados, su eficiencia es del 55% frente al 34% de las térmicas convencionales, pero como el gas, que supone entre el 60% y el 70% del coste de generación, es mucho más caro que el carbón o el fuel, el resultado económico es incierto.
Por un lado, el coste de generación de un ciclo combinado, de unas 6 ptas/kwh (o más de 7 con gas licuado), es 3 a 4 veces superior al de una central nuclear (2 ptas/kwh). El NETA, el órgano similar al Operador del Mercado en el Reino Unido, está pagando hoy unas 4 ptas/kwh a los productores, cifra que está en línea de las de Francia o Alemania. En esas condiciones o incluso un 80% superiores, las centrales contempladas no podrían funcionar.
En gas natural, el documento prevé doblar el porcentaje de esta energía, sin que nadie haya analizado el impacto de un cambio tan esencial ni desde un punto de vista económico ni desde un punto de vista de la seguridad. El gas canalizado, es más caro que el petróleo, y el licuado un 35% superior al canalizado, lo que elevará significativamente la factura energética y las inversiones.
Y si los costes no se han analizado ni comparado, en el tema de la seguridad, el planteamiento es sencillamente suicida. Las conclusiones del documento son que el gas licuado, cubrirá del orden de la mitad del aprovisionamiento, y que Argelia seguirá representando cerca del 60% del total. El resultado es obvio: España tendrá el sistema gasista más caro y más vulnerable de Europa.
En primer lugar, el gas licuado en tal proporción, es económicamente disparatado, y desde el punto de vista de peligrosidad, una avería grave en una planta de regasificación o en un metanero, puede tener más riesgo para las áreas circundante que un incidente similar en una nuclear.
En segundo lugar, ¿cómo es posible que con una dependencia de un 60% de un solo país, y con dos tercios de esta cantidad atravesando Marruecos, se pueda elevar la participación del gas al 24%? En petróleo, nuestro principal suministrador, Nigeria, supone poco más del 13%, y si este suministro fallara se cubriría fácilmente con otras alternativas. En el gas esto no es posible.
Pero es que además ya no sólo es el sector gasista, el sector eléctrico, donde las centrales de ciclo combinado cubrirán cerca del 35% de la energía generada, lo que significa que el 21% de nuestra energía eléctrica, dependerá de Argelia y Marruecos. El desastre que se producirá en nuestra economía y en nuestra vida diaria, si este suministro fuera cortado, sería inimaginable.
En una perspectiva a 10 años, es inconcebible que ni siquiera se plantee la opción nuclear, algo imprescindible tanto por costos como por seguridad. El ignorarlo nos lleva a una situación energética imposible, que en el mejor de los casos será un lastre a nuestra productividad y crecimiento, y en el peor puede llevarnos a un colapso.

Fuente: El Mundo
Fecha: 06.10.02

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