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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

Impaciencia de la opinión pública


Al iniciarse la intervención militar en Irak, la opinión pública estaba mayoritariamente a favor del presidente George Bush, con un porcentaje de apoyo que nunca en la historia de la democracia estadounidiense haya gozado ninguno de sus antecesores. La tragedia de las Torres Gemelas y la identificación del enemigo de los americanos, no solo en ben Laden, sino también en Saddam Hussein, como protector de terroristas y amenaza mundial por sus armas de destrucción masiva fueron la causa de ello. Tras veintiun días de combate, en donde las bajas norteamericanas era asumibles, el estado baasista se desmoronó, de tal forma que se privó al público de una de las ceremonias que más han gustado, no sólo a la sociedad americana, sino a la internacional, la de rendición de un país, de un gobierno y de un ejército, en donde los vencidos firman las condiciones impuestas por el vencedor. Este desmoronamiento y la ausencia por tanto de un poder político, interlocutor de los vencedores de la contienda, ha sido una de las mayores calamidades que ha podido ocurrir, pudiendo decirse que es la “venganza de Saddam Hussein”, al obligar a las fuerzas de ocupación a partir totalmente de cero.
El administrador general norteamericano ha tenido que iniciar su gestión alcanzando acuerdos entre las diferentes facciones políticas, religiosas y étnicas de Irak, cuestión que no ha sido fácil, estructurando de esta forma una especie de parlamento restringido. En la actualidad se encuentra pergeñando un gobierno que se haga cargo de la adminstración general del país. Entre tanto no funcionan los distintos ministerios y la organización territorial, nombrados gobernadores ajenos a la región, incluso desconocedores del país por encontrarse durante muchos años exilados, han encontrando la oposición de la población y de los líderes religiosos, que bloqueados en su poder por el laicismo del baas de Saddam Hussein, han vuelto a resurgir con mayor preeminencia entre las gentes. Los servicios públicos esenciales, como agua, electricidad, gas, teléfonos, etc. son deficitarios y tras algo más de cien días de administración norteamericana siguen sin funcionar y lo que es más grave sin visos de solución a corto plazo. La inseguridad ciudadana es agobiante, no atreviéndose el ciudadano normal a salir a una hora determinada de su casa, llegándose incluso a cometer delitos a plena luz del día. Comienza a funcionar la policía en Bagdad, aunque sus efectivos son muy reducidos, teniéndose que apoyar en el poder de las armas americanas, que evidentemente no son aptas para el control social.

Todo lo anterior y muchas más cosas, están provocando la impaciencia de la sociedad iraquí, que aunque piensa que el régimen de Saddam Hussein debía fenecer, ahora se encuentran en una situación vital peor, porque aunque se disponga de libertad se carece de lo más elemental, viéndose además que las mafias y la corrupción se adueñan del país, desprovisto de fronteras, aranceles y policía fiscal. Los reporteros desplazados a Irak muestran una cada vez más consolidada oposición a la presencia de las tropas de ocupación, más que por la mancha a la soberanía nacional, porque no están solucionando los problemas acuciantes que aquejan a la población y al pueblo iraquí. La falta de cobertura de la televisión iraquí ha obligado a un gran número de bagdadíes a adquirir en el mercado -nunca ha estado tan bien abastecida Bagdad como en la actualidad, lo que falta es dinero-, antenas parabólicas, conociendo de esta forma lo que piensa el munudo de lo que ocurre en su país, y viendo con pesar la lucha económica entre países y las grandes multinacionales por comerse un trozo de la tarta de la reconstrucción.

Si la impaciencia de los iraquíes está a punto de colmarse, la de los norteamericanos no les va a la saga, dado que con la terminación de la guerra, creían que la ocupación militar sería cosa de poco tiempo y que los iraquíes iban a aceptar con cariño fraternal la ayuda de los demócratas americanos, comprobando que día a día uno o dos muertos pasan a engrosar la lista de los fallecidos.

Además la intervención militar se basó en un hecho, hoy cuestionado, la existencia de armas de destrucción masiva por parte del gobierno baasista, cuando se tenía que haber basado en la acusación de crímenes contra la humanidad por parte de Saddam Hussein y su régimen, que tras la guerra del Golfo de 1991, ordenó el asesinato de más de trescientos mil chiítas y otros tanto kurdos. La ausencia de esta armas y el rosario de muertos está provocando también que la impaciencia de los norteamericanos esté llegando al límite, que la campaña presidencial que se avecina puede puede ser un detonante.

La opinión pública es imprescindible tenerla en cuenta, el político debe saber que nunca puede pretender engañarla o manipularla, porque a la postre la población conocerá la verdad. Sirvan estos indicios de impaciencia, de indicadores para las autoridades españolas sobre lo que puede ocurrir si nuestra intervención militar se alarga y las expectativas no son como las que nos han pintado.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Asesor de Planificación Estrátegica
BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

 


Fuente: Rafael Vidal
Fecha: 11.08.03

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