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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Bibliografía

 

Osama de cerca

Peter Bergen-
Editorial: Debate Año: 2007 Páginas: 560 ISBN: 84-8306-703-X
Precio: 23 €


  Bryan Fyfield-Shayler recuerda cuando enseñaba inglés a Osama Bin Laden el año después de la muerte de su padre, Mohammed: «Era mi cuarto año de profesor cuando (Osama) se incorporó (en 1968, a la edad de once años). Osama estaba en un grupo de treinta estudiantes. (Se sentaba) a unos dos tercios de la distancia que había hasta la pared, en el lado de la ventana que daba al patio y los campos de deporte. ¿Por qué me acuerdo de Osama? En primer lugar, me fijaría por su apellido, por su familia, y, por supuesto, cuando uno entraba en un aula de niños de su edad, sobresalía literalmente porque era más alto que sus coetáneos y, por tanto, muy visible. Su inglés no era nada del otro mundo. No era uno de los grandes cerebros de esa clase. Por otro lado, tampoco era de los peores.
Foto:www.larazon.es
Sin embargo, eso no quiere decir necesariamente que fuera una medianía, porque estamos hablando de una de las dos mejores escuelas del país, de modo que estar en la media de la mejor clase de la mejor escuela te sitúa en realidad entre los mejores cincuenta estudiantes del país. Así pues, aunque no destacara en aquella escuela en particular, a escala nacional debía de ser uno de los mejores cincuenta estudiantes de su edad. Es de vital importancia situar a este estudiante concreto en su contexto. No empezó siendo un monstruo. Es algo que posteriormente me ha interesado mucho: ¿qué puede discernirse de la personalidad de un hombre en función de cómo era a los doce años? A veces pienso que la gente no cambia, que esas cosas se forman a una edad muy temprana. Por otro lado, ¿qué puede saberse del hombre a partir de un niño de once o doce años? (...). La muerte de su padre Fue una noticia tremenda, una noticia a escala nacional, cuando Mohammed (el padre de Osama) murió (en un accidente de avión en 1967). Recuerdo cuando recibí la noticia. Estaba en Taif cuando me enteré, y, por supuesto (Mohammed Bin Laden), había construido la carretera a Taif que parecía de Yedda y pasaba por La Meca. Corrió la noticia de que habían asesinado a Mohammed Bin Laden. Por supuesto, todo el mundo se quedó muy consternado. Y durante al menos el año siguiente, el futuro del negocio (de los Bin Laden) pendió de un hilo. Había un montón de proyectos sin completar y trabajaba de la principal constructora de Arabia Saudí, de modo que tenía una importancia crucial; en consecuencia existía mucha inquietud por las finanzas y la dirección de la compañía, y en aquel período probablemente sólo Salem (el hermano mayor de Osama) y tres o cuatro hermanos más tenían la edad suficiente para tomar las riendas». En los años que siguieron a la muerte de su padre, Salem visitó Suecia para establecer relaciones de negocios y adquirir una flota de camiones Volvo. Durante ese período llegó a familiarizarse con la localidad de Falum, conocida por su mina de hierro y un club nocturno llamado Ophelia. Christina Akerblad es la ex propietaria del hotel Astoria de Falun. Cuenta que en 1970 Salem Bin Laden y su hermano menor Osama fueron a visitarla: «(El hotel Astoria) no era más que un pequeño «bed and breakfast», (Salem y Osama) sólo venían a dormir y a desayunar con nosotros. Al otro lado de la calle había un hotel enorme; compraban allí la comida, la subían a la habitación y se quedaban en el Astoria para comer. No querían comer en el hotel más grande. No sé por qué. Tuvimos ese hotel durante 1970 y 1971, y los dos años vinieron. El primero nos visitaron los dos, Osama y su hermano mayor (Salem). Rolls-Royce y jet privado Lo que recuerdo muy bien es que llegaban en un gran Rolls-Royce y que estaba prohibido aparcar enfrente del edificio de esa calle. Pero ellos lo hacían y nosotros (mi marido y yo) les decíamos que tenían que pagar (una multa) por cada día y cada hora que el coche estuvera delante de ese hotel, pero ellos respondían: «Bah, no importa, es divertido ir a la comisaría y hablar con la policía. Nos quedaremos donde estamos». Para ellos era como una broma. Les sobraba el dinero, no sabían ni cuanto tenían. Llegaban con su propio vuelo a Copenhague, porque les pregunté cómo se las habían arreglado para llegar con aquel Rolls-Royce. Me dijeron: «Tenemos un avión que se ha quedado en Copenhague, y luego hemos ido en coche por Suecia porque queremos hacer contactos en el país». Yo les pregunté: «¿Qué tipo de contactos?». Pero no me respondieron. Se quedaron una semana. Fue en invierno de 1970. Creo que era enero, Había mucha nieve. Aquel año hizo un invierno muy frío. Llegaron como dos muchachos elegantes. Su ropa era de lo más exclusiva. Eran muy amables y tenían los ojos preciosos, lo recuerdo, sobre todo Osama. Sus ojos... sus ojos rebosaban amor. Mis hijos (Anders y Gerk) los admiraban porque iban muy bien vestidos, tenían el pelo negro y rizado y eran simpáticos. Cuando veían a nuestros hijos por el pasillo, los saludaban y jugaban con ellos. Tenían dos habitaciones dobles. Dormían en una cama y en la otra dejaban las maletas. Los domingos no tenía camarera en el hotel, de manera que me encargaba en persona de la habitación y que quedé patidifusa porque en la maleta grande tenían montones de camisas blancas carísimas de Dior e Yves Saint Laurent. Cuando habían usado una vez la camisa, la tiraban. La camarera las había recogido para lavarlas, pero ellas le dijeron: «No, sólo las usamos una vez, puede quedárselas si quiere». En la maleta más pequeña llevaban montones de joyas, para las camisas. Diamantes muy exclusivos, rubíes, esmeraldas... Era algo fantástico. Aficionado a las discotecas (Salem y Osama) nos contaron que en total eran unos setenta hermanos. Cuando nos despedimos, nos dijeron: «El año que viene les volveremos a ver y espero que nos traigamos a toda la familia con nosotros. Nos pondremos en contacto con ustedes cuando vayamos a venir». Al año siguiente regresaron. Creo que había 23 chicos (en la segunda visita)». Al año siguiente Hans Lindquist, reportero del periódico de Falun, el «Dalarnes Tidningar», recibió el encargo de elaborar un artículo sobre una gran familia de visitantes de Arabia Saudí. Lo siguiente es un extracto de su artículo publicado el 7 de septiembre de 1971: «Ayer, Salem Bin Laden visitó Falun en un viaje a través de Europa que combina los negocios y el placer. Lo acompañaban 22 miembros de su familia, compuesta por 54 hermanos. El joven jeque, de veintiséis años, aterrizó con su jet privado en el aeropuerto de Borlange, mientras que el resto de la familia llegó en coche. Ha visitado el Club Ophelia de Falun. Se dice que el joven jeque es un gran aficionado a las discotecas y que ha visitado las de Falun en diversas ocasiones en el pasado, aunque no con su familia. Al parecer, el jeque es el propietario de una gran y próspera empresa constructora en su país de origen, Arabia Saudí. En Göteborg se cuenta que sorprendió al personal de Volvo encargando una gran cantidad de camiones para su compañía. En este momento la familia viaja hacia Estocolmo, donde visitarán AB Nitro Nobel. El jet privado del jeque ha despegado rumbo a Londres». Jaled Batarfi era el vecino de al lado de Bin Laden en Yedda, cuando ambos eran pequeños. Bin Laden tenía dieciséis años, tres más que Batarfi, cuando se conocieron alrededor de 1973. Para aquellos que en Occidente hayan oído relatos erróneos sobre la inmensa fortuna de Bin Laden, hay que decir que el barrio de Musharifa, donde se criaron, es de hecho un típico vecindario de clase media de Yedda. Las casas son relativamente modestas y no tienen nada que ver con las enormes mansiones que los ricos de Yedda se han construido a lo largo de la costera Corniche, la principal carretera que bordea el mar Rojo. El barrio se encuentra detrás del hotel de cinco estrellas Mövenpick y tiene como puntos neurálgicos la recoleta mezquita en la que Batarfi y Bin Laden realizaban sus cinco plegarias diarias y un parque del tamaño de una manzana donde los dos amigos jugaban al fútbol después de clase. Batarfi me ofreció un recorrido por el distrito de Musharifa, donde ha vivido durante las últimas tres décadas y donde trabó amistad con Bin Laden. Tras su divorcio de Mohammed Bin Laden, la madre de Osama se casó con Muhammad al-Attas, vástago de una vieja familia comerciante de Yedda. La pareja sigue viviendo en el barrio de Musharifa, donde creció Osama. Cuando me enseñó el vecindario, Batarfi se cuidó de no señalarme el hogar de la madre de Bin Laden, porque me dijo que quería proteger su intimidad y la de su familia: «Cuando llegamos aquí, estaba prácticamente desierto; la mayoría de estos edificios los han construido en las últimas tres décadas. Nuestras casas fueron de las primeras del barrio. Todavía no había calles asfaltadas. La calle más cercana era al-Medina, y para llegar aquí había que conducir por caminos de tierra. Nos mudamos en 1970. Osama, su madre, su padrastro y sus hermanastros llegaron (al barrio) tres o cuatro años después. Tímido y observador Vivíamos muy cerca y, por tanto, íbamos juntos a la mezquita. Paseábamos por el vecindario para charlar o tomar té y café. Las opciones de ocio de la época eran muy limitadas. Solíamos salir de clase sobre las dos, y entonces comíamos y descansábamos un poco. Cuando el sol empezaba a ponerse alrededor de las cuatro (jugábamos al fútbol). Yo era el capitán aunque Osama fuera mayor. Como era alto solía jugar de delantero para marcar goles de cabeza. Era muy bien mandado; lo enviabas a cualquier parte y cumplía órdenes. Hay una anécdota curiosa: su hermano (hermanastro), Ahmed, vino a verme corriendo y me dijo: «Mira, van a pegar a Osama». Eché un vistazo y vi que uno de los chicos más brutos -estábamos en un barrio peligroso, jugando un partido- intentaba pegar a Osama y lo insultaba. De modo que me acerqué corriendo, alejé al tipo a empujones y resolví el problema. Osama me dijo: «Iba a arreglarlo pacíficamente». O sea que por aquel entonces yo era el tipo y Osama, el pacífico. Así era Osama por aquel entonces. Era tímido, muy observador. Sopesaba sus palabras antes de hablar. Es alguien que observa con perspicacia, que presta atención a lo que sucede. Y luego, cuando dice algo, entiendes que ha estado prestando atención a todo lo que pasaba alrededor. Le gustaban las películas de vaqueros. Una de las series que le gustaba era «Fury».(Originalmente «Fury» se emitió en la NBC de 1955 a 1960. El semental Fury también apareció en otras series y películas de televisión). Solía verla, y le gustaban las películas de karate. Bruce Lee (sobre todo). Le gustaba ir a hacer alpinismo en la zona entre Siria y Turquía. Le encantaba montar a caballo. Adoraba los caballos desde que era pequeño. Tenía una granja al sur de Yedda con veintipico caballos. Uno de ellos (se llamaba) al-Balga. Al-Balga es el nombre del caballo usado por uno de los compañeros del Profeta. Yo tenía la confianza suficiente para entrar en su dormitorio y despertarlo para la oración (justo antes del alba). Por la mañana me acercaba a su casa y llamaba a su ventana: «Osama, venga, es la hora». Lo seguí haciendo aun después de que se casara. Osama acostumbaba a rezar todas sus oraciones en la mezquita. Era un chico muy religioso, y todos los demás se comportaban como si trataran con un jeque (una personalidad religiosa). Ya se sabe los chistes que cuentan los chicos... (En presencia de Osama) nos mordíamos la lengua, no usábamos palabrotas, porque era como estar delante de un sacerdote. Uno cuida su lenguaje y su comportamiento. En pantalón corto Era un líder nato; dirige con el ejemplo y por indicios más que por órdenes directas. Se limitaba a sentar ejemplo y esperar a que los demás lo siguieran, y a veces todos lo seguíamos aunque no estuviéramos cien por cien convencidos. Recuerdo que un día me dirigía en coche a jugar al fútbol y lo vi plantado delante de su puerta, de modo que tuve que parar porque me había visto. El problema era que yo llevaba pantalones cortos (que no son estrictamente islámicos). Por eso intentaba rehuirlo, y cuando tuve que parar me vi obligado a salir y besarlo. De modo que me vio y sentí mucha vergüenza, hablé de cualquier cosa mientras pensaba qué le iba a decir si me preguntaba: «¿Y por qué llevas pantalones cortos?». Al final, cuando acabamos, se limitó a mirarme las piernas y decir «Adiós». Desde ese día dejé de llevar pantalones cortos. Así que tiene ese carisma» Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

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