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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Bibliografía

 

El ejército y la Masonería

Manuel De Paz Sánchez-
Editorial: Fundación Instituto de Historia Social Año: 2004 Páginas: 442
Precio: 21 €


 

Síntesis

Hasta hace poco tiempo, era bien patente la polarización editorial en nuestro país, en libros «comerciales», destinados al mercado lector y los libros «institucionales», producidos por instituciones de diverso signo y destinados al regalo, al cultivo narcisista de la propia institución o simplemente a dormir la siesta de los justos en cualquier armario polvoriento. Hoy ya no es tan clara esa delimitación. Los caminos que conducen al mercado lector son múltiples y han roto su adscripción a las clásicas editoriales. Y se impone, cada vez más, el reto de una producción editorial que relaje la vieja servidumbre institucional y conecte con el mercado consumidor, abriendo el espectro de sus intereses temáticos y cronológicos. Esta reconversión se ha constatado claramente en el mundo de la edición de las universidades (la política editorial de la Universidad de Alicante, a este respecto, es bien significativa) y en la labor editorial de las Comunidades Autónomas e incluso en las publicaciones municipales.

En este sentido, el trabajo que realiza la Junta de Castilla y León, cuyo Servicio de Publicaciones está adscrito a la Consejería de Cultura y Turismo, merece resaltarse. El último libro que acaba de editarse es el conjunto de estudios en homenaje al profesor Teófanes Egido en dos volúmenes. Un homenaje, dicho sea de paso, con el que nos identificamos intelectual y emocionalmente todos los historiadores especialistas de Historia Moderna de cualquier pelaje ideológico, que tenemos al maestro Egido como nuestro referente científico y hasta moral, antes y después de su jubilación en el año 2002. Las casi cincuenta contribuciones de los historiadores españoles a este homenaje reflejan, de una parte, la paradójica capacidad de movilización afectiva del historiador español menos ávido de halagos y vanidades y, de otra, el rigor y la impecable factura formal de los libros que edita la Junta de Castilla y León, que algunos denominan «la fábrica García Simón» por el nombre del responsable de esta labor editorial desde hace ya un montón de años. Una labor editorial con cien títulos a sus espaldas, entre los que brillan nombres de historiadores como Julio Aróste-gui, Bartolomé Yun, Richard Kagan, Pedro Cátedra, Ángel Alcalá, Francois López, Benzon Netanyahu, Ernesto Scháfer, José Antonio Escudero, por citar sólo algunos y obras de relieve trascendental en la historiografía española. En un mundo tan pendiente del ruido mediático como el que vivimos nos parece, pues, obligado rendir tributo de reconocimiento a un trabajo editorial discreto y silencioso, pero extraordinariamente bien hecho.

Diecisiete años de vida

Como me parece también de imperativa necesidad subrayar la labor editorial que lleva a cabo la Fundación Instituto de Historia Social del Centro Francisco Tomás y Valiente de la UNED de Valencia. Aparte de editar la revista Historia Social, que ha conseguido a lo largo de sus 52 números en 17 años de vida, con una continuidad atípica en el mundo de las revistas de investigación, un prestigio incuestionable en el ámbito académico de nuestro país y fuera de nuestro país, ha ido acumulando un fondo editorial de libros espléndidos. El último es un diccionario biográfico de los militares masones en España a lo largo del siglo XX realizado por Manuel de Paz Sánchez, catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, y confeccionado a partir de las fuentes primarias del Archivo General de la Guerra Civil Española de Salamanca y la documentación de diversos Archivos Militares (el Central del Cuartel General de la Armada, el General Militar de Segovia, el de la Marina de Ciudad Real, el del Aire de Villaviciosa de Odón...).

El libro constituye un repertorio fundamental para conocer la vinculación con la masonería de los militares españoles, incluyendo entre ellos a los miembros de la Guardia Civil y los antiguos cuerpos de Seguridad y Asalto y Carabineros. De este excepcional who is who? se deduce en primer lugar que no eran masones muchos de los que han cargado con tal etiqueta con todas sus connotaciones de estigma maldito. No lo fueron, significativamente, los acusados por el diputado Cano López en su intervención parlamentaria del 15 de febreo de 1935 (los generales Castelló Santonja, Fernández Ampón...). Tampoco tienen expediente en Salamanca generales sobre los que existía aparente consenso respecto a su adscripción a la masonería, como Batet, Caridad Pita o Nouvilas Vilar, o personajes como el coronel Francesc Maciá, que fuera presidente de la Generalitat catalana. Otras figuras dentro del ejército no tienen expediente de masones simplemente porque lo intentaron y fueron rechazados o no se ultimó su expediente (tal es el caso del general Aranda).

Importante presencia

Pero la mayor aportación de Manuel de Paz es demostrar que la masonería, contra la interpretación reduccionista y estigmatizadora que el franquismo hizo de los masones, tuvo importante presencia en el ejército español, tanto entre los sublevados del 18 de julio como entre los fieles a la República. Del total de 646 masones relacionados, se adhirieron al Alzamiento 171. Hubo 6 fusilados en zona republicana y 73 en zona nacional. Masones hubo en la propia familia de Franco (su hermano Ramón) y desde luego entre los militares africanistas, con un importante número de personas que dieron su vida por la lealtad a la República (Alonso-García Domínguez, Arlandis, Balboa, Barceló, Castells, Ciutat de Miguel, Cueto, Díaz Sandino, Díaz-Tendero, Escofet, Estrada, Guarner, López-Bravo, Muntaner, Núñez, Perea, Pérez Salas, Ristori, Sastre, Seco o Tejero). Otros los hubo que pese a haber sido masones siguieron en activo en las Fuerzas Armadas de España tras la Guerra Civil (Alonso Ayustante, Carmena, Díaz Cañas, Galán, Martín-Pinillos, Muñoz, Parallé o Suárez Álvarez). Otros sirvieron a la causa franquista como quintacolumnistas o topos (Cuevas de la Peña, Palacios). Otros los hubo que pese a prestar extraordinarios servicios a la España nacional no fueron perdonados (Semper, Casariego).

En definitiva, la casuística de los alineamientos personales de los militares entre la opción republicana y la de los sublevados el 18 de julio es muy compleja y desde luego la variable de la adscripción a la masonería no determina, en ningún caso, apriorismos posicionales. La condición de masón no presuponía una opción política determinada. La conclusión de Manuel de Paz es rotunda: «No hay maniqueísmos simplistas sino complejas e imprevisibles decisiones. Los buenos y los malos... están en todas partes».

Fuente: Blanco y Negro Cultural
05/02/05

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