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Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.
 

Bibliografía

 

"Seguridad: Una introducción"

Dr. Giovanni Manunta Consultor y profesor de seguridad de Cranfield University-
EDITORIAL: www.seguridadcorporativa.org/seguridadcorporativa/presentacionlibro.html


  Este libro está principalmente basado en mi tesis doctoral. Representa un intento de proveer una respuesta a tres preguntas básicas : ¿ Qué es la seguridad ? ¿ Para qué sirve ? ¿ Cómo se toma una decisión en seguridad, y lo más importante, cómo se justifica ? Estas preguntas no tienen respuesta fácil. La seguridad está relacionada con todos los aspectos de la vida. Consecuentemente, los conceptos de seguridad están incluidos en una multitud de aproximaciones, desde la política y las relaciones internacionales hasta la prevención de pérdidas y el sentido común. Cada aproximación contribuye con sus propias ideas y paradigmas (y, a veces, sus predisposiciones) al concepto y a la práctica de la seguridad. Estos diferentes puntos de vista todavía no han sido reconciliados dentro de un marco general de comprensión. Aquí se ofrece un posible marco, probablemente incompleto debido a la complejidad y a la novedad de esta aproximación. Este libro ofrece un análisis ecléctico de los conceptos de seguridad, con vistas a una aplicación de este análisis a una investigación académica y a la práctica operacional. Está basado en literatura, experiencia y razonamiento profesional, y ofrece una aproximación global al estudio de la seguridad. El análisis se inicia con un repaso a la evolución histórica de los conceptos y la práctica de la seguridad. La discusión de las diferentes aproximaciones permite un examen general de la completa idea de seguridad y sus interrelacionadas. Desde aquí los conceptos básicos y definiciones afloran, y sobre los cuales un modelo del proceso de seguridad se construye, y desde los cuales - a la vez - los métodos existentes puede ser evaluados de nuevo. Examina si es posible interpretar, y explicar razonablemente, una situación de seguridad. Identifica los componentes básicos de un contexto de seguridad y analiza sus procesos. También busca principios y leyes generales aplicables a la mayoría de situaciones de seguridad. Por tanto este libro busca contribuir a la fundación de una “disciplina” de seguridad. La meta es ambiciosa. La seguridad como una materia académica per se no existe, siendo indiferentemente considerada como un dilema, una paradoja, un pretexto, un fin o una herramienta dentro del contexto bajo escrutinio. Las posiciones varían de acuerdo con el contexto con el que se estudia, desde relaciones internacionales hasta la seguridad nacional, estudios de riesgo, prevención del crimen, y prevención de pérdidas. De hecho, muchos “escolásticos” parecen bastante contentos realizando disertaciones sobre la seguridad sin incluso definirla, y muchos mantienen la creencia de que la teoría de seguridad es tan amplia e indefinida como una teoría sobre la pobreza, la belleza o la felicidad. La escasez de referencias escolásticas, combinada con la complejidad de la materia, no permite una discusión conclusiva. Es por tanto prudente observar que este autor cree en el conocido adagio chino que reza “incluso un camino de mil kilómetros empieza con el primer paso”. Este libro sólo puede aspirar a preparar un campo de debate, analizando y reorganizando los conceptos existentes dentro de un marco teórico de referencia. La discusión es por tanto más explicatoria que prescriptiva, además que dirigida a proveer a aquellos escolásticos un espectro más amplio de investigación, y a proveer a aquellos operativos con el necesario, aunque modesto, soporte teórico. Este libro está dividido en tres secciones : La Sección I contiene un viaje en la evolución de la seguridad y una visión de las aproximaciones existentes en seguridad, con el fin de identificar sus características específicas y las principales áreas de problemas. El proceso de verificación expone inadecuaciones en el método de razonamiento hoy existente, y pide la necesidad de un marco general de entendimiento. Las conclusiones son que el concepto de seguridad puede ser posiblemente clarificado ofreciendo un marco de entendimiento por el cual los actuales conceptos fragmentados, las aproximaciones y métodos pueden ser interpretados y organizados en una sola disciplina. La sección II ofrece una definición formal de seguridad, y contiene un análisis detallado del contexto de seguridad. Postula un marco que contiene un(os) identificable(s) Valor, Amenaza y Protector, todos interrelacionados, y ofrece un análisis de sus relaciones, dinámicas y procesos dentro de una Situación dada. La verificación de la existencia de un contexto de seguridad es utilizado como criterio de demarcación entre seguridad y otros estados diferentes. Las relevantes dimensiones de un proceso de seguridad son identificadas, y sus aspectos pertinentes son discutidos. Las consiguientes conclusiones son alcanzadas. Primero, es posible analizar un contexto de seguridad de acuerdo a principios y leyes generales. Segundo, cada contexto de seguridad es diferente y peculiar según su Situación particular. Tercero, si los parámetros de la Situación son conocidos, entonces los efectos resultantes pueden ser identificados y evaluados. Cuarto, una metodología para el análisis de un contexto específico de seguridad debe ser definida en consistencia con la aproximación global. Sección III. El proceso de traducir el modelo conceptual a la práctica es analizado de acuerdo con los principios generales de la gestión (management). Los principios de fiabilidad, y los criterios de racionalidad, prueba y validez del razonamiento en seguridad y sus actividades son analizados, discutidos y aplicados a las metodologías existentes. Finalmente - en consistencia con la teoría - se especifica el alcance y objetivo. La elección se ha realizado para limitar la discusión de la metodología operacional dentro de la industria privada. Las conclusiones son las siguientes : El concepto de seguridad es multidimensional, significando cosas diferentes a diferentes personas en diferentes contextos. Debido a su complejidad, tanto la explicación como la atribución de responsabilidades y la medición de las actividades son frecuentemente poco fiables, o al menos discutibles. Esto tiene la peligrosa consecuencia de que la función de seguridad puede ser frecuentemente etiquetada como inadecuada o negligente. Muy a menudo, aquellos con una responsabilidad en seguridad no pueden defender sus decisiones y acciones contra “listas” reclamaciones que están basadas en la ambigüedad de los actuales embarazosos conceptos y definiciones de seguridad. ¿ Cómo puede alguien afirmar, en ausencia de límites definidos, si “alguien o algo está seguro o no “? Cualquier respuesta requiere diferenciar la seguridad filosófica de la operacional. Esto necesita una reducción substancial de la “borrosidad” (o incerteza) del concepto de seguridad. Es por tanto necesario que las siguientes condiciones sean satisfechas : a) La seguridad práctica debe ser distinguida de aquella filosófica; b) El concepto de seguridad debe ser mantenido como neutro : las consideraciones morales, culturales, sociales y políticas deben ser evaluadas en el nivel operacional, y no a un nivel general.; c) El contexto de seguridad debe ser claramente separado de otros aparentemente similares como, por ejemplo, “safety”, prevención del riesgo y el crimen; d) Debe apuntarse un proceso de toma de decisiones, donde la influencia de diferentes personas que están involucrados en las mismas, criterios y corsés deber ser identificados y valorados; e) Un modelo operacional de seguridad debe ser construido, donde los conceptos y técnicas existentes deben ser acomodados/as dentro de un marco de entendimiento. Una posible aproximación a la solución del problema ha sido ofrecida en este libro, con la asistencia de una explicación, justificación y control de las actuales decisiones y actividades en seguridad. Debido a la novedad de la aproximación y a la escasez de investigaciones, el estudio no se propone ser definitivo. El test de la validez de las propuestas es tarea de próximas investigaciones. LA EVOLUCIÓN DE LA SEGURIDAD Seguridad es una necesidad básica. Estando interesada con la preservación de la vida y las posesiones, es tan antigua como la vida. Los conceptos de seguridad es encuentran ya en el inicio de la escritura. La evidencia escrita más temprana de conceptos relacionados con la seguridad se encuentra en códigos legales, tales como el Sumerio (3.000ac) o el de Hammurabi (2.000ac). Más tarde, aparece en obras generalmente refiriéndose al arte de la guerra y gobierno. La Biblia, Homero, Sun Tzu, Cicerón, Virgilio, Cesar, Frontino, Suetonio, Joseph, Vegetio, son ejemplos relevantes de obras de autores donde ciertas evidencias de temas y principios de seguridad son halladas. Otra evidencia puede ser encontrada en la arqueología y la antropología. Por ejemplo, podemos razonablemente asumir que la cultura y habilidades de seguridad son reconocibles en actuales culturas primitivas que son muy cercanas a las de nuestros ancestros. Como informan los antropólogos, las organizaciones sociales primitivas revelan un profundo conocimiento y sofisticada aplicación de los principios y funciones básicas de seguridad. Desde su nacimiento, las personas son instruidas, vía tradición y entrenamiento, y/o vía imitación, en las habilidades para la seguridad. Los bebes son instruidos en no llorar en las proximidades de un enemigo, y son entrenados desde su infancia en reconocer y evitar peligros, a dar alarma, y a esconderse y refugiarse en caso de necesidad. Los hombres jóvenes físicamente fuertes (y a veces las mujeres) son requeridos para mantener erectas, guardar, mantener y defender barreras físicas. Los asentamientos son reforzados con fuegos y primitivas empalizadas (hechas de ramas de plantas espinosas), que son frecuentemente adornadas con las cabezas de enemigos muertos, signos mágicos y tabús, con el fin de incrementar el valor “intimidatorio”. Pueblos primitivos domesticaron animales para obtener alarma y soporte, para reaccionar organizadamente como equipos, de acuerdo con bien planeadas y ensayadas tácticas, cuando el combate era considerado inevitable, o cuando la potencial pérdida fuera letal. La evidencia de medidas de seguridad acompaña cada descubrimiento arqueológico. Cerraduras, puertas fuertes, ventanas selladas, trampas, cajas fuertes, sistemas de alarma, barreras físicas y escudos son conocidos y usados desde el principio de la civilización. La más antigua cerradura conocida data de 4.000ac, y fue encontrada en el palacio de Sargon, Khorsabad, cerca de Nineveh. En el mismo periodo, el dibujo de una cerradura fue realizado en el templo de Karnak, en el valle del Nilo. En el 1.000ac, el dios egipcio Anubi fue representado con una llave en su mano derecha. La caja fuerte más antigua conocida fue encontrada en Pompeya y datada en el IIac; realizada de madera con bandas de hierro, tiene una mecánica muy sofisticada. Es muy similar, en su concepción, a la cajas utilizadas hasta el siglo pasado. De acuerdo con la evidencia anterior, no existe duda de que los conceptos de alertar, evitar, detectar, alarmar y reaccionar son tan viejos como la vida misma, siendo una parte esencial de la pugna diaria por la vida, y están fundados en el instinto básico de supervivencia. Primitivos seres humanos estaban ciertamente alerta sobre los peligros, y antes de que métodos defensivos emergieran, sólo podían reaccionar como los animales, intentando tanto evitar las amenazas más temidas, o eliminado su causa, dentro del bien conocido patrón de “luchar o huir (flight or fight)”. Los conceptos y principios de seguridad han seguido un patrón de evolución dentro de la organización social, desde la familia al clan/banda, tribu, reino y estado. Muy pronto fue claro que los grupos eran menos vulnerables a las amenazas que las personas individuales : proveían una disuasión/intimidación por su mero número; hicieron posible la organización de centinelas y guardias, y facilitaron tácticas básicas defensivas. La institución de la familia y el descubrimiento de técnicas básicas de agricultura aportaron una importante limitación del fundamental principio de escape : la exigencia de defender la familia, la residencia y los medios de supervivencia (niños, reservas de comida, cosechas y porciones vitales de territorio) de animales y enemigos. Con objeto de preservar su margen de supervivencia, las personas limitadas en su posibilidad de escapar tuvieron que concebir una manera de resolver la nueva desfavorable ecuación de “luchar o huir”. Esto fue conseguido al poner en la balanza su elemento negativo (limitación de movimiento y espacio) con algunos factores de eficiencia, sobretodo aquellos de organización y ‘deterrencia’ (intimidación/disuasión). Los seres humanos aprendieron rápidamente que la mera existencia de medidas protectoras era frecuentemente suficiente para descorazonar a los adversarios con intenciones agresivas. Dolorosas experiencias enseñaron a los atacantes que buscaban penetrar las organizadas defensas que las pérdidas eran a menudo inaceptables y frecuentemente fueron disuadidos de nuevos ataques. Probablemente, el próximo paso en la evolución de la seguridad fue la emergencia de la especialización, primero por la división entre la seguridad interna y externa, y después entre la seguridad privada y pública. Con la aparición del estado y la confianza de su defensa a un organizado ejército, la responsabilidad de la seguridad interna se relevó gradualmente de la fuerza militar a la fuerza civil. La seguridad externa (p.e., aquella preocupada por la amenaza de otros estados) no fue identificada con la paz, sino con la improbabilidad de la guerra. Esto debía ser obtenido a través de la diplomacia, y particularmente alcanzando la superioridad militar sobre los posibles enemigos. En muchos casos, la aproximación de los estados a la seguridad externa estaba basada más en un principio de intimidación y disuasión (“Si vis pacem, para bellum”), que en aquellos de alianza y cooperación. Guerra, ataques preventivos, retribución militar, intercambio de prisioneros, eran los medios usuales para asegurar la paz y la seguridad. Esto también podía ser conseguido por medio de la sumisión, lo cual normalmente requería la abdicación de la soberanía. Cuando la sumisión y las alianzas eran descartadas, impracticables, poco fiables o inaceptables, y la “deterrencia” era insuficiente, entonces el atajo de la seguridad externa era muy simple, “Pax Romana”, p.e. la paz a través de la aniquilación física del enemigo. La continua exhortación de Catón al senado romano, “Delenda Carthago”, es un ejemplo. La evidencia literaria citada y la Historia en general indican que, en el mundo antiguo, la seguridad pública estaba, básicamente, basada en la seguridad interna. Ambas eran principalmente consideradas por los legisladores por el rol que podían jugar en la estabilidad de los gobiernos, esto es, en su propia seguridad. Parece que los términos de la moderna seguridad pública (como una responsabilidad de lo público para los ciudadanos, así como un instrumento de gobierno) emerge únicamente cuando la complejidad del estado y las demandas de los ciudadanos obligaron a los legisladores a interesarse. Una posible explicación es que la seguridad fue generalmente interpretada a través de los siglos más un bien privado que público. Esto tiene más tarde una interesante discusión sobre la utilizada de la seguridad. La interpretación de la seguridad como un bien público (y no como la propia de los legisladores, o la de su paz) parece solamente haber aparecido a la luz con el advenimiento de la democracia en Atenas y Roma, después de siglos de olvido, en la ciudades-estado del Renacimiento y en el así llamado Estado Moderno. La distinción aristotélica entre diferentes formas de gobierno (tiranía, oligarquía y democracia) puede ser traducida en diferentes maneras de interpretar la seguridad pública. Esto estuvo todavía fuertemente relacionado a la Seguridad de los Legisladores y la seguridad interna. La aproximación del estado a la seguridad interna (p.e., aquella preocupada con las amenazas contra las instituciones del estado) estaba principalmente basada en el principio de “deterrencia” a través de feroces sanciones. En el Fedón de Platón, la noción ateniense de seguridad parece incluir la protección contra los malos ejemplos, la impiedad y…., los filósofos. En nombre de la seguridad pública Sócrates fue sentenciado a muerte por la asamblea ateniense en el 399ac. La seguridad pública era rudimentaria (parece que el concepto de investigación nació en la Roma imperial) y basada en los mismos principios. Las disputas privadas eran generalmente resueltas por un arbitraje y de acuerdo con los principios de proporcionalidad y compensación. Los asuntos domésticos estaban bajo las normas de cabeza de familia, las cuales incluían el poder de sentenciar a muerte a miembros de la misma y a esclavos. La primera evidencia de una cultura y organización en seguridad madura aparece en el examen de los documentos y en la arqueología de la Roma imperial y republicana. En la administración romana los cives (ciudadanos) no eran considerados actores, pero sí participantes y propietarios de la Res Publica (el estado). Disciplina publica (seguridad publica, en el sentido del reforzamiento de la ley y el orden) fue descrita en un detallado cuerpo de leyes y edictos, derivados de las XII Tabulae (doce tablas, 500ac) y más tarde recogidas en el Corpus Iuris Iustineaneus o Código de Justiniano. Datos policiales eran recogidos, y una ley especial, Lex Julia de Vi Publica, fue designada con el fin de controlar el ejercicio de la autoridad y prevenir su abuso. Securitas Publica, en el sentido de “safety” o inmunidad del estado, adquirió una prominencia política y se plasmó en emblemas y monedas. Agencias y cuerpos organizados, cuyas funciones eran similares a sus equivalentes modernos, garantizaban la seguridad pública. Praetor Urbanus, Aediles, Censores, Praefecti, Tresviri Capitales (magistrados con diferentes responsabilidades), Quaestionarios (investigadores), Delatores (espías), Cohortes Urbanas (policía ciudadana), Lictores (policía militar), Vigiles (vigilantes nocturnos y bomberos), annonarios (policía de aduana y administrativa) reforzaban la ley en territorios urbanos y rurales. La protección de las costas y del tráfico naval contra la piratería fue asegurada por una potente flota, que precedió a la británica “ruling the waves” que envolvía al Imperio. Sin embargo, ni incluso tal escudo gubernativo, sin precedentes en la antigüedad, pudo proveer a los ciudadanos de una completa seguridad. Pruebas pueden ser encontradas en Plauto, Cicerón (este último, sin embargo, aplaudía el asesinato cuando convenía a sus propios intereses) y Dio, quién escribió sobre la votación del Senado en el 32dc, en la que se decidió que los senadores debían ser controlados para localizar dagas escondidas. El uso de guardias de seguridad y guardaespaldas (esclavos de confianza, soldados retirados o gladiadores), perros de guardia, cajas fuertes, cerraduras y barrotes, y el recurso a organizaciones privadas tales como la confraternidades de “trivia” crearon las bases de la seguridad privada en la antigua Roma de forma notablemente similar a la de tiempos contemporáneos. La caída del Imperio Romano trajo un periodo de inestabilidad política a la civilizaciones occidentales, la cual llegó hasta la Edad Media. El estado de guerra endémico entre ciudades y distritos, agravado por plagas, pestilencias y la ignorancia, hizo de la seguridad un importante problema de la vida diaria. Donde las carreteras estaban abandonadas, bandas de forajidos campearon, y la seguridad no pudo ser mantenida en áreas rurales. Tanto dentro y fuera de las ciudades, la seguridad se convirtió en un asunto semi-militar, relacionada con el armamento, blindaje, defensas físicas y sanciones salvajes. La seguridad pública se convirtió en una especie de asunto personal del jefe social, quien actuaba a la vez de legislador, juez, guardia y verdugo. Se confinó a leyes rudimentarias y edictos, y principalmente confiada a vigilantes nocturnos, muros, puentes elevadizos y fosos de agua. Esencialmente a la habilidad de las personas de cuidarse a si mismas. En estas condiciones, la seguridad privada fue confiada a defensas físicas, a la habilidad de crear milicias privadas, a la fuerza de la familia y su habilidad de manejar armas. Esta existencia parroquial cambió con las Cruzadas, que abrieron carreteras y mentes. El advenimiento de esta era comercial hizo renacer antiguos problemas de seguridad (la protección del transporte y almacenaje de grandes cantidades de bienes contra ladrones y piratas). Estos problemas habían sido casi solucionados en el pasado por potentes gobiernos anteriores, como el romano. Las flotas de Cesar y Pompeyo habían exterminado a los piratas y llamaron al mar Mediterráneo “Mare Nostrum”. Tales soluciones no fueron disponibles por sus sucesores, debido a la fragmentación, beligerancia e intrínseca debilidad de los estados. Estos fueron restringidos a sus propios territorios. Ningún estado pudo permitirse los medios para controlar las rutas marítimas y rurales. En la ausencia de fuerza gubernamental, la seguridad pública y comercial tuvo que ser reconsiderada por aquellos involucrados. El recurso tradicional a la prevención, protección, alarma e intervención se probó inadecuado contra bandas armadas, las cuales tenían un entrenamiento militar y en ocasiones estaban formadas por cientos de hombres. En tales circunstancias, ninguna organización privada ni poder público podía permitirse el costo de medidas efectivas de seguridad. En adelante, una aproximación diferente fue requerida. Se encontraron nuevas soluciones por parte de los gremios medievales, relacionadas con el aseguramiento privado, y reforzadas por el establecimiento de responsabilidad colectiva por compensación, de la que existen evidencias en edictos medievales. El concepto de reducción de pérdida (y/o transferencia) fue adoptada en seguridad. Este principio se originó por los problemas privados y fue principalmente solucionado a través de iniciativas privadas. Se sostiene que constituye el primer principio moderno de seguridad, y también marca la emergencia de un concepto comercial de seguridad. La seguridad pública todavía permanecía como la “Ley del Rey”, y era más a menudo una amenaza que un escudo para los súbditos. Un intento de limitar el abuso de poder fue hecho en Inglaterra con la Magna Carta (1215). El filósofo escolástico Aquino (1225-74) llegó a justificar la rebelión popular contra la tiranía y a afirmar que la constitución de una comunidad debía ser determinada por sus gentes. Sin embargo, esto fue considerado utópico (los hombres no son ángeles), y una serie de desórdenes y guerras civiles internas sugirieron la necesidad de una “mano dura”. Filósofos políticos como Maquiavelo (1469-1527) y Hobbes (1588-1679) dieron al príncipe tanto el principio de que el poder es justo ipso facto, de conseguir y mantener el poder a través de la maldad y el despotismo, para “mantenerlos asustados”. Ambos, sin embargo, reconocieron que la soberanía nunca debía actuar injustamente, siendo obligados por la Ley de la Naturaleza y por el momento de rendir cuentas a Dios. Desde el siglo XVIII, los descubrimientos científicos y la extensión de conocimiento resultante de la invención de la imprenta han traído nuevas contribuciones a la cultura de seguridad. Laplace y sus principios de probabilidad, Bayes y su teorema de la predicción, las teorías de Gauss y Kolmogorov sobre la medición, han dado una base más científica tanto al concepto de reducción de pérdida como a la predicción de daños y fallos dentro de un sistema, incluyendo un sistema de seguridad. El trabajo de los cerrajeros dieron un nuevo impulso a la seguridad privada y doméstica, hasta el punto que fue reconocida como de valor científico y considerada “el arte de los reyes”. Es ampliamente asumido que la seguridad moderna se originó durante la Revolución Industrial. Con su advenimiento, el miedo al fuego, a los delitos comunes (robo, atraco) y los movimientos laborales (huelgas y revueltas violentas) llevó al desarrollo de la industria de seguridad. El interés en el progreso social y en las instituciones políticas, iniciado por Locke (1632-1704) y Voltaire (1694-1778), fomentado por Hume (1711-76), Rousseau (1712-1778), Verri (1728-1797), Beccaria (1738-1794), Bentham (1748-1832) y Mill (1806-73), causó un replanteamiento de los conceptos de justicia, y consecuentemente de seguridad pública. Gracias a estos pensadores liberales, el concepto de seguridad pública empezó a cambiar de bien privado a bien público. El “Bill of Rights” inglés fue seguido por una serie de declaraciones similares, como la Declaración de Derechos de Virginia (1776), o la Declaración Francesa de los derechos del hombre y del ciudadano (1789). Los derechos a la vida, la libertad, la seguridad y la propiedad (incluso la felicidad, en la Constitución Americana) fueron establecidos como fundamentales e insuprimibles. Un importante componente de la seguridad, la prevención del crimen, sobrevino como un nuevo componente en los gobiernos. Después del Acta de la Policía Metropolitana (1829), se llevó a cabo una revisión de la organización policial en Gran Bretaña por el Acta de la Policía de 1835, gracias a las propuestas de Sir Robert Peel dentro del estado del crimen y de creación de una moderna policía metropolitana. Esta Acta es un pivote en el nacimiento de la nueva Policía. Al final del siglo pasado, la seguridad había prácticamente encontrado su identidad específica y había conseguido alguna importancia cultural, política y comercial. Con la seguridad pública involucrándose con el control del crimen y el entendimiento de sus causas, nuevas áreas de estudio se abrieron a la investigación realizada por Lombroso (1835-1909) y sus colegas criminólogos. Cerrajeros y técnicos muy activos (Fichet, Bauche y Chubb) establecieron una industria de fabricación de cajas fuertes, puertas blindadas, y cerraduras. En 1858, Edwin Holmes inauguraba la primera central de alarmas (básicamente vía cables metálicos y campanas) y empezó a organizar la primera empresa de alarmas, Holmes Protection Inc. La fundación de las primeras empresas de telégrafo hizo posible enviar una alarma a centrales a distancia., y después de la extensión de la electricidad, los primeros circuitos de alarma (básicamente un circuito eléctrico con conexiones escondidas, conectado a una campanilla eléctrica) aparecieron en Nueva York en 1889. Dos organizaciones privadas de seguridad (Pinkerton en USA, Sorensen en Suecia y Europa) empezaron a proveer servicios a particulares y gobiernos. Las compañías de seguros vendieron contratos a un cada vez mayor número de clientes privados, y proporcionaron asesoramiento sobre temas de seguridad. Los primeros manuales dedicados al personal de seguridad aparecieron en Europa, primero en Francia e Inglaterra. Algunos eran manuales técnicos entregados por los fabricantes; otros eran manuales sobre combate armado o desarmado (boxeo, lucha libre y el nuevo arte del Jujitsu), con sugerencias de relevancia sobre el campo de la seguridad personal y doméstica. Los temas de seguridad fueron generalmente relacionados con el crimen, y considerados únicamente en el contexto de una solución técnica (p.e., alarmas, cerraduras y cajas fuertes) o en el de una posible confrontación. Consecuentemente, el asesoramiento fue principalmente dirigido a asuntos técnicos y comportamiento táctico (alerta, posición y reacción). El advenimiento de conflictos mundiales trajo una seria atención gubernativa a la industria de la seguridad (la cual todavía permanece), inicialmente debida al miedo del sabotaje, espionaje y subversión militar, y después por el miedo al terrorismo y el espionaje industrial. La seguridad industrial, siendo un componente esencial en los esfuerzos de guerra, integró sus programas en los sistemas de seguridad de la nación. Creada como una respuesta a contingencias temporáneas, una sustancial parte de este sistema permaneció después de la Segunda Guerra Mundial debido al advenimiento de nuevas tensiones internacionales, la Guerra Fría, y la aparición de sensitivos programas gubernamentales en comunicación, energía nuclear y la industria espacial. En 1919, un ingeniero de minas y teórico del “management”, Henry Fayol, identificó la seguridad como una de las necesidades fundamentales de la industria, y definió su objetivo : “…salvaguardar propiedades y personas contra el robo, fuego, inundación, contrarrestar huelgas y felonías, y de forma amplia todos los disturbios sociales que puedan poner en peligro el progreso e incluso la vida del negocio. Es, generalmente hablando, todas las medidas para conferir la requerida paz y tranquilidad (Peace of Mind) al personal” (Fayol) Aunque lejos de la sofisticación actual, no hay duda de que Fayol puede ser considerado el pionero de los más recientes conceptos de seguridad, aquellos sobre “management”, los cuales después de Fayol, pueden ser incluidos con los de organización y reducción de pérdida. Al final de este siglo, la aparición de formas no convencionales de guerra (guerrilla, insurgencia, operaciones “low-conclict”, fuerzas de pacificación) y el reavivamiento del terrorismo ha provocado el replanteamiento de la seguridad. Esto a incluido gobiernos, escolásticos, profesionales y particulares. Oponentes que estaban ideológicamente motivados, para-militarmente organizados y entrenados, y - frecuentemente- esponsorizados por estados, no eran fácilmente neutralizados por las existentes funciones de seguridad. Su preferencia por blancos fáciles y sus actividades contra civiles desprotegidos obligó a extender una cultura, sistemas y actividades de seguridad entre la población. Nuevas leyes, políticas, estrategias, procedimientos y tácticas fueron adoptadas para afrontar el problema. La industria inventó y fabricó nuevos equipos de seguridad, y nuevos perfiles profesionales aparecieron en el mercado. Aunque de forma menos seria que en los ’70 y ’80, esta situación todavía permanece en 1996. La seguridad está ahora delante en los asuntos políticos, repercute en los medios de comunicación y se ha engrandecido por las actividades de los 'lobbies' de la espectacular y floreciente industria de la seguridad. Un masivo proceso de educación a través de muchos libros, revistas especializadas y cobertura de TV ha inculcado la cultura de la seguridad en el público. Se ha creado un mercado sustancial para la industria de la seguridad además de hacer sobre sus tópicos (relaciones internacionales, prevención del crimen , contra-terrorismo…) un asunto de las agendas políticas y electorales. Muchas universidades ofrecen cursos de posgraduado que no existían hace 20 años; numerosas ferias, conferencias, seminarios y cursos se celebran en todas partes del mundo. Este proceso cultural y comunicativo ha conseguido importantes resultados, sobretodo en las áreas relacionadas de la prevención del crimen, contra-terrorismo y riesgo, más que en el pensamiento general sobre seguridad. En el Reino Unido, por ejemplo, la cooperación entre escolásticos, el gobierno y la industria de la seguridad ha producido en los últimos 30 años un gran número de estudios académicos y gubernativos (p.e. los “Crime Prevention Unit Papers”), estadísticas anuales de criminalidad, Estándars nacionales y Códigos Éticos. La seguridad pública es una preocupación importante para cualquier gobierno. Actividades y sistemas de seguridad son operados en muchas organizaciones, desde agencias gubernamentales y plantas industriales hasta hospitales, iglesias y colegios. Importantes compañías tienen su organización interna de seguridad, además que son disponibles para cualquier persona una serie de servicios de seguridad ofrecidos por compañías privadas. Todos estos factores han contribuido a atraer más personas interesadas en la materia, y a provocar una atención del mundo de los negocios y de los gobiernos. La seguridad es hoy en día una profesión compleja de funciones especializadas. Nuevos sistemas de comunicación, biométricos, de detección y tecnologías informáticas han añadido nuevas herramientas al arsenal de la seguridad, que hasta los tiempos recientes estaba basado (como en la era de los Faraones) en armas, trampas, cerraduras, cajas fuertes, puertas blindadas y barrotes. Toda esta nueva parafernalia que la ingenuidad humana ha concebido (cajas fuertes y cerraduras “electrónicas”, sistemas de alarma computerizados y centralizados, circuitos cerrados de televisión, equipos de contra-vigilancia, etc..) son ahora los nuevos ingredientes de los programas de seguridad. Los sistemas de seguridad son cada vez más automáticos, particularmente aquellos de detección y comunicación de siniestros, y en una extensión menor, aquellos relacionados con la valoración, la decisión y la reacción. Los avances en la miniaturización se reflejan en los equipos de seguridad que cada vez son más pequeños, más baratos, más fácilmente instalados y mantenidos, y más confiables. Pero todavía, debería ser reconocido que la tecnología, aunque importante y sinérgica con la aplicación de los principios de la seguridad, no ha añadido ningún nuevo concepto a aquellos ya conocidos anteriormente. Por el contrario, parece que ha abierto nuevas vulnerabilidades y a aportado nuevas posibilidades al atacante. www.seguridadcorporativa.org

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