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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Bibliografía

 

Mi vida contra ETA

Enrique Rodríguez Galindo
Editorial: Planeta Año: 2006 Páginas: 600 ISBN: 978-84-08-05886-1
Precio: 24 €


 

Síntesis

El general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo protagonizó, a partir de 1984, unas negociaciones con ETA en las que llegó a entrevistarse con Domingo Iturbe Abásolo, «Txomin». Ésta y otras revelaciones están contenidas en el libro «Mi vida contra ETA».

«Mi vida contra ETA» del general Enrique Rodríguez Galindo, en el que narra los 16 años que dedicó al combate de la peor organización criminal que ha conocido España. La obra está repleta de revelaciones sobre la forma en la que se realizaron las principales operaciones antiterroristas desde el cuartel de Inchaurrondo, sede la Comandancia de la Guardia Civil de Guipúzcoa. Fueron precisamente Galindo y su familia de los primeros que vivieron en ese centro, que, con el paso del tiempo, se convirtió en el más temido por los pistoleros etarras y los que les apoyaban. Sin embargo, en las circunstancias por las que hoy atraviesa España, con un «proceso» negociador en marcha, uno de los capítulos que, por su interés, cobra una gran actualidad es el de las conversaciones que, con autorización del Gobierno socialista de entonces, protagonizó Galindo con representantes de la organización terrorista. Reproducimos algunos párrafos :

En enero de este año de 1984, una noche fría y húmeda, fui a inspeccionar los servicios que se prestaban en los puentes o pasos de frontera entre Francia y España en la localidad de Irún. Me acompañaba el capitán de esta unidad y, cercana la medianoche, entramos a tomar un café en un bar que hay a escasos metros del paso de Behobia. El bar en algunas de aquellas noches heladas y lluviosas tenía el gesto de invitar a los guardias a alguna bebida caliente. Se llamaba Faisán.

Dentro apenas había gente. Nos sirvieron y, al ir a pagar, el camarero me dijo que estábamos invitados por uno de los clientes. Me volví para agradecer con la mirada el detalle y tratar de corresponder y me encontré con un hombre alto, de facciones duras y gesto agradable, algo más joven que yo. La cara mostraba varias cicatrices. Avanzó unos pasos hacia nosotros y preguntó mientras sonreía:

- ¿Acepta la invitación, comandante?
Asentí mientras con la mirada trataba de averiguar quién era aquella persona. Entonces extendió la mano y se presentó:
- Juanjo Echave.
Al estrecharle la mano debió de notar algún tipo de reacción en mí porque, a renglón seguido, añadió:
- Sí, Echave Orobengoa.

En ese momento empezaron a venirme recuerdos de la vida de aquel hombre que tenía frente a mí que acababa de invitarme a café, y que un día fue el jefe de una ETA muy distinta a la de ahora, llena de capacidad letal y muy ideologizada. Eran los tiempos del Consejo de Guerra de Burgos, en las Navidades de 1970. Yo era teniente de Tráfico también en San Sebastián (...).

Varios días después recibí una llamada telefónica. Era Juanjo. Me invitaba a una copa, que acepté. La cita era en el hotel Costa Vasca, a media tarde un día de finales de enero (...). Él fue al grano. Eran los tiempos de Domingo Iturbe Abasolo, Txomin (...). Iturbe observaba el comportamiento del nuevo Gobierno desde que ganaron las elecciones de 1982, así como las ofertas que se hicieron públicas por boca del ministro Barrionuevo y quería saber si el Ejecutivo estaría interesado en conocer los planteamientos de la organización, como punto de partida de algo que pudiera ser sólido, esperanzador.

El 30 de enero envié su primera proposición que decía así:

- Retirada progresiva de las Fuerzas de Seguridad en función del despliegue de la Policía Autónoma.
- Reconocimiento del Derecho de Autodeterminación (como siempre).
- Madrid debía tener presente que el electorado de HB ha asumido la Alternativa KAS. Por lo que la bajada de presión de esta propuesta ha de hacerse a medida que se alcance algún progreso.
- Madrid debe saber que el alejamiento (o captura) de Txomin, poder moderado, podría producir un cambio de consecuencias imprevisibles, dado el carácter radical de Antxon, que quedaría en una situación muy ventajosa en ETA.
- Txomin, actualmente, tiene poder para parar ETA durante un periodo de tiempo, como gesto o primer paso, que habría de ser seguido por alguna medida aceptable del Gobierno.
- El techo electoral de HB únicamente lo sabríamos si participara en todas las instituciones.
- Txomin es partidario de modificar la tendencia de la lucha armada (los asesinatos, vamos) y seleccionar los objetivos. Le gustaría que éstos se centraran en los «jefes», aunque ello conlleve gran dificultad pero no es imposible, como puede comprobarse en Madrid (...).

Pasado el verano, me comunicó que por orden de la dirección él ya no seguiría con nuestros contactos «oficiales» y que sería sustituido por otra persona que tendría una cierta capacidad de decisión. Dos semanas más tarde vino acompañado del nuevo interlocutor, nos presentó y se ausentó (...). El nuevo contacto era un hombre mayor que yo, pequeño, de unos 60 años, inquieto y muy despierto. Quiso saber desde un principio mi identidad y grado:

- Estupendo, nos vamos a entender muy bien, porque yo también soy comandante. Comandante de gudaris que combatió no muy lejos de aquí, desde Aralar a Bilbao, en el año 1936. Además, fumamos el mismo tabaco (Ducados). Se trataba de Pello Ordoki, dirigente de ANV (Acción Nacionalista Vasca, Eusko Abertzale Ekintza).

Hubo algunas entrevistas más (...) pero ocurrió fatalmente lo que me temía, un atentado, más de uno. Y alguien dijo en Madrid aquello de «prefiero la guerra a la alternativa KAS» y en el ministerio asintieron. El contacto se cortó de forma fulminante. En las Navidades de 1985 me vi un par de veces con Pello en terreno «neutral». Fue en Andorra y con él estaba Txomin, que arriesgaba mucho al acudir al encuentro. Estaba dolorido por la ruptura a la que no encontraba justificación. Alegué los atentados y él dijo que no había ningún compromiso, ni ningún acuerdo aún (...) Estos contactos, cuya ruptura lamenté, me hicieron conocer mejor al enemigo, al que no dejé de combatir.

Al despedirnos comentó: ¿Nos volveremos a ver?
- Seguro -contesté.
Me equivoqué. La próxima vez que nos vimos él estaba muerto.

Fuente: www.larazon.es
12/11/06

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